DICCIONARIO MÉDICO
Conducción ósea
La conducción ósea es la transmisión de vibraciones sonoras a través de los huesos del cráneo directamente hasta el oído interno, sin que la señal recorra el oído externo ni el oído medio. En audiología tiene una utilidad clínica muy particular: al prescindir de la cadena osicular, permite evaluar de forma selectiva el estado del aparato neurosensorial de la cóclea. Cuando un objeto vibrante se apoya contra el cráneo (un diapasón sobre la frente, un vibrador de un audiómetro sobre la apófisis mastoides), las ondas mecánicas se propagan por el tejido óseo y alcanzan la cápsula ótica. Allí, la vibración se transmite al líquido coclear y estimula directamente las células ciliadas del órgano de Corti. Ludwig van Beethoven, que sufría una hipoacusia progresiva, sabía algo de esto: cuentan que mordía una varilla de madera apoyada contra el piano para percibir las vibraciones de la música a través de los dientes y el cráneo. Que la anécdota sea del todo exacta o no, el principio físico subyacente está bien establecido. Tres mecanismos contribuyen a la conducción ósea según los modelos actuales. La vibración del cráneo puede comprimir y descomprimir la cápsula ótica de forma alternante, lo que desplaza los líquidos cocleares (efecto de compresión). También puede provocar un movimiento diferencial entre la cadena osicular y el hueso temporal, de manera que el estribo se mueva en relación con la ventana oval (contribución inercial). Y, por último, la vibración ósea puede irradiarse al aire contenido en el conducto auditivo externo y estimular el tímpano desde fuera. No es un solo camino limpio: es una suma de contribuciones. La prueba de Weber utiliza la conducción ósea como herramienta diagnóstica. Se coloca un diapasón vibrando en la línea media de la frente o sobre el vértex y se pregunta al paciente si percibe el sonido centrado o lateralizado hacia un lado. En condiciones normales, el sonido se percibe igual en ambos oídos. Cuando hay una hipoacusia conductiva unilateral, el sonido se lateraliza hacia el oído afectado (porque el oído con vía aérea comprometida pierde ruido ambiental competitivo y la conducción ósea destaca). Cuando la hipoacusia es neurosensorial, la lateralización ocurre hacia el oído sano. Esa asimetría puede resultar contraintuitiva al principio, pero tiene una explicación sencilla. El oído con hipoacusia conductiva no recibe bien el ruido del ambiente por vía aérea, así que la señal que le llega por vía ósea resalta por contraste. En un oído con daño neurosensorial, las células ciliadas están deterioradas y la señal ósea se percibe peor incluso sin la competencia del ruido externo. La audiometría por vía ósea se realiza colocando un vibrador sobre la apófisis mastoides o la frente del paciente. Se presentan tonos puros y se determinan los umbrales de percepción, que reflejan la función del aparato neurosensorial con independencia del estado del oído externo y medio. Comparar estos umbrales con los obtenidos por conducción aérea permite clasificar la hipoacusia como conductiva, neurosensorial o mixta. Ahí radica el interés de medir ambas vías. Una limitación técnica de la vía ósea es que las vibraciones cruzan fácilmente de un lado del cráneo al otro, con una atenuación interaural de solo 0 a 15 dB dependiendo de la frecuencia. Eso significa que al estimular un oído por vía ósea puede estar respondiendo el contralateral. Para evitar esa ambigüedad, el audiólogo utiliza enmascaramiento: presenta un ruido en el oído que no se está explorando para asegurarse de que la respuesta procede del lado correcto. Los dispositivos de conducción ósea aprovechan este principio para pacientes en los que la vía aérea está comprometida de forma permanente. Los implantes osteointegrados, fijados al hueso temporal mediante un tornillo de titanio, transmiten vibraciones directamente al cráneo y estimulan la cóclea sin necesidad de que el sonido pase por el conducto auditivo ni por la cadena osicular. Son una opción en casos de hipoacusia conductiva bilateral, malformaciones del oído externo (atresia aural) o en ciertos tipos de hipoacusia mixta. De «conducción» (del latín conductĭo, transporte) y «ósea» (del latín osseus, relativo al hueso). Describe la transmisión de vibraciones sonoras a través del tejido óseo del cráneo. El fenómeno se conoce desde la Antigüedad, pero los primeros estudios sistemáticos se atribuyen a Giovanni Battista Venturi a finales del siglo XVIII. Heinrich Adolf Rinne formalizó su prueba con diapasón en 1855, y Ernst Heinrich Weber aportó la suya en un contexto clínico comparable. Ambos trabajos siguen siendo referencia en la exploración auditiva. No del todo. Los dispositivos de conducción ósea ofrecen resultados funcionales buenos en hipoacusias conductivas, pero la calidad del sonido percibido y la resolución frecuencial son menores que las de un oído sano con vía aérea intacta. La vía ósea es una alternativa cuando la aérea no puede utilizarse; no la reemplaza. Para ampliar información sobre las vías de transmisión del sonido y la audición:Qué es la conducción ósea
Prueba de Weber y conducción ósea
Utilidad de la vía ósea en audiometría
Aplicaciones en dispositivos auditivos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «conducción ósea»?
¿Quién descubrió que el sonido viaja por los huesos?
¿La conducción ósea puede sustituir por completo a la aérea?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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