DICCIONARIO MÉDICO
Presión arterial
La presión arterial es la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes de las arterias a lo largo del ciclo cardíaco. Se expresa con dos cifras —la sistólica y la diastólica— medidas en milímetros de mercurio (mmHg), y constituye uno de los parámetros vitales fundamentales en la práctica clínica. La presión arterial es la fuerza hidráulica que ejerce la sangre contra la pared interna de las arterias mientras circula impulsada por el corazón. Cada contracción del ventrículo izquierdo lanza un volumen de sangre hacia la aorta y, desde ella, hacia el árbol arterial; la resistencia que oponen las paredes de las arterias de mediano y pequeño calibre determina, junto con ese volumen eyectado, el nivel de presión resultante. El término es transparente desde su raíz: "presión" procede del latín pressio, -ōnis ("acción de apretar"), derivado de premĕre, "presionar"; "arterial" se refiere al vaso que la soporta. En español se emplean como sinónimos tensión arterial —forma más habitual en España— y, de manera genérica, presión sanguínea, aunque este último término es un hiperónimo que abarca también la presión en venas y capilares. Fue Stephen Hales, clérigo y fisiólogo inglés, quien en 1733 realizó la primera medición directa de la presión arterial al insertar un tubo de vidrio en la arteria crural de una yegua y observar la altura a la que ascendía la columna de sangre. La unidad que todavía se utiliza —el milímetro de mercurio, mmHg— conserva la lógica de aquel experimento: mide la presión como la altura de una columna de mercurio capaz de equilibrar la fuerza que ejerce la sangre. Lo que determina la presión arterial en cada instante es el producto de dos factores: el gasto cardíaco (el volumen de sangre que el corazón bombea por minuto) y la resistencia vascular periférica (la oposición que ofrecen las arteriolas al flujo). Si aumenta cualquiera de los dos —o ambos— la presión sube; si disminuyen, baja. El organismo regula este equilibrio de forma continua mediante los barorreceptores del cayado aórtico y del seno carotídeo, el sistema renina-angiotensina-aldosterona y el sistema nervioso autónomo, entre otros mecanismos. Cada latido genera una onda de presión que oscila entre un valor máximo y un valor mínimo. El máximo se alcanza durante la sístole ventricular, cuando el ventrículo izquierdo se contrae y expulsa la sangre: es la presión sistólica, la cifra superior de la lectura (por ejemplo, 120 en "120/80 mmHg"). El mínimo corresponde a la diástole, la fase de relajación ventricular en la que las arterias mantienen la presión gracias a su elasticidad: es la presión diastólica, la cifra inferior. La diferencia entre ambas recibe el nombre de presión de pulso o presión diferencial. En condiciones normales oscila entre 30 y 40 mmHg, y su aumento puede reflejar rigidez de las grandes arterias, una situación frecuente con el envejecimiento. Existe además un parámetro calculado, la presión arterial media (PAM), que representa la presión efectiva con la que se perfunden los tejidos a lo largo de todo el ciclo. Se estima con la fórmula PAM = diastólica + ⅓ (sistólica − diastólica). Un valor normal se sitúa entre 70 y 105 mmHg. En la práctica clínica, la PAM tiene especial relevancia en situaciones de monitorización hemodinámica —unidades de cuidados intensivos, quirófanos— porque refleja mejor la perfusión de los órganos que cualquiera de las dos cifras por separado. La clasificación más extendida en Europa procede de las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH). Los umbrales de referencia para adultos son los siguientes: Conviene tener presente que estos rangos se aplican a adultos en reposo y en condiciones estandarizadas de medición. En niños y adolescentes los valores de referencia se definen por percentiles ajustados a edad, sexo y talla. Y durante el embarazo, el umbral de alerta es habitualmente 140/90 mmHg, aunque puede variar según el contexto clínico. Cuando la presión se mantiene de forma sostenida por encima de los valores normales se habla de hipertensión arterial, una de las condiciones cardiovasculares con mayor repercusión epidemiológica. Se distingue entre la hipertensión esencial o primaria —la forma más frecuente, sin causa identificable— y la hipertensión secundaria, originada por una enfermedad renal, endocrina u otra causa definida. Dentro del diccionario existen entradas para diversos subtipos: la hipertensión de bata blanca, que aparece solo en la consulta; la lábil, con cifras oscilantes; la refractaria, resistente al abordaje habitual; o la sistémica, término que la diferencia de la hipertensión pulmonar. Para información completa sobre síntomas, diagnóstico y tratamiento de la hipertensión arterial, consulte la ficha clínica de hipertensión arterial de la Clínica Universidad de Navarra. En el extremo opuesto, cifras por debajo de 90/60 mmHg definen la hipotensión. No siempre es patológica: hay personas que mantienen de forma habitual cifras bajas sin ningún síntoma. Cuando sí produce mareo, visión borrosa o sensación de desvanecimiento, suele