DICCIONARIO MÉDICO
Encefalopatía
La encefalopatía es un término médico que designa cualquier trastorno difuso del encéfalo capaz de alterar su función, su estructura o ambas. No se refiere a una enfermedad concreta, sino a un síndrome clínico compartido por procesos de naturaleza muy diversa: metabólica, tóxica, infecciosa, vascular o degenerativa. La alteración del estado mental constituye su rasgo definitorio. Encefalopatía procede del griego ἐγκέφαλος (enképhalos, "lo que está dentro de la cabeza", es decir, el cerebro) y πάθεια (pátheia, "afección" o "enfermedad"). El término apareció documentado en francés hacia 1839 y se incorporó rápidamente a la literatura médica internacional. En español, la Real Academia Nacional de Medicina lo registra como sinónimo de «enfermedad cerebral» y anota que, en la práctica, se emplea con frecuencia en un sentido más restringido, referido a las encefalopatías crónicas. Desde el punto de vista nosológico, la encefalopatía no equivale a una lesión focal (como un ictus que afecta a un territorio arterial concreto). Designa una disfunción global del encéfalo, y esa distinción importa. Un paciente con encefalopatía puede presentar confusión, alteración del nivel de consciencia, cambios de personalidad o deterioro cognitivo progresivo, pero esos hallazgos no apuntan a una zona anatómica precisa: reflejan un daño generalizado. La confusión fonética entre encefalopatía y encefalitis merece una aclaración. Encefalitis indica inflamación activa del tejido encefálico, casi siempre de causa infecciosa o autoinmune. Encefalopatía, en cambio, es un concepto más amplio que abarca cualquier disfunción cerebral, con inflamación o sin ella. Una encefalitis puede desembocar en encefalopatía, pero la relación no funciona a la inversa. El cerebro consume aproximadamente el 20 % del oxígeno corporal total y depende de un aporte continuo de glucosa. Esa vulnerabilidad metabólica explica por qué tantas situaciones clínicas distintas convergen en un cuadro de encefalopatía. Cuando el suministro de oxígeno se interrumpe, cuando se acumulan sustancias tóxicas que el hígado o el riñón ya no depuran, o cuando un agente infeccioso altera la actividad neuronal, el resultado es similar: una caída global de la función cerebral. Los astrocitos desempeñan un papel que a veces se pasa por alto. Estas células gliales regulan la composición del medio extracelular, tamponan el exceso de potasio y de glutamato, y participan en el mantenimiento de la barrera hematoencefálica. En la encefalopatía hepática, por ejemplo, la acumulación de amonio provoca un edema astrocitario que compromete la neurotransmisión antes incluso de que las neuronas sufran un daño estructural directo. No toda encefalopatía sigue ese mismo mecanismo, pero el ejemplo ilustra hasta qué punto el funcionamiento del encéfalo depende de un equilibrio celular frágil. La clasificación más operativa agrupa las encefalopatías según su causa. Ningún esquema es perfecto, porque un mismo paciente puede presentar varias causas superpuestas (insuficiencia renal más sepsis, por citar un caso frecuente en cuidados intensivos). Con esa salvedad, se distinguen los grupos siguientes. Encefalopatías metabólicas. Engloban las formas provocadas por el fracaso de un órgano que normalmente depura sustancias tóxicas o mantiene la homeostasis interna. La encefalopatía hepática y la encefalopatía urémica son las dos representantes más conocidas, pero el espectro incluye también las alteraciones electrolíticas graves, la hipoglucemia prolongada y los trastornos tiroideos extremos. Muchas de ellas son reversibles si se corrige el trastorno de base a tiempo. Encefalopatías tóxicas. El alcohol, los metales pesados (plomo, mercurio, aluminio), los disolventes orgánicos y ciertos fármacos pueden producir disfunción encefálica aguda o crónica. La encefalopatía de Wernicke, ligada al déficit de vitamina B1 en el contexto del alcoholismo, constituye una de las formas más urgentes del grupo. La encefalopatía por diálisis, vinculada históricamente a la intoxicación por aluminio del líquido de diálisis, es hoy muy infrecuente gracias a los controles de calidad del agua. Encefalopatías vasculares. La encefalopatía hipertensiva se produce cuando una elevación brusca y grave de la presión arterial supera la capacidad de autorregulación del flujo cerebral, y el resultado es un edema cerebral vasogénico. La encefalopatía arteriosclerótica (conocida también como enfermedad de Binswanger) refleja, en cambio, un daño crónico y progresivo de la sustancia blanca por enfermedad de