DICCIONARIO MÉDICO
Disacusia
La disacusia designa cualquier defecto auditivo caracterizado por una distorsión en la percepción de la frecuencia o de la intensidad de los sonidos. En una acepción complementaria y también recogida en la terminología clínica, describe la sensación desagradable o dolorosa provocada por determinados estímulos sonoros. No equivale a una pérdida cuantitativa de audición. Disacusia es un término médico que apunta a una alteración cualitativa de la audición. La persona no oye menos, sino que oye de otra forma: los tonos suenan desafinados, los sonidos habituales resultan intolerables, o la voz que percibe no coincide con la que emite el interlocutor. Esa distinción con las alteraciones cuantitativas, en las que baja el umbral audible, es la clave para separar la disacusia de la hipoacusia y de la sordera. La palabra procede del griego δυσ- (dys, ‘dificultad’, ‘anomalía’) y ἀκούειν (akoúein, ‘oír’). Comparte raíz con hiperacusia, presbiacusia y anacusia; el prefijo dys- es el que introduce el matiz de perturbación cualitativa, mientras que hipo- significa ‘menos’ e hiper- significa ‘más’. En la práctica clínica el término tiene dos usos que conviene precisar. El primero, más amplio, cubre cualquier defecto de la percepción sonora en el que la señal llega distorsionada al córtex auditivo, ya sea por un problema del oído medio o del interno. El segundo, más restringido, se reserva para la sensación de molestia o dolor ante sonidos que la mayoría de las personas toleran sin dificultad, un fenómeno próximo a la hiperacusia dolorosa. Los diccionarios médicos recogen ambos y no siempre marcan la diferencia. Al leer una historia clínica es prudente comprobar en qué sentido se usa. El sonido, para ser percibido correctamente, atraviesa tres estaciones: el oído externo y medio, que lo conducen; la cóclea, que lo transforma en impulsos nerviosos; y las vías auditivas centrales, que lo procesan. Cualquier alteración en la conducción de las frecuencias, en la selectividad tonal de la cóclea o en la integración central de la información puede traducirse en distorsión. La cóclea funciona como un analizador de frecuencias: las células ciliadas están dispuestas a lo largo de la membrana basilar según su respuesta óptima, con las agudas en la base y las graves en el ápex. Cuando una zona se lesiona (por trauma acústico, presbiacusia inicial o toxicidad farmacológica), la percepción de las frecuencias vecinas se altera y aparece la distorsión. En esa lesión inicial, todavía compatible con umbrales dentro de la normalidad audiométrica, puede aparecer disacusia sin hipoacusia franca. En el plano central, la integración cortical del sonido depende del equilibrio entre excitación e inhibición. Su desregulación explica los cuadros de intolerancia dolorosa a sonidos de intensidad normal, muchas veces asociados a acúfeno, a migraña o a lesiones del núcleo del facial. Disacusia por distorsión de la intensidad. El fenómeno más representativo es el reclutamiento, característico de las lesiones cocleares: los sonidos débiles no se oyen, pero cuando superan cierto umbral la intensidad percibida crece de golpe. La persona pasa de no oír a molestarse en muy pocos decibelios. Disacusia por distorsión de la frecuencia. Aquí entra la diplacusia, en la que un mismo tono puro se percibe como dos tonos ligeramente distintos, sobre todo cuando la lesión coclear es unilateral y las dos cócleas devuelven al córtex frecuencias mal calibradas. La consecuencia práctica en músicos y en cualquier oyente atento es la sensación de que la afinación no cuadra. Disacusia dolorosa. El paciente refiere dolor, malestar físico o rechazo intenso ante sonidos que otras personas toleran. Aparece en enfermedad de Ménière, en algunas parálisis del facial (por afectación del músculo estapedio) y en cuadros centrales como la migraña vestibular. Se solapa parcialmente con la hiperacusia dolorosa y con el concepto anglosajón de loudness discomfort. Disacusia funcional o psicógena. Alteración de la percepción sonora sin correlato en las pruebas objetivas. Requiere descartar antes cualquier causa orgánica, incluidas las lesiones del córtex auditivo primario, que pueden dar audiogramas normales con dificultades de discriminación llamativas. Hipoacusia. Es una alteración cuantitativa: baja el umbral, se oye menos. La disacusia, por contraste, es cualitativa: se oye distinto. Es frecuente que ambas coexistan en las lesiones cocleares avanzadas. Hiperacusia. Intolerancia a los sonidos de intensidad normal. Se emparenta con la disacusia dolorosa, pero mantiene una definición más específica y ligada a un umbral de disconfort medible. Presbiacusia. Pérdida progresiva de la audición asociada al envejecimiento, con predominio en frecuencias agudas. En sus estadios iniciales puede debutar como disacusia (dificultad de discriminación en ambientes ruidosos con audiograma casi normal) antes de traducirse en hipoacusia franca. Diplacusia. Percepción de un mismo tono como dos tonos distintos. Es la forma más pura de disacusia de frecuencia. Suele acompañar a hipoacusias unilaterales súbitas y a la enfermedad de Ménière. Acúfeno. Percepción de un sonido que no procede del exterior. No es propiamente una disacusia, pero comparte con ella el sustrato coclear o central y aparece con frecuencia junto a los cuadros de disacusia dolorosa. Sordera central. Alteración del procesamiento auditivo por lesión del córtex o de las vías centrales. Puede cursar con audiogramas casi normales y con notable dificultad para discriminar palabras, cuadro que en la clínica se denomina a veces disacusia central o trastorno del procesamiento auditivo central. De la unión del griego dys- (dificultad, anomalía) y akoúein (oír). La misma raíz de akoúein aparece en hipoacusia, hiperacusia y presbiacusia. El prefijo dys- es el que introduce el matiz de perturbación cualitativa, distinto del hipo- (menos) que domina en la terminología audiológica clínica. No. La hipoacusia es una disminución cuantitativa de la audición: se oye menos. La disacusia describe una distorsión cualitativa: se oye distinto, o los sonidos molestan aunque no falten. Ambos cuadros pueden coincidir en un mismo paciente, sobre todo en lesiones cocleares avanzadas, pero conviene distinguirlos en el informe clínico porque implican pruebas y enfoques diagnósticos distintos. La audiometría tonal liminar mide umbrales de audición y detecta pérdidas cuantitativas, pero puede pasar por alto una disacusia pura. Para caracterizarla suelen añadirse pruebas de discriminación verbal (audiometría vocal, prueba de Speech-in-Noise), pruebas de reclutamiento (SISI, Fowler alterno), otoemisiones acústicas, potenciales evocados auditivos de tronco y estudios psicoacústicos específicos si el caso lo requiere. No. Su curso depende de la causa. En la presbiacusia inicial es lentamente progresiva; en la enfermedad de Ménière es fluctuante; en el trauma acústico agudo puede aparecer de un día para otro y estabilizarse; en las disacusias funcionales, remitir cuando se resuelve el cuadro de base. La velocidad de instauración es un dato semiológico útil que orienta hacia una etiología u otra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la disacusia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la disacusia
Base fisiológica de la distorsión auditiva
Formas descritas
Diferenciación con otros trastornos auditivos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra disacusia?
¿Es lo mismo disacusia que hipoacusia?
¿Cómo se explora?
¿La disacusia siempre es progresiva?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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