DICCIONARIO MÉDICO
Conjuntiva
La conjuntiva es una membrana mucosa, delgada y transparente, que recubre la cara interna de los párpados y se extiende sobre la porción anterior del globo ocular hasta el borde de la córnea. Participa en la protección de la superficie ocular, la lubricación del ojo y la defensa inmunitaria local. El término procede del latín medieval membrana coniunctiva, derivado del verbo coniungere (unir, enlazar). Se llamó así porque esta membrana une la cara posterior de los párpados con la superficie del globo ocular, formando un saco cerrado que solo se abre a través de la hendidura palpebral. La denominación aparece ya en textos médicos del latín medieval y pasó al castellano sin apenas modificación. Se trata de un tejido mucoso translúcido, muy vascularizado, que cubre toda la esclera visible (la parte blanca del ojo) y tapiza el interior de ambos párpados. En condiciones normales apenas se percibe a simple vista. Solo cuando se inflama o irrita, los pequeños vasos sanguíneos que la recorren se dilatan y el ojo adquiere el aspecto rojizo que popularmente se conoce como "ojo rojo". La conjuntiva forma una sola lámina continua, pero los anatomistas la dividen en tres regiones según la estructura a la que se adhiere. La conjuntiva palpebral (o tarsal) reviste firmemente la cara interna de los párpados superior e inferior, donde está unida al tarso. Su superficie es lisa y presenta un epitelio estratificado con abundantes células caliciformes productoras de mucina. En los extremos de los párpados, la membrana se repliega sobre sí misma y forma los fondos de saco o fórnices conjuntivales, que son los recesos más profundos del saco conjuntival. Aquí el tejido es más laxo, con pliegues que permiten la movilidad del ojo en todas las direcciones de la mirada. Los fórnices alojan las desembocaduras de las glándulas lagrimales accesorias de Krause y de Wolfring, que contribuyen a la secreción basal de lágrima. Desde los fórnices, la membrana se extiende sobre la esclera como conjuntiva bulbar. Esta porción es más delgada y transparente que la palpebral y está unida de forma laxa a la cápsula de Tenon que envuelve el globo. Solo en el limbo esclerocorneal la unión se vuelve firme: allí el epitelio conjuntival se fusiona con el epitelio corneal. La córnea, por tanto, queda fuera del territorio conjuntival. En el ángulo interno del ojo se distinguen dos formaciones propias: el pliegue semilunar (vestigio de la membrana nictitante de otros vertebrados) y la carúncula lagrimal, un pequeño nódulo de tejido modificado que contiene glándulas sebáceas y folículos pilosos. La primera y más evidente es la mecánica. Al crear una superficie húmeda y resbaladiza, la conjuntiva permite que los párpados se deslicen sobre el globo ocular durante el parpadeo sin provocar fricción ni erosión. Los pliegues de los fórnices garantizan que el ojo pueda girar libremente sin que la membrana se tense en exceso. Interviene también en la formación de la película lagrimal. Las células caliciformes dispersas por todo el epitelio conjuntival secretan mucinas que constituyen la capa más interna de la lágrima, la que hace que esta se adhiera a la superficie del ojo. Cuando estas células disminuyen (por cicatrización, quemaduras químicas o enfermedades autoinmunes), la lágrima se desestabiliza y aparece una sequedad ocular persistente. Existe además un componente inmunitario nada desdeñable. El estroma conjuntival contiene tejido linfoide asociado a la mucosa ocular (MALT, del inglés mucosa-associated lymphoid tissue), con linfocitos, células plasmáticas y folículos linfoides que organizan la respuesta defensiva frente a microorganismos. Es este mismo tejido linfoide el que, cuando se activa de forma excesiva o ante determinados patógenos, da lugar a los patrones foliculares o papilares que caracterizan distintas formas de conjuntivitis. Del latín medieval membrana coniunctiva, porque une (del verbo coniungere) los párpados con el globo ocular. El término se documenta en textos médicos medievales y llegó al castellano prácticamente sin cambio. No. La conjuntiva bulbar se detiene en el limbo esclerocorneal, donde el epitelio conjuntival se funde con el epitelio corneal. La córnea posee su propio epitelio, distinto del conjuntival. Porque la conjuntiva contiene una red densa de vasos sanguíneos de pequeño calibre. Cuando se produce una inflamación, esos vasos se dilatan y se hacen visibles a través de la membrana transparente, dando al ojo el aspecto enrojecido típico de la conjuntivitis. Si un vaso se rompe sin inflamación, la sangre queda atrapada bajo la conjuntiva y se forma una mancha roja localizada que recibe el nombre de hemorragia subconjuntival. Las células caliciformes del epitelio conjuntival producen la capa de mucina que permite que la película lagrimal se adhiera a la superficie ocular. Sin esa capa de mucina la lágrima resbalaría y no cubriría el ojo de manera uniforme, un problema que se observa en enfermedades como la queratoconjuntivitis seca. Si desea profundizar en conceptos asociados a la conjuntiva, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conjuntiva
Porciones anatómicas
Funciones de la membrana conjuntival
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "conjuntiva"?
¿La conjuntiva cubre también la córnea?
¿Por qué el ojo se pone rojo cuando la conjuntiva se inflama?
¿Qué relación tiene la conjuntiva con la lágrima?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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