DICCIONARIO MÉDICO
Gasto cardiaco
El gasto cardíaco (GC) es el volumen de sangre que el corazón expulsa por minuto. Se obtiene multiplicando la frecuencia cardíaca por el volumen sistólico y en un adulto sano en reposo oscila entre 4,5 y 5,5 litros por minuto. También se denomina débito cardíaco. En fisiología cardiovascular, el gasto cardíaco expresa la capacidad del corazón para abastecer de sangre al conjunto del organismo. Su fórmula es directa: GC = FC × VS, donde FC representa los latidos por minuto y VS la sangre expulsada en cada latido. El término castellano «gasto» traduce literalmente la idea de caudal consumido o empleado, mientras que en la tradición francófona se prefiere débit cardiaque y en la anglófona cardiac output. Las tres expresiones designan el mismo concepto, aunque el sinónimo débito cardíaco conserva cierto uso en textos clásicos hispanos. Un corazón que late 72 veces por minuto y expulsa 70 mililitros en cada contracción genera un gasto de unos 5 litros por minuto, cifra que coincide, aproximadamente, con el volumen total de sangre circulante. Durante el ejercicio intenso ese valor puede multiplicarse por cuatro o cinco en personas entrenadas, porque tanto la frecuencia como el volumen sistólico aumentan de forma simultánea. Tres variables gobiernan el volumen sistólico y, por extensión, el gasto: la precarga, la poscarga y la contractilidad miocárdica. La precarga refleja el grado de llenado ventricular al final de la diástole; a mayor llenado, más se estiran las fibras del miocardio y más enérgica es la contracción subsiguiente. Ese comportamiento fue descrito de forma independiente por Otto Frank y Ernest Starling a comienzos del siglo XX, y se conoce como ley de Frank-Starling. La poscarga, en cambio, es la resistencia que el ventrículo debe vencer para abrir la válvula aórtica y lanzar la sangre hacia la circulación sistémica. Cuando la resistencia vascular periférica sube (por vasoconstricción, por ejemplo), el ventrículo trabaja contra una carga mayor y tiende a expulsar menos sangre por latido, salvo que compense con un aumento de la fuerza contráctil. No todo depende de mecanismos intrínsecos del músculo cardíaco. El sistema nervioso autónomo modula la frecuencia y la contractilidad de forma continua: la rama simpática, mediante noradrenalina, acelera el corazón y refuerza cada contracción; la rama parasimpática, a través del nervio vago, lo frena. Esa doble regulación permite que el gasto se ajuste segundo a segundo a las demandas metabólicas cambiantes del cuerpo. La presión arterial se define como el producto del gasto cardíaco por la resistencia vascular periférica. Por eso, una misma cifra de presión puede esconder realidades hemodinámicas muy distintas: un gasto alto con resistencia baja, o un gasto normal con arteriolas muy contraídas. Interpretar correctamente la presión requiere pensar en los dos términos de la ecuación, no solo en uno. Se habla de gasto cardíaco bajo cuando el corazón no consigue bombear la sangre que el organismo necesita. Es la situación propia de la insuficiencia cardíaca avanzada y, en su forma más extrema, del shock cardiogénico. Para comparar el rendimiento del corazón entre personas de distinto tamaño corporal se recurre al índice cardíaco, que divide el gasto entre la superficie corporal y se expresa en litros por minuto por metro cuadrado. El primer método cuantitativo para estimar el gasto cardíaco fue ideado por Adolf Fick en 1870. Su principio parte de una lógica elegante: si se conoce cuánto oxígeno consume el organismo por minuto y cuánto difiere la concentración de oxígeno entre la sangre arterial y la venosa, el cociente entre ambos valores da el volumen de sangre que ha tenido que pasar por los pulmones en ese tiempo. El cateterismo cardíaco con termodilución, introducido décadas más tarde, ofreció una alternativa invasiva más directa. Hoy la ecocardiografía Doppler permite estimaciones no invasivas aceptables para la práctica clínica habitual, sin necesidad de catéter. «Gasto» deriva del verbo castellano gastar, que a su vez procede del latín tardío vastare (devastar, consumir). En el contexto circulatorio, la palabra alude al caudal de sangre que el corazón «gasta» o entrega al organismo por unidad de tiempo. El sinónimo débito cardíaco calca el francés débit (caudal, flujo) y se encuentra todavía en manuales de cardiología de tradición francófona. No. La fracción de eyección expresa qué porcentaje de la sangre contenida en el ventrículo se expulsa en cada latido, mientras que el gasto cardíaco mide el volumen total bombeado por minuto. Un corazón con fracción de eyección conservada puede tener un gasto bajo si la frecuencia cardíaca es muy lenta, y viceversa. Sí, y la magnitud del aumento sorprende. En reposo el gasto ronda los 5 litros por minuto; en un deportista de élite puede superar los 30 litros por minuto durante el esfuerzo máximo. La mayor parte de ese incremento procede del volumen sistólico, que crece hasta un tope fisiológico, y del aumento de la frecuencia cardíaca. En condiciones estables, el gasto cardíaco debe igualar al retorno venoso. Si llega más sangre al corazón (por ejemplo, al pasar de estar de pie a estar tumbado), el ventrículo se llena más, la ley de Frank-Starling actúa y el gasto se ajusta al alza. Cuando el retorno cae (como en una hemorragia), el gasto desciende salvo que la frecuencia compense.Qué es el gasto cardíaco
Factores que lo regulan
Gasto cardíaco y presión arterial
Cómo se mide
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el término «gasto cardíaco»?
¿Es lo mismo gasto cardíaco que fracción de eyección?
¿Puede aumentar mucho durante el ejercicio?
¿Qué relación tiene con el retorno venoso?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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