DICCIONARIO MÉDICO
Conjuntivitis epidémica
La conjuntivitis epidémica (o queratoconjuntivitis epidémica) es una forma de conjuntivitis vírica causada por adenovirus, caracterizada por su elevada contagiosidad y su tendencia a producir brotes en comunidades cerradas. Los serotipos más frecuentemente implicados son el 8, el 19 y el 37. El adjetivo epidémica procede del griego ἐπιδημία (epidēmía), formado por ἐπί (epí, sobre) y δῆμος (dēmos, pueblo), y señala la capacidad de esta infección para propagarse rápidamente dentro de una población. No se refiere a una gravedad intrínseca del cuadro ocular, sino a su patrón de transmisión: un solo caso puede desencadenar decenas o cientos de contagios en centros sanitarios, residencias, cuarteles o escuelas. Dentro del espectro de las infecciones oculares por adenovirus existen tres presentaciones clínicas principales: la conjuntivitis folicular inespecífica, la fiebre faringoconjuntival (serotipos 3, 4 y 7, con afectación faríngea y fiebre) y la queratoconjuntivitis epidémica propiamente dicha. Esta última es la más grave de las tres porque añade afectación corneal y tiene mayor potencial de brote nosocomial. Los serotipos clásicamente asociados a la queratoconjuntivitis epidémica son el 8, el 19 y el 37. En las últimas décadas se han descrito brotes causados también por los serotipos 53, 54 y 56, que han emergido en Asia y se han extendido a otras regiones. La prevalencia de anticuerpos neutralizantes frente al serotipo 8 en la población general es inferior al 5 %, lo que explica la facilidad con la que se propaga cuando se introduce en una comunidad. La transmisión es directa (mano-ojo, secreciones respiratorias) o indirecta (instrumental oftalmológico, soluciones oculares contaminadas, superficies). Los adenovirus son resistentes a la desecación y a muchos desinfectantes de uso doméstico, lo que les permite sobrevivir en fómites durante semanas. Esa resistencia ambiental, combinada con un periodo de excreción viral que puede prolongarse hasta 14 días tras el inicio de los signos, convierte cada caso en una fuente sostenida de contagio. La secuela más característica de la queratoconjuntivitis epidémica son las opacidades subepiteliales corneales, pequeños infiltrados numulares de 0,5 a 1 mm de diámetro que aparecen entre una y tres semanas después del inicio del cuadro. Son depósitos de complejos inmunes en el estroma anterior y no representan una infección activa. Sin embargo, pueden persistir meses o incluso dos años y, mientras estén presentes, producen visión borrosa, halos alrededor de las luces y deslumbramiento. La presencia de estas opacidades no es constante. Algunos pacientes las desarrollan y otros no, sin que se conozca con precisión qué factores determinan esa variabilidad. Lo que sí se sabe es que la respuesta inmunitaria del huésped desempeña un papel más importante que la carga viral en su aparición. Los brotes nosocomiales de queratoconjuntivitis epidémica constituyen un problema reconocido en los servicios de oftalmología. La cadena de transmisión habitual comienza con un paciente que acude a consulta con una conjuntivitis aparentemente banal; el tonómetro, la lámpara de hendidura o las manos del explorador transportan el virus al siguiente paciente. Un brote documentado en una unidad de cuidados intensivos neonatales de Madrid en 2002 afectó a 43 personas, entre ellas 24 profesionales del propio servicio. Fuera del medio hospitalario, los brotes se han descrito en cuarteles militares, campamentos, piscinas públicas e instituciones residenciales para personas mayores. En Asia, la enfermedad mantiene un carácter endémico con picos estacionales. La conjuntivitis vírica general, cubierta en su propia entrada del diccionario, puede estar causada por múltiples serotipos de adenovirus y también por enterovirus o virus herpes. Lo que distingue a la forma epidémica es la combinación de tres rasgos: la afectación corneal (queratitis con opacidades subepiteliales), la contagiosidad extrema que favorece brotes y la asociación preferente con los serotipos 8, 19 y 37. Una conjuntivitis adenovírica que no produce queratitis ni genera agrupación de casos no se clasifica como queratoconjuntivitis epidémica, aunque el agente causal pertenezca al mismo género viral. Porque su rasgo definitorio no es la gravedad del cuadro individual sino su capacidad de generar brotes. Un solo caso en un consultorio oftalmológico puede contagiar a decenas de pacientes si no se aplican medidas estrictas de desinfección. No suelen serlo. En la mayoría de los pacientes se resuelven en semanas o meses. Pero en algunos casos pueden persistir hasta dos años, periodo durante el cual producen visión borrosa y halos. La prevención se basa en la higiene rigurosa de manos y en la desinfección del instrumental oftalmológico entre pacientes. Los adenovirus resisten muchos desinfectantes comunes, lo que obliga a utilizar soluciones con actividad virucida demostrada. En el medio comunitario, evitar el contacto directo con secreciones oculares y no compartir toallas ni ropa de cama son las medidas más eficaces. No. Ambas están causadas por adenovirus, pero la fiebre faringoconjuntival (serotipos 3, 4, 7) cursa con faringitis y fiebre, afecta más a niños y no produce las opacidades corneales residuales típicas de la queratoconjuntivitis epidémica. Si desea profundizar en conceptos asociados a la conjuntivitis epidémica, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conjuntivitis epidémica
Serotipos responsables y mecanismo de contagio
Opacidades corneales residuales
Patrón de brote y contexto nosocomial
Diferenciación con la conjuntivitis vírica común
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "epidémica"?
¿Las opacidades corneales son permanentes?
¿Puede prevenirse?
¿Es lo mismo que la fiebre faringoconjuntival?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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