DICCIONARIO MÉDICO

Presión del pulso

La presión de pulso, también llamada presión diferencial, es la diferencia numérica entre la presión sistólica y la presión diastólica. Se calcula restando la cifra inferior de la superior (120 menos 80 son 40 mmHg, por ejemplo) y refleja, de forma indirecta, la rigidez de las grandes arterias y el volumen de sangre que el corazón expulsa en cada latido.

Qué es la presión de pulso

Cada contracción del ventrículo izquierdo genera una onda de presión que se propaga por el árbol arterial. La amplitud de esa onda, es decir, la diferencia entre su pico máximo (sistólica) y su valle mínimo (diastólico), es lo que se denomina presión de pulso. En una presión arterial de 120/80 mmHg, la presión de pulso es de 40 mmHg.

El nombre no es casual. «Pulso» procede del latín pulsus, «golpe» o «empujón», participio de pellĕre, «empujar». Es la misma raíz de la que deriva el pulso arterial que se palpa en la muñeca. La presión de pulso cuantifica, en milímetros de mercurio, la magnitud de ese empujón que la sangre transmite a la pared arterial con cada latido.

Dos factores determinan su valor. El volumen sistólico (la cantidad de sangre que el ventrículo eyecta en cada contracción) es uno de ellos; el otro es la distensibilidad, o compliance, de la aorta y de las grandes arterias. Un volumen sistólico mayor genera una onda más amplia. Una aorta rígida, incapaz de expandirse para amortiguar esa onda, también la ensancha. Por eso la presión de pulso tiende a aumentar con la edad, a medida que las paredes arteriales pierden elasticidad.

Valores de referencia

En adultos sanos en reposo, la presión de pulso se sitúa habitualmente entre 30 y 50 mmHg. No existen unos umbrales tan estandarizados como los de la presión sistólica o la diastólica, pero la literatura cardiovascular señala dos extremos relevantes.

Una presión de pulso amplia, por encima de 60 mmHg, se asocia a rigidez arterial significativa y se ha identificado como factor de riesgo cardiovascular independiente, sobre todo en personas mayores de 50 años. Puede verse en la hipertensión sistólica aislada (cuando la sistólica sube pero la diastólica no acompaña), en la insuficiencia aórtica y en el hipertiroidismo.

Por debajo de 25 mmHg, en cambio, se habla de presión de pulso estrecha: la diferencia entre la presión máxima y la mínima se ha reducido. Esto ocurre en situaciones de bajo gasto cardíaco, como la insuficiencia cardíaca avanzada o la pérdida grave de volumen, y también en el taponamiento cardíaco o la estenosis aórtica grave, donde el ventrículo eyecta menos sangre por latido.

Presión de pulso y rigidez arterial con la edad

El comportamiento de la presión de pulso a lo largo de la vida ilustra bien el envejecimiento vascular. En un adulto joven con arterias elásticas, la aorta se expande durante la sístole y devuelve esa energía durante la diástole, amortiguando la onda de presión; el resultado es una presión de pulso relativamente estrecha. Con los años, la pared arterial acumula colágeno, pierde elastina y se rigidiza. La sistólica sube, la diastólica puede incluso descender, y la presión de pulso se ensancha. Ese ensanchamiento progresivo es uno de los marcadores más tempranos de la arteriosclerosis de las grandes arterias.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo presión de pulso que pulso arterial?

No. El pulso arterial es la expansión rítmica de una arteria que se percibe al palpar, en la muñeca o el cuello, y suele contarse como latidos por minuto. La presión de pulso es un valor numérico, expresado en mmHg, que resulta de restar la presión diastólica de la sistólica. Comparten raíz etimológica (latín pulsus), pero miden cosas distintas.

¿Se puede calcular en casa?

Sí, a partir de cualquier lectura de tensiómetro. Basta con restar la cifra inferior de la superior. Si la lectura es 135/85, la presión de pulso es 50 mmHg.

¿Una presión de pulso alta se puede reducir?

El abordaje se centra en el control de la presión arterial en su conjunto: ejercicio aeróbico regular, reducción de la ingesta de sodio y control del peso son medidas que favorecen la salud vascular y frenan la rigidez arterial. Para información sobre tratamiento, puede consultar la información clínica sobre hipertensión arterial elaborada por la Clínica Universidad de Navarra.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Medición de la presión arterial. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Mayo Clinic. Presión diferencial: ¿un indicador de la salud del corazón?
  3. Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA). La presión arterial alta y las personas mayores.
  4. Fundación Española del Corazón. Hipertensión y riesgo cardiovascular.

Entradas relacionadas en el diccionario

  • Presión arterial: la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes arteriales a lo largo del ciclo cardíaco.
  • Presión sistólica: la cifra superior de la lectura, registrada durante la contracción ventricular.
  • Presión diastólica: la cifra inferior, medida durante la relajación del corazón entre latidos.
  • Pulso: expansión rítmica de una arteria perceptible al tacto, concepto diferente de la presión de pulso.
  • Sístole: fase de contracción ventricular del ciclo cardíaco.
  • Diástole: fase de relajación ventricular del ciclo cardíaco.
  • Gasto cardíaco: volumen de sangre bombeado por el corazón en un minuto.
  • Hipotensión: presión arterial inferior a 90/60 mmHg de forma sostenida.

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