clasificarse como hipotensión sintomática. La forma más conocida es la hipotensión ortostática, en la que la presión cae al pasar de la posición sentada o acostada a la bipedestación. También existe la hipotensión posprandial, asociada al período que sigue a las comidas, especialmente en personas mayores. La medición estándar se realiza con un tensiómetro (también llamado esfigmomanómetro, y en México, baumanómetro). El método clásico, conocido como auscultatorio, emplea un manguito inflable conectado a una columna de mercurio o a un manómetro aneroide: el profesional infla el manguito hasta ocluir la arteria braquial y luego lo desinfla lentamente mientras ausculta con el estetoscopio. La presión a la que se oye el primer latido corresponde a la sistólica; aquella en la que el sonido desaparece, a la diastólica. Esos sonidos se denominan ruidos de Korotkoff, en honor al médico ruso Nikolái Korotkoff, que los describió en 1905. Los dispositivos digitales automáticos, cada vez más extendidos tanto en la consulta como en el domicilio, utilizan el método oscilométrico: detectan las oscilaciones de presión en el manguito y calculan la sistólica y la diastólica mediante algoritmos internos. Para situaciones que requieren un seguimiento prolongado existe la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA), que registra automáticamente las cifras cada 15-30 minutos durante 24 horas. La presión arterial no es un valor fijo: varía a lo largo del día, desciende durante el sueño y se eleva con el ejercicio físico, el estrés emocional o la ingesta de determinadas sustancias como la cafeína. La edad modifica el patrón habitual: con el envejecimiento, las grandes arterias pierden elasticidad y la presión sistólica tiende a subir, mientras que la diastólica puede incluso descender. La posición corporal también cuenta; la presión medida en decúbito supino no coincide exactamente con la medida sentado o de pie, y este hecho tiene relevancia clínica cuando se evalúa la hipotensión ortostática. Otros elementos fisiológicos —la ingesta de sal, el volumen de líquidos corporales, la actividad del sistema nervioso simpático— contribuyen al resultado final de un modo que no siempre es predecible con exactitud. "Presión" procede del latín pressio, -ōnis, derivado de premĕre ("apretar"), y "arterial" del griego ἀρτηρία (artēría), que en la medicina hipocrática designaba los vasos que parecían contener aire —porque en los cadáveres se hallaban vacíos— y acabó nombrando a los vasos que transportan la sangre oxigenada. La primera medición directa la realizó Stephen Hales en 1733 con un tubo de vidrio insertado en una arteria equina. En la práctica clínica se usan como sinónimos. "Tensión arterial" es la denominación más habitual en España; "presión arterial" predomina en Hispanoamérica y en la terminología internacional. En rigor, la tensión alude a la fuerza de distensión que soporta la pared del vaso, y la presión a la fuerza que ejerce la sangre sobre esa pared, pero la diferencia es puramente teórica y no altera la cifra medida. La cifra superior (120) corresponde a la presión sistólica —la que se registra cuando el corazón se contrae— y la inferior (80) a la presión diastólica, medida durante la relajación ventricular. Ambas se expresan en milímetros de mercurio (mmHg). Una lectura de 120/80 se considera el límite superior de la presión óptima según las guías europeas. Sí. Con el envejecimiento, la presión sistólica tiende a aumentar por la pérdida progresiva de elasticidad de las grandes arterias, mientras que la diastólica puede estabilizarse o incluso disminuir a partir de los 60-65 años. En niños y adolescentes, los valores normales se interpretan mediante tablas de percentiles que tienen en cuenta la edad, el sexo y la talla. Si desea profundizar en conceptos asociados a la presión arterial, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la presión arterial
Componentes: sistólica, diastólica y presión arterial media
Valores normales y clasificación por rangos
Categoría
Sistólica (mmHg)
Diastólica (mmHg)
Óptima
< 120
< 80
Normal
120-129
80-84
Normal-alta
130-139
85-89
Hipertensión grado 1
140-159
90-99
Hipertensión grado 2
160-179
100-109
Hipertensión grado 3
≥ 180
≥ 110
La clasificación norteamericana de la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) de 2017 sitúa el umbral de hipertensión en 130/80 mmHg, por debajo del europeo. Ambas escalas conviven en la literatura y en la práctica; el matiz importa sobre todo en el rango 130-139/80-89, que las guías europeas etiquetan como "normal-alta" y las norteamericanas como "hipertensión de estadio 1".Presión arterial alta: concepto de hipertensión
Presión arterial baja: concepto de hipotensión
Cómo se mide la presión arterial
Factores que influyen en la presión arterial
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la expresión "presión arterial"?
¿Es lo mismo presión arterial que tensión arterial?
¿Qué significa "120/80"?
¿La presión arterial varía según la edad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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