DICCIONARIO MÉDICO
Presbiacusia
La presbiacusia es la pérdida de audición neurosensorial asociada al envejecimiento, y constituye la causa más frecuente de hipoacusia en la vejez. Afecta primero a los tonos agudos, avanza de forma bilateral y progresiva, y resulta del deterioro acumulado de distintas estructuras del oído interno. Según la Organización Mundial de la Salud, más de una de cada cuatro personas mayores de 60 años tiene una pérdida auditiva discapacitante, en gran medida atribuible a este proceso. El nombre combina dos raíces griegas: presbys, «anciano», y akousis, «audición», la misma que aparece en acúfeno o en disacusia. La Real Academia Española la define de forma escueta como la incapacidad para oír altas frecuencias provocada por el envejecimiento. La raíz presbys reaparece, con el mismo sentido de «vejez», en presbicia, la pérdida de la capacidad de enfoque cercano del ojo, y en presbítero, título eclesiástico que en origen designaba simplemente al miembro de mayor edad de una comunidad. Las tres palabras describen fenómenos distintos, pero comparten un mismo gesto lingüístico: nombrar algo a partir de la edad de quien lo padece o lo ostenta. El daño se acumula en varias estructuras del oído interno a la vez, no en una sola. Las células ciliadas del órgano de Corti, encargadas de transformar la vibración sonora en señal nerviosa, degeneran de forma progresiva empezando por la base de la cóclea, la región que procesa los tonos agudos. Las neuronas del ganglio espiral, que transmiten esa señal hacia el nervio acústico, disminuyen en número con los años. La estría vascular, el tejido que mantiene la composición iónica de la endolinfa y genera el potencial eléctrico necesario para la transducción del sonido, sufre también un proceso de atrofia. A estos tres frentes clásicos se ha sumado uno más reciente: la pérdida de las sinapsis en cinta que conectan las células ciliadas internas con las fibras del nervio auditivo, un fenómeno conocido como sinaptopatía coclear. Puede producir dificultades reales para entender el habla en ambientes ruidosos incluso con un audiograma dentro de los límites normales, motivo por el que se ha bautizado como pérdida auditiva oculta. La clasificación de referencia procede de los estudios de Schuknecht sobre huesos temporales, publicados de forma definitiva en 1993, que distinguen cuatro patrones según la estructura predominantemente afectada. La presbiacusia sensorial cursa con una caída brusca en las frecuencias agudas y conserva bien la discriminación del habla; corresponde a la pérdida de células del órgano de Corti. En la neural, en cambio, la pérdida de neuronas ganglionares provoca una discriminación del habla desproporcionadamente peor que lo que sugiere el umbral auditivo. La forma estrial o metabólica, ligada a la atrofia de la estría vascular, produce una curva audiométrica plana. Por último, la presbiacusia coclear conductiva se atribuye a un aumento de la rigidez de la membrana basilar y da lugar a una pérdida gradual y descendente sin correlato histológico tan definido como las anteriores. En la práctica, pocos casos reales encajan de forma pura en uno solo de los cuatro tipos. Autores posteriores a Schuknecht han añadido las categorías de presbiacusia mixta, cuando coexisten varios mecanismos, e indeterminada, cuando el patrón histológico no se ajusta a ninguno de los descritos. La hipoacusia es el término general para cualquier disminución de la capacidad auditiva; la presbiacusia es una de sus variedades, la ligada específicamente a la edad. La otosclerosis afecta a los huesecillos del oído medio y produce una pérdida de conducción, no neurosensorial: el origen anatómico es otro por completo. El acúfeno, ese zumbido sin fuente externa, acompaña con frecuencia a la presbiacusia pero es un fenómeno perceptivo distinto, no una forma de pérdida auditiva. Tampoco equivale a cofosis ni a sordera: la presbiacusia suele ser parcial y de instauración lenta, mientras que esos términos describen una pérdida completa o muy grave. Del griego presbys, «anciano», y akousis, «audición». Comparte la primera raíz con presbicia y con presbítero, palabras que designan realidades muy diferentes pero que apelan, todas ellas, a la idea de vejez o de mayor edad. No. La sordera implica una pérdida total o muy grave; la presbiacusia suele ser parcial, progresiva y limitada, sobre todo al principio, a las frecuencias agudas. Sí, según la investigación más reciente sobre sinaptopatía coclear. El audiograma convencional mide el umbral mínimo de audición, pero no refleja bien el estado de las sinapsis entre las células ciliadas y el nervio auditivo, cuyo deterioro puede dificultar la comprensión del habla en ambientes ruidosos sin que se traduzca todavía en una pérdida de umbral medible. Suele hacerse perceptible a partir de los 60 años, aunque el deterioro celular que la produce comienza mucho antes. Los estudios epidemiológicos disponibles son difíciles de comparar entre sí porque cada uno emplea un umbral distinto para definir la pérdida auditiva significativa. Lo que sí coincide en la literatura es la tendencia: la proporción de personas afectadas aumenta de forma sostenida con cada década de vida a partir de esa edad. La cifra exacta varía según el estudio y el país. En parte. La edad de aparición y la velocidad de progresión varían mucho entre personas, y esa variabilidad se atribuye tanto a factores genéticos como a la exposición acumulada a ruido, ciertos fármacos ototóxicos y enfermedades como la hipertensión o la diabetes.Qué es la presbiacusia
Deterioro coclear: el mecanismo del envejecimiento auditivo
Clasificación histopatológica
Diferenciación con otras causas de pérdida auditiva
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra presbiacusia?
¿Es lo mismo presbiacusia que sordera?
¿Se puede tener presbiacusia con un audiograma normal?
¿A qué edad empieza a manifestarse?
¿Tiene un componente hereditario?
Referencias
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