DICCIONARIO MÉDICO
Hiperacusia
La hiperacusia es una tolerancia reducida a los sonidos ambientales normales: ruidos que la mayoría percibe como cómodos resultan excesivos, molestos o incluso dolorosos para quien la padece. No es lo mismo que oír mejor. El umbral auditivo puede ser normal; lo que cambia es la manera en que el sistema nervioso procesa la intensidad del sonido. El nombre se forma con el prefijo griego ὑπέρ (hypér, «por encima de») y ἄκουσις (ákousis, «acción de oír»), derivado de ἀκούειν (akoúein, «oír»). Literalmente, una audición «por encima» de lo normal, aunque la etiqueta engaña un poco: no describe una agudeza auditiva superior, sino una intolerancia. La persona con hiperacusia no capta sonidos más débiles que los demás, sino que reacciona de forma desproporcionada ante los de intensidad corriente. La falta de una definición de consenso complica calcular cuántas personas la presentan. Una revisión que reunió más de cuarenta estudios situó la prevalencia entre el 0,2 % y el 17,2 % de la población general, un margen amplísimo que refleja hasta qué punto varían los criterios empleados para nombrarla. El oído no se limita a captar sonido: lo regula. Existen mecanismos que amortiguan la señal cuando es intensa, como el reflejo del músculo estapedio en el oído medio, y circuitos en la vía auditiva central que ajustan la ganancia, es decir, cuánto se amplifica lo que llega. Cuando ese ajuste se descalibra y el sistema amplifica de más, un sonido moderado se percibe como si fuera fuerte. Ahí está, a grandes rasgos, el núcleo del problema. Las causas son diversas. La hiperacusia acompaña con frecuencia a los acúfenos, aparece tras exposición a ruido intenso y se describe en la migraña, en el trastorno del espectro autista y en algunos síndromes genéticos como el de Williams. También surge de forma mecánica cuando una parálisis facial anula el reflejo estapedial de un lado: sin ese freno, los ruidos fuertes golpean el oído afectado con toda su energía. Varios términos rondan el mismo territorio y conviene no mezclarlos, porque el mecanismo de cada uno es distinto: La diferencia práctica está en qué predomina. Si el sonido «es demasiado» o duele, apunta a hiperacusia. Si «enfada o da asco» con disparadores muy específicos, a misofonía. Si «da miedo» y se anticipa con angustia, a fonofobia. Los cuadros coexisten con frecuencia, lo que enreda su identificación y explica buena parte de la confusión terminológica. No. Es un malentendido habitual por culpa del nombre. La persona con hiperacusia no distingue sonidos más tenues que el resto; su umbral de audición puede ser perfectamente normal. Lo que ocurre es que tolera mal la intensidad, de modo que un ruido corriente le resulta excesivo. Son cosas distintas, aunque van de la mano muy a menudo. El acúfeno es la percepción de un sonido (un pitido, un zumbido) sin que exista una fuente externa que lo produzca. La hiperacusia, por el contrario, es una respuesta desmedida a sonidos reales del entorno. Muchas personas presentan ambos a la vez, porque comparten mecanismos en la vía auditiva. La sensibilidad al sonido en la infancia no siempre es hiperacusia. Puede serlo, y de hecho se ha descrito una tolerancia auditiva baja en una proporción notable de niños dentro del espectro autista. Pero también puede tratarse de misofonía o de fonofobia, que tienen otro fundamento. Distinguirlas importa, porque el enfoque cambia según cuál sea la que predomina.Qué es la hiperacusia
Por qué un sonido normal se vuelve insoportable
Hiperacusia y otros fenómenos con los que se confunde
Preguntas frecuentes
¿La hiperacusia significa que se oye mejor de lo normal?
¿Es lo mismo hiperacusia que acúfeno?
¿Por qué a algunos niños les molestan tanto ciertos ruidos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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