DICCIONARIO MÉDICO

Pinguécula

La pingüécula es una lesión benigna de la conjuntiva, el tejido transparente que recubre la parte blanca del ojo, que aparece como un pequeño relieve amarillento junto a la córnea, casi siempre en el lado nasal. Se debe a la degeneración del colágeno conjuntival por la exposición acumulada a la radiación ultravioleta, el viento y el polvo a lo largo de los años, y es la alteración degenerativa más frecuente de la superficie ocular en la población adulta. Suele confundirse con el pterigión, una lesión distinta que sí puede invadir la córnea; la pingüécula, en cambio, permanece siempre fuera de ese límite. No es un tumor ni una neoplasia, sino una degeneración del tejido conjuntival.

Qué es la pingüécula

El término pingüécula procede del latín pinguicula, diminutivo de pinguis (graso, mantecoso). La misma raíz dio en español la palabra pingüe, que el Diccionario de la lengua española recoge con el sentido de craso o mantecoso. El diminutivo alude directamente al aspecto de la lesión: una pequeña masa de apariencia grasienta y amarillenta, aunque histológicamente no contenga grasa real. El Oxford English Dictionary sitúa el primer uso documentado del término hacia 1850, si bien la lesión venía describiéndose antes con otros nombres.

Desde el punto de vista anatómico, la pingüécula se localiza en la conjuntiva bulbar, la porción que recubre la esclerótica visible cuando el ojo está abierto, junto al limbo, la línea de unión entre la córnea y la esclerótica. No se trata de una neoplasia: es una degeneración del estroma conjuntival, con alteración de las fibras de colágeno y adelgazamiento del epitelio que las recubre.

Por qué se forma

La causa exacta no se conoce con precisión. El mecanismo mejor documentado es la llamada elastosis actínica: la exposición crónica a la radiación ultravioleta estimula a los fibroblastos conjuntivales para que produzcan fibras de elastina anómalas, más retorcidas de lo habitual. Esas fibras alteradas terminan degradando el colágeno normal del estroma y sustituyéndolo por un material elástico desorganizado, que es lo que da a la lesión su aspecto y su consistencia característicos. El viento, el polvo ambiental y la soldadura por arco eléctrico se han identificado también como factores de riesgo ocupacionales.

Casi siempre aparece en el lado nasal del ojo, con menor frecuencia en el temporal. Una explicación propuesta es que la córnea actúa, en cierto modo, como una lente: concentra hacia el lado nasal parte de la radiación ultravioleta que entra oblicuamente desde el lado temporal, de manera que esa zona de la conjuntiva acumula, con los años, una dosis de radiación mayor que la opuesta.

Diferenciación con el pterigión y otras lesiones conjuntivales

La pingüécula y el pterigión comparten origen actínico y afectan a la misma región del ojo, lo que explica que se confundan con frecuencia fuera del ámbito oftalmológico. La frontera entre ambas es, sin embargo, precisa: la pingüécula no sobrepasa nunca el limbo corneal, mientras que el pterigión es una proliferación fibrovascular en forma de cuña que sí invade la córnea y puede alterar la visión si progresa lo suficiente.

La relación entre ambas lesiones no está del todo resuelta en la literatura médica. Algunas fuentes describen que, cuando una pingüécula crece y termina cruzando el limbo, pasa entonces a denominarse pterigión; otras prefieren tratarlas como entidades separadas que simplemente comparten desencadenante. Esa aparente contradicción refleja un debate abierto más que un error de redacción. Existe además una variante inflamatoria, la pingueculitis, en la que la lesión se enrojece de forma aguda sin que por ello aparezca una lesión distinta de la original.

Frecuencia

Un estudio realizado en la comarca gallega de O Salnés, con examen oftalmológico a más de 600 personas mayores de 40 años, encontró una prevalencia de pingüécula del 47,9%, frente a solo un 5,9% de pterigión. La diferencia es notable. La proporción aumenta con la edad y es mayor en hombres (56,4%) que en mujeres (42,7%). El consumo de alcohol y la actividad laboral al aire libre se asociaron de forma independiente con un mayor riesgo, tras ajustar por edad y sexo.

Un dato curioso: un estudio realizado en Jordania no encontró relación alguna entre la diabetes mellitus y la aparición de pingüécula, pese a que trabajos previos habían sugerido lo contrario. No hubo asociación. El único factor que se confirmó como relevante en esa muestra fue, de nuevo, la actividad laboral al aire libre.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra pingüécula?

Del latín pinguicula, diminutivo de pinguis (grasoso). El nombre alude al aspecto amarillento y algo aceitoso de la lesión, no a que esté compuesta realmente de grasa.

¿Es lo mismo que un pterigión?

No. La pingüécula se queda siempre en la conjuntiva, sin cruzar el limbo corneal. El pterigión, en cambio, es una proliferación fibrovascular que sí avanza sobre la córnea y puede llegar a distorsionar la visión si su crecimiento no se controla. Las dos lesiones comparten el mismo desencadenante ambiental, la radiación ultravioleta acumulada, pero se consideran entidades separadas en la mayoría de las clasificaciones oftalmológicas actuales.

¿Puede convertirse en pterigión?

La cuestión divide a las fuentes. Algunas describen casos en los que una pingüécula avanza hasta cruzar el limbo y pasa entonces a denominarse pterigión; otras prefieren tratarlas como dos procesos paralelos que simplemente comparten causa. Lo que sí está establecido es que ambas comparten factores de riesgo, de modo que quien desarrolla una tiene una probabilidad algo mayor de presentar también la otra.

¿Por qué aparece casi siempre en el lado nasal?

Porque la córnea concentra hacia esa zona parte de la radiación ultravioleta que llega desde el lado opuesto del ojo, actuando de forma parecida a como lo haría una lente. El resultado es que la conjuntiva nasal acumula, con los años, una dosis de radiación mayor que la temporal.

¿Es muy frecuente la pingüécula?

Sí, y bastante más de lo que suele pensarse. Un estudio realizado en Galicia sobre más de 600 personas mayores de 40 años encontró pingüécula en el 47,9% de los participantes, con una prevalencia claramente mayor en hombres que en mujeres. Para poner esa cifra en perspectiva, la misma investigación halló pterigión en apenas el 5,9% de la muestra. La actividad laboral al aire libre y el consumo de alcohol aparecieron como los dos factores más asociados al riesgo, incluso después de ajustar por edad y sexo. Estos datos convierten a la pingüécula en la degeneración conjuntival más común entre la población adulta española.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NIH). Pingüécula. MedlinePlus enciclopedia médica.
  2. Viso E, Gude F, Rodríguez-Ares MT. Prevalence of pinguecula and pterygium in a general population in Spain. Eye. 2011;25:350-357.
  3. Somnath A, Tripathy K. Pinguecula. StatPearls, NCBI Bookshelf, National Library of Medicine (NIH).
  4. Real Academia Española. Pingüe. Diccionario de la lengua española.

Entradas relacionadas

  • Pterigión: crecimiento fibrovascular de la conjuntiva que invade la córnea.
  • Conjuntiva: membrana transparente que recubre la esclerótica y tapiza la cara interna de los párpados.
  • Córnea: capa transparente que cubre la porción anterior del ojo por delante del iris.

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