DICCIONARIO MÉDICO
Sulfamidas
Las sulfamidas son un grupo de fármacos que comparten una misma unidad química, el grupo sulfonamida, aunque pertenecen a familias terapéuticas muy distintas. La rama más conocida es la de los antibióticos, con la sulfanilamida como molécula fundadora, pero el mismo grupo aparece también en diuréticos, antidiabéticos y otros medicamentos sin ninguna acción antibacteriana. Químicamente, una sulfamida es cualquier molécula que contiene el grupo sulfonamida (un átomo de azufre unido a dos de oxígeno y a un nitrógeno) enlazado a un anillo aromático. Lo que separa a unas sulfamidas de otras es qué grupos se han añadido sobre ese nitrógeno y sobre el resto de la molécula. En las antibacterianas queda libre un grupo amino en una posición concreta del anillo, la que imita al ácido paraaminobenzoico que necesitan las bacterias para fabricar folato. Cuando ese grupo amino no está libre, o directamente no existe, la molécula pierde el efecto antibiótico pero conserva el grupo sulfonamida, y con él, buena parte de las propiedades físico-químicas de la familia. Esa distinción tiene nombre en farmacología: sulfamidas aromáticas, las antibacterianas propiamente dichas, y sulfamidas no aromáticas, el resto. La palabra española sulfamida y el término sulfonamida se usan como sinónimos. La sulfanilamida, el compuesto del que derivan todas las demás, la sintetizó en 1908 el químico austriaco Paul Gelmo como parte de su tesis doctoral en Viena, sin ninguna intención médica. Bayer patentó la molécula en 1909, pero nadie exploró entonces su posible uso contra infecciones. Eso cambió más de dos décadas después. En 1932, un equipo de Bayer dirigido por Gerhard Domagk descubrió que un colorante rojo, el Prontosil, protegía a ratones de infecciones estreptocócicas mortales. Domagk retrasó la publicación hasta 1935. Ese mismo año, un equipo del Instituto Pasteur de París, con Daniel Bovet, Jacques y Thérèse Tréfouël y Federico Nitti, descubrió que el Prontosil no era activo por sí mismo: el organismo lo descompone y libera sulfanilamida, y es esta la que realmente actúa contra la bacteria. El hallazgo tuvo una consecuencia comercial inmediata. La patente de Gelmo sobre la sulfanilamida, de 1909, ya había expirado. Cualquier laboratorio podía fabricarla sin pagar regalías a nadie, así que la carrera se trasladó a encontrar variantes químicas nuevas, y esas sí patentables. De ahí la avalancha de sulfamidas distintas que se sintetizaron en apenas un lustro. Además de los antibióticos, como el sulfametoxazol, el grupo sulfonamida aparece en varias familias de medicamentos sin relación con las infecciones. Los diuréticos tiazídicos y los de asa lo incorporan en su estructura. Los inhibidores de la anhidrasa carbónica, como la acetazolamida, también. Y las sulfonilureas, empleadas en la diabetes tipo 2, comparten el mismo origen químico pese a que su efecto no tiene nada que ver con las bacterias. Hoy, la parte antibacteriana de la familia ha perdido buena parte del protagonismo que tuvo entre los años treinta y cincuenta del siglo pasado. La resistencia bacteriana y la llegada de antibióticos con mejor perfil la relegaron a usos concretos: la combinación con trimetoprim, algunas presentaciones tópicas y oftálmicas, y un papel todavía relevante en veterinaria. En 1937, un laboratorio estadounidense lanzó un jarabe de sulfanilamida disuelto en dietilenglicol, un disolvente tóxico que nadie había probado en animales antes de comercializarlo. Murieron más de cien personas, muchas de ellas niños. El problema no era la sulfanilamida, sino el disolvente. El episodio precipitó la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos de 1938 en Estados Unidos, que por primera vez exigió pruebas de seguridad antes de la comercialización de un medicamento. Sí. Sulfamida es el término tradicional en español; sulfonamida, un calco directo del inglés cada vez más frecuente en la bibliografía. Ambos designan el mismo grupo químico y la misma familia de fármacos. No, salvo excepciones puntuales. Fueron la primera gran familia de antibióticos sistémicos, pero la resistencia bacteriana acumulada durante décadas y la aparición de alternativas más seguras las desplazaron a un papel secundario ya en los años cincuenta. Muchas fichas técnicas de fármacos como la acetazolamida advierten de una posible reacción cruzada con las sulfamidas antibacterianas, y por eso figuran como contraindicados en caso de alergia previa. Sin embargo, las revisiones farmacológicas más recientes señalan que esa reactividad cruzada entre sulfamidas aromáticas y no aromáticas es mucho menos frecuente de lo que sugiere ese aviso genérico, precisamente porque ambos grupos difieren en la parte de la molécula responsable de la sensibilización. La cuestión no está cerrada del todo, y las fichas técnicas siguen sin reflejar ese matiz.Qué son las sulfamidas
De un tinte industrial a la primera familia de antibióticos
Familias terapéuticas que comparten el grupo sulfonamida
El desastre del elixir de sulfanilamida
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo sulfamida que sulfonamida?
¿Siguen siendo antibióticos de primera elección?
¿Hay que evitar los diuréticos si se es alérgico a un antibiótico sulfamida?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026