pequeño vaso. Encefalopatías por agentes infecciosos y priones. Las encefalopatías espongiformes constituyen un grupo singular: las causa un prion, una proteína con plegamiento anómalo capaz de inducir neurodegeneración sin intervención de ácidos nucleicos. La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob es la más frecuente de las encefalopatías espongiformes humanas. Encefalopatías hipóxico-anóxicas. Cuando el aporte de oxígeno al cerebro cesa durante un periodo suficiente (parada cardiaca, asfixia, ahogamiento parcial), la lesión neuronal resultante configura la encefalopatía postanóxica. La gravedad depende de la duración de la anoxia y de la eficacia de las maniobras de reanimación. Encefalopatías del desarrollo. En el periodo perinatal, la falta de oxígeno o determinadas infecciones pueden producir lesiones encefálicas extensas. La encefalopatía multiquística representa la forma más grave de daño cerebral neonatal, con destrucción tisular masiva y formación de cavidades quísticas. Una de las distinciones clínicas más relevantes es la que separa las encefalopatías reversibles de las irreversibles. Las formas metabólicas agudas (por ejemplo, la encefalopatía hepática tratada a tiempo) pueden resolverse por completo si se corrige la causa. Las formas degenerativas y las que implican destrucción neuronal extensa (encefalopatía postanóxica grave, encefalopatías espongiformes) rara vez permiten una recuperación funcional significativa. El pronóstico depende también de la velocidad de instauración. Las encefalopatías agudas suelen tener mejor pronóstico que las crónicas, paradójicamente, porque obligan a una intervención precoz. Las crónicas progresan de forma insidiosa, y cuando la familia percibe los cambios, el daño acumulado puede ser ya considerable. Encefalitis. Implica inflamación del parénquima encefálico, habitualmente infecciosa o autoinmune. La encefalopatía es un concepto más amplio y puede cursar sin componente inflamatorio. Delirium (síndrome confusional agudo). Es una forma de encefalopatía aguda con fluctuación del nivel de atención, pero el término delirium enfatiza la presentación clínica (agitación, desorientación, alucinaciones), mientras que encefalopatía remite a la disfunción cerebral subyacente. En la práctica, ambos conceptos se solapan con frecuencia. Demencia. La demencia se define por un deterioro cognitivo adquirido, crónico y progresivo. Algunas encefalopatías crónicas (la arteriosclerótica, la espongiforme) desembocan en demencia, pero no toda demencia es una encefalopatía ni toda encefalopatía conduce a demencia. El límite entre ambos conceptos se difumina en la clínica. Del griego ἐγκέφαλος (enképhalos, "dentro de la cabeza") y πάθεια (pátheia, "enfermedad"). Literalmente, "enfermedad del encéfalo". El término se documentó por primera vez en francés en 1839 y se extendió rápidamente a otras lenguas médicas europeas. No necesariamente. La gravedad depende de la causa y de la rapidez con que se instaure. Una encefalopatía hepática en sus grados iniciales puede revertir por completo con el manejo adecuado, mientras que una encefalopatía postanóxica prolongada conlleva un pronóstico muy diferente. La reversibilidad, más que la palabra en sí, es lo que determina la gravedad. No. Encefalitis implica inflamación activa del tejido cerebral, casi siempre por una infección vírica o una respuesta autoinmune. Encefalopatía es un paraguas más amplio: designa cualquier disfunción cerebral difusa, tenga o no componente inflamatorio. Puede haber encefalopatía sin encefalitis, y también una encefalitis que provoque encefalopatía. Depende de la clasificación que se adopte. La agrupación más habitual distingue entre encefalopatías metabólicas, tóxicas, vasculares, hipóxico-anóxicas, infecciosas (incluidas las espongiformes por priones) y del desarrollo. Dentro de cada grupo hay subtipos específicos, de modo que la lista completa resulta extensa. En este mismo diccionario pueden consultarse las entradas dedicadas a las formas particulares. Si desea profundizar en los distintos tipos de encefalopatía y en conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la encefalopatía
Mecanismos de la disfunción encefálica difusa
Clasificación general de las encefalopatías
Reversibilidad y pronóstico
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra encefalopatía?
¿Una encefalopatía es siempre grave?
¿Es lo mismo encefalopatía que encefalitis?
¿Cuántos tipos de encefalopatía existen?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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