DICCIONARIO MÉDICO
Conducción
La conducción, en el contexto médico, designa la transmisión de un impulso eléctrico, una onda sonora o una señal biológica a través de un tejido. El término se aplica en al menos tres ámbitos de la medicina: la neurofisiología, la cardiología y la audiología. Cada uno de ellos utiliza la misma palabra para describir fenómenos distintos, lo que puede generar confusión cuando se consulta fuera de contexto. La palabra procede del latín conductĭo, -ōnis, derivada de conducĕre (llevar junto, reunir, transportar). En la lengua general, conducción alude al acto de guiar o transportar algo de un punto a otro. La RAE recoge esa acepción genérica, pero el uso médico la ha especializado: cuando un fisiólogo habla de conducción, casi siempre se refiere al desplazamiento de una señal eléctrica o mecánica por un tejido biológico. Tres disciplinas utilizan el concepto de forma habitual. La neurofisiología estudia cómo viaja el potencial de acción a lo largo de la fibra nerviosa, un proceso que depende de la apertura secuencial de canales iónicos en la membrana del axón. La cardiología aplica el término al recorrido que hace el estímulo eléctrico desde el nodo sinusal hasta las fibras de Purkinje, pasando por el nodo auriculoventricular y el haz de His. Y la audiología distingue entre la vía aérea y la vía ósea por las que el sonido alcanza la cóclea, una distinción que resulta decisiva para clasificar las pérdidas auditivas. En neurofisiología, la conducción del impulso nervioso describe la propagación del potencial de acción por el axón de una neurona. La velocidad a la que viaja esa señal varía según el diámetro de la fibra y la presencia o ausencia de vaina de mielina. En las fibras mielínicas, la señal avanza mediante un mecanismo conocido como conducción saltatoria, mientras que en las fibras amielínicas la propagación es continua y considerablemente más lenta. El sistema de conducción cardíaco funciona con otra lógica. No se trata de un nervio, sino de un tejido muscular especializado capaz de generar y transmitir su propia actividad eléctrica. El nodo sinusal dispara el impulso, que se propaga por las aurículas, sufre un retraso fisiológico en el nodo auriculoventricular (una propiedad que la electrofisiología llama conducción con decremento) y, desde ahí, se distribuye a los ventrículos a través del haz de His y sus ramas. Cualquier interrupción en esa cadena produce un bloqueo auriculoventricular o un bloqueo de rama. La tercera acepción pertenece a la audiología. La conducción aérea es la vía fisiológica habitual del sonido: las ondas entran por el conducto auditivo externo, hacen vibrar la membrana timpánica, se amplifican en la cadena de huesecillos del oído medio y alcanzan finalmente la cóclea. La conducción ósea, en cambio, consiste en la transmisión de vibraciones directamente a través de los huesos del cráneo hasta el oído interno, sin pasar por el oído externo ni el medio. Comparar ambas vías permite al clínico distinguir entre una hipoacusia conductiva y una neurosensorial. El vocabulario médico añade adjetivos al término para precisar la dirección, la velocidad o el comportamiento de la señal. La conducción ortodrómica sigue el sentido fisiológico normal (del soma neuronal al terminal sináptico, o del nodo sinusal al ventrículo), mientras que la conducción antidrómica recorre el camino inverso. Ambos conceptos son frecuentes en los estudios de electromiografía y en la electrofisiología cardíaca. Existe también la distinción entre la conducción todo-o-nada del potencial de acción, que no pierde amplitud mientras viaja, y la conducción con decremento, en la que la señal se atenúa progresivamente. El nodo auriculoventricular es el ejemplo clásico de conducción decremental fisiológica: esa atenuación gradual protege a los ventrículos frente a frecuencias auriculares demasiado rápidas. Del latín conductĭo, a su vez de conducĕre, que significa llevar o transportar algo de un lugar a otro. La medicina adoptó el término para describir la transmisión de impulsos eléctricos y ondas sonoras a través de tejidos biológicos. La RAE lo registra con la acepción general de «acción y efecto de conducir». No. Comparten el nombre, pero los tejidos implicados y los mecanismos son distintos. La conducción nerviosa ocurre en fibras nerviosas (axones) y depende de canales iónicos de sodio y potasio que se abren de forma secuencial. La conducción cardíaca se produce en un tejido muscular especializado que posee automatismo propio y se organiza en estructuras concretas: nodo sinusal, nodo auriculoventricular, haz de His y fibras de Purkinje. Mucha. La audiometría compara la audición por conducción aérea con la audición por conducción ósea. Si la vía ósea funciona bien y la aérea está disminuida, el problema se localiza en el oído externo o el medio. Cuando ambas vías descienden por igual, la alteración afecta al aparato neurosensorial. La prueba de Rinne y la prueba de Weber se basan exactamente en esa comparación. Si desea profundizar en los distintos tipos de conducción, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conducción en medicina
Acepciones según la especialidad
Dirección del impulso y otros calificadores
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra conducción en el lenguaje médico?
¿Es lo mismo conducción nerviosa que conducción cardíaca?
¿Qué relación tiene la conducción con la audiometría?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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