DICCIONARIO MÉDICO
Conjuntivitis
La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva, la membrana mucosa que tapiza los párpados por dentro y cubre la parte blanca del ojo. Constituye uno de los motivos de consulta oftalmológica más habituales tanto en niños como en adultos, y puede obedecer a causas infecciosas, alérgicas o irritativas. El término se forma a partir del sustantivo latino coniunctiva (la membrana que "une" el párpado con el globo ocular, del verbo coniungere) y el sufijo griego -itis (ἶτις), que en el vocabulario médico designa inflamación. Su uso clínico se consolida en la literatura médica europea a partir del siglo XVIII, cuando la nosología oftalmológica comienza a separar las distintas formas de inflamación ocular que hasta entonces se agrupaban bajo el término genérico de oftalmía. Cuando la conjuntiva se inflama, los vasos sanguíneos que la recorren se dilatan y se vuelven visibles a través de la membrana transparente. El resultado es el ojo rojo, el signo más reconocible de la conjuntivitis, acompañado con frecuencia de secreción ocular, sensación de cuerpo extraño o picor. El tipo de secreción aporta una primera orientación sobre la causa: acuosa en las formas víricas, mucopurulenta en las bacterianas, mucosa y filante en las alérgicas. La conjuntiva está expuesta de forma permanente al medio exterior. Polvo, microorganismos, alérgenos aerotransportados y sustancias químicas entran en contacto con ella en cada parpadeo. En condiciones normales, la película lagrimal y el tejido linfoide asociado a la mucosa ocular mantienen un equilibrio que neutraliza la mayoría de estos agentes sin que se produzca inflamación clínica. Ese equilibrio se rompe cuando el agente agresor supera la capacidad defensiva local. Un virus que alcanza las células epiteliales conjuntivales desencadena una respuesta inmunitaria con infiltración linfocitaria; una bacteria provoca la migración masiva de neutrófilos, que generan el exudado purulento; un alérgeno activa la degranulación de mastocitos y la liberación de histamina, responsable del picor intenso. Cada mecanismo deja su huella en la superficie conjuntival, y es lo que permite distinguir, ya en la exploración con lámpara de hendidura, si predominan los folículos linfoides (respuesta vírica o clamidial), las papilas (respuesta alérgica) o la secreción purulenta franca (respuesta bacteriana). La clasificación más utilizada en la práctica clínica combina dos ejes: la etiología y el curso temporal. Según la causa, se distinguen tres grandes grupos. Las conjuntivitis víricas representan la forma más frecuente y son producidas, en la mayoría de los casos, por adenovirus. Son muy contagiosas y cursan con secreción acuosa y, a menudo, adenopatía preauricular. Las conjuntivitis bacterianas se caracterizan por una secreción purulenta amarillenta o verdosa, producida sobre todo por Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae. Dentro de este grupo, la conjuntivitis gonocócica merece mención aparte por su agresividad y el riesgo de perforación corneal. Las conjuntivitis alérgicas se desencadenan por la exposición a alérgenos como el polen, los ácaros o la caspa animal, y cursan con picor bilateral y secreción mucosa. Según el curso temporal, se habla de conjuntivitis aguda cuando la inflamación se instaura en días y se resuelve en un plazo de semanas, y de conjuntivitis crónica cuando persiste más allá de cuatro semanas. Un tercer criterio, el patrón de reacción tisular, permite reconocer formas con nombre propio: folicular, papilar gigante, membranosa o flictenular, entre otras. La conjuntivitis infecciosa puede aparecer a cualquier edad, pero es especialmente común en la infancia, donde el contacto estrecho en guarderías y colegios facilita la transmisión. Los brotes de conjuntivitis epidémica por adenovirus en comunidades cerradas son un ejemplo clásico. Los recién nacidos constituyen un grupo de riesgo particular. La conjuntivitis neonatal (u oftalmía del recién nacido) puede ser causada por Neisseria gonorrhoeae o Chlamydia trachomatis adquiridas durante el paso por el canal del parto, y su gravedad justifica la profilaxis ocular sistemática que se practica desde que Credé la introdujo en 1881. Las formas alérgicas afectan sobre todo a personas con terreno atópico. La conjuntivitis vernal predomina en varones prepúberes de climas cálidos, mientras que la conjuntivitis atópica aparece en adultos jóvenes con dermatitis atópica concomitante. Las formas estacionales ligadas al polen son las más prevalentes en la población general. No todo ojo rojo es conjuntivitis. La queratitis (inflamación de la córnea) cursa con dolor ocular franco y pérdida de agudeza visual, dos signos que en la conjuntivitis simple no suelen estar presentes o son leves. Cuando la inflamación afecta simultáneamente a la conjuntiva y a la córnea, se habla de queratoconjuntivitis. La uveítis anterior produce un enrojecimiento periquerático (alrededor de la córnea, no difuso) con dolor profundo y miosis. La escleritis, a su vez, provoca un dolor intenso y localizado que puede irradiarse a la frente. En ambos casos la agudeza visual suele estar comprometida, algo que en la mayoría de las conjuntivitis no complicadas no sucede. Combina el sustantivo latino coniunctiva (de coniungere, unir) con el sufijo griego -itis (inflamación). El nombre refleja literalmente lo que ocurre: una inflamación de la membrana que une el párpado al globo ocular. No necesariamente. El ojo rojo es un signo compartido por varias afecciones oculares: conjuntivitis, queratitis, uveítis, escleritis, glaucoma agudo o hemorragia subconjuntival. La conjuntivitis es solo la más frecuente de todas ellas. Cuando el ojo rojo se acompaña de dolor intenso o de disminución de la visión, conviene descartar causas distintas de la conjuntivitis. No. Las víricas y las bacterianas sí se transmiten con facilidad de persona a persona, especialmente por contacto con las manos o con objetos contaminados. Las alérgicas y las irritativas no son contagiosas, porque obedecen a una reacción individual frente a un alérgeno o a un agente físico o químico. Depende. La mayoría de las conjuntivitis no complicadas no dejan secuelas visuales. Sin embargo, algunas formas graves (la gonocócica, por ejemplo, o ciertas queratoconjuntivitis víricas que producen opacidades corneales) pueden comprometer la agudeza visual si no se manejan adecuadamente. Consulte también la información clínica completa sobre las enfermedades de la conjuntiva Si busca información sobre síntomas, diagnóstico y tratamiento de la conjuntivitis, puede consultar la ficha de enfermedades de la conjuntiva elaborada por el Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en los distintos tipos de conjuntivitis y en conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conjuntivitis
Mecanismo de la inflamación conjuntival
Clasificación de la conjuntivitis
Epidemiología y grupos de riesgo
Diferenciación con otras causas de ojo rojo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "conjuntivitis"?
¿Es lo mismo conjuntivitis que "ojo rojo"?
¿Todas las conjuntivitis son contagiosas?
¿La conjuntivitis puede afectar a la visión?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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