DICCIONARIO MÉDICO
Mesalazina
La mesalazina es un aminosalicilato con actividad antiinflamatoria sobre la mucosa del intestino grueso. Corresponde químicamente al ácido 5-aminosalicílico, abreviado como 5-ASA, y constituye el aminosalicilato de referencia en la colitis ulcerosa. Su rasgo distintivo dentro de los antiinflamatorios es que actúa por contacto con el epitelio enfermo y no a través de la sangre: lo que pasa a la circulación se pierde para el efecto buscado. En la clasificación ATC le corresponde el código A07EC02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Desde el punto de vista químico, la mesalazina es el ácido 5-amino-2-hidroxibenzoico: la misma estructura del ácido salicílico con un grupo amino añadido en la posición 5 del anillo. Ese pequeño añadido explica buena parte de su comportamiento, porque desplaza a la molécula fuera del territorio de los salicilatos analgésicos. La denominación común internacional europea es mesalazina; en la nomenclatura estadounidense la misma sustancia figura como mesalamina, y en la literatura científica aparece casi siempre abreviada como 5-ASA. Se administra por vía oral y por vía rectal, y en ambos casos la fracción que alcanza la circulación general es minoritaria: en torno al 20 % a 30 % con las presentaciones orales y entre el 10 % y el 35 % con las rectales. Esa biodisponibilidad baja no es un defecto que se intente corregir, sino la condición misma del fármaco. La mesalazina que atraviesa la pared intestinal se acetila con rapidez en la propia mucosa y en el hígado, y da lugar a un metabolito, el ácido N-acetil-5-aminosalicílico, que carece de actividad farmacológica. En 1938, la reumatóloga sueca Nanna Svartz sintetizó la sulfasalazina, primer compuesto que ofreció una posibilidad terapéutica real en la colitis ulcerosa. La molécula era doble: un fragmento de 5-ASA unido a una sulfamida, la sulfapiridina, mediante un enlace azoico. Durante décadas se ignoró cuál de las dos mitades hacía el trabajo. La microbiota del colon rompe ese enlace y libera los dos fragmentos por separado, de manera que ambos candidatos llegaban al tejido inflamado. La respuesta llegó en 1977, cuando Azad Khan, Piris y Truelove publicaron en The Lancet un experimento sencillo y concluyente: administraron por vía rectal, de forma ciega, sulfasalazina completa, sulfapiridina sola y 5-ASA solo. El 5-ASA reproducía el efecto; la sulfapiridina, no. Quedaba así identificado el componente terapéutico y relegada la sulfamida a la condición de mero transportador, además de responsable de buena parte de la mala tolerancia de la molécula original. De ahí arranca el desarrollo de preparados con 5-ASA libre. Otra vía distinta fue la olsalazina (A07EC03), que une dos moléculas de 5-ASA por un enlace azoico y prescinde por completo de la sulfamida. El mecanismo por el que la mesalazina reduce la inflamación intestinal no está establecido por completo, y las fichas técnicas lo reconocen abiertamente. Se le atribuyen varias acciones concurrentes. Inhibe la ciclooxigenasa y la lipooxigenasa, con la consiguiente caída de prostaglandinas y de leucotrienos en la mucosa; frena la migración de neutrófilos y macrófagos hacia el tejido lesionado; y capta radicales libres de oxígeno, comportándose como un antioxidante biológico. A esa lista clásica se ha sumado en las últimas dos décadas una explicación de orden genómico. El 5-ASA se une al receptor gamma activado por proliferadores de peroxisomas (PPAR-γ), un receptor nuclear que regula genes implicados en la inflamación, la proliferación celular y la apoptosis, y que las células epiteliales del colon expresan en cantidades muy altas. Lo curioso del caso es que esa expresión parece estimulada en parte por las propias bacterias intestinales. El fármaco interfiere además con la activación del factor NF-κB, uno de los interruptores maestros de la respuesta inflamatoria. Todo esto ocurre en el lado luminal del epitelio. La concentración de 5-ASA medida en la mucosa guarda relación inversa con la intensidad de la inflamación, un hallazgo que refuerza la idea de acción por contacto y que orienta el diseño de las presentaciones. Si se administrara 5-ASA sin protección alguna, el intestino delgado proximal lo absorbería casi por completo y apenas quedaría nada para el colon. Resolver ese problema de transporte ha ocupado a la galénica durante cuarenta años, con tres estrategias distintas. La primera recurre al profármaco: la molécula viaja unida a otra por un enlace azoico que solo las bacterias colónicas son capaces de romper. La segunda emplea cubiertas sensibles al pH, que se disuelven cuando el contenido intestinal se alcaliniza al final del íleon. La tercera reparte el principio activo en microgránulos de etilcelulosa que lo van cediendo de forma gradual a lo largo de todo el tubo digestivo. Cuando la inflamación se limita al tramo distal, el camino corto es la vía rectal. Los supositorios depositan el fármaco en el recto; las espumas y los enemas alcanzan además el colon sigmoide y, según el volumen administrado, tramos algo más altos. Conviene recordar un detalle práctico que sorprende a quien lo descubre por primera vez: los preparados rectales de mesalazina manchan de forma persistente la ropa y numerosas superficies. Sí. Es la misma molécula con dos nombres oficiales distintos: mesalazina en la denominación común internacional y mesalamina en la nomenclatura estadounidense. El acrónimo 5-ASA designa también a esa sustancia. Comparte con ellos el parentesco químico y una parte del mecanismo, ya que los AINE también actúan sobre la ciclooxigenasa. Ahí se acaban los parecidos. El ácido acetilsalicílico y los demás antiinflamatorios clásicos se toman para que pasen a la sangre y ejerzan su efecto a distancia; la mesalazina se administra precisamente para que no lo haga. Su lugar de trabajo es la superficie del epitelio intestinal, y la porción absorbida queda inactivada por acetilación antes de poder hacer nada relevante. Por eso el criterio con el que se juzga una presentación de mesalazina no es la rapidez con que alcanza el plasma, sino la concentración que consigue en la pared del intestino. De la familia de los salicilatos, y esa sí tiene una historia botánica larga. El ácido salicílico debe su nombre al latín salix, sauce, del árbol de cuya corteza aisló Johann Andreas Buchner en 1828 un glucósido amargo bautizado como salicina; diez años después, el químico italiano Raffaele Piria lo transformó en el ácido que hoy conocemos. La mesalazina, en cambio, no procede del griego ni del latín médico: es una denominación común internacional construida por convenio, y solo conserva de aquel origen la raíz de los salicilatos. Si desea ampliar información sobre la mesalazina y los conceptos que la rodean, puede consultar:Qué es la mesalazina
Origen: el componente activo de la sulfasalazina
Acción sobre la mucosa intestinal
Formulaciones y liberación en el tramo afectado
Preguntas frecuentes
¿Mesalazina y mesalamina son lo mismo?
¿Se parece la mesalazina a los antiinflamatorios habituales?
¿De dónde procede el nombre?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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