DICCIONARIO MÉDICO
Presión diastólica
La presión diastólica es la cifra inferior de una lectura de presión arterial: la presión mínima que la sangre mantiene contra la pared de las arterias durante la diástole, el intervalo de relajación del corazón entre un latido y el siguiente. Se expresa en milímetros de mercurio (mmHg) y, según los criterios europeos vigentes, un valor por debajo de 70 mmHg se considera dentro del rango no elevado. Cuando el corazón termina de contraerse, el ventrículo izquierdo se relaja y las válvulas aórtica y pulmonar se cierran de golpe. La sangre que momentos antes fue impulsada hacia la aorta no se detiene ahí: la pared arterial, distendida por el propio latido, libera parte de esa energía almacenada y sigue empujando la sangre hacia la periferia mientras el corazón descansa. La presión que persiste en las arterias durante ese intervalo (el segundo número de la lectura, el 80 en un «120 sobre 80») es la presión diastólica. «Diastólica» procede del griego διαστολή (diastolḗ), «dilatación», formado por διά (diá), «a través», y στέλλω (stéllō), «enviar, apretar». La raíz nombra justamente lo que hace el corazón al relajarse: se dilata para volver a llenarse de sangre. Es la contrapartida exacta de «sístole» (συστολή, «contracción»), aunque lo que refleja la cifra diastólica no es la fuerza de bombeo del corazón, sino la resistencia que encuentra la sangre en las arteriolas y la capacidad de las grandes arterias para sostener la presión entre un latido y el siguiente. La presión sistólica depende sobre todo del volumen que el corazón expulsa en cada latido y de cuánto se distiende la aorta para acogerlo. La diastólica obedece a un equilibrio distinto: el tono de las arteriolas periféricas (regulado por el sistema nervioso autónomo y por mediadores como la angiotensina II) y la frecuencia cardíaca. Un corazón que late más despacio alarga la diástole y da más tiempo a que la sangre drene hacia los capilares, de modo que la presión tiende a bajar; si el pulso se acelera, ese intervalo se acorta y la cifra diastólica se sostiene más alta. Con los años la aorta pierde elasticidad y devuelve menos energía durante la diástole. La consecuencia es casi contradictoria: la presión sistólica sube porque la arteria rígida ya no amortigua el impulso del latido, mientras que la diastólica se estanca o incluso desciende. Ahí está la explicación de que la hipertensión en edades avanzadas sea predominantemente sistólica, y de que en adultos jóvenes sea más habitual encontrar la diastólica elevada de forma aislada. La guía europea vigente (Sociedad Europea de Cardiología, 2024) simplificó la antigua escalera de cinco categorías y dejó solo tres: presión no elevada cuando la diastólica está por debajo de 70 mmHg y la sistólica por debajo de 120; presión elevada entre 70 y 89 mmHg de diastólica (o 120-139 de sistólica); e hipertensión a partir de 90 mmHg de diastólica o 140 de sistólica, umbral que no ha cambiado respecto a las guías previas. La categoría intermedia no equivale a un diagnóstico, aunque puede justificar tratamiento si el riesgo cardiovascular global lo aconseja. En Estados Unidos el esquema conserva cuatro escalones en lugar de tres, con un umbral diagnóstico más bajo: 130/80 mmHg. La guía de la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología, actualizada en 2025, distingue diastólica normal por debajo de 80 mmHg, elevada hasta ese mismo límite, estadio 1 entre 80 y 89, y estadio 2 a partir de 90. Ninguno de los dos sistemas es más «correcto» que el otro: reflejan umbrales de intervención distintos, no una diferencia biológica entre pacientes. Por debajo de 60 mmHg, la cifra diastólica se considera baja. En personas jóvenes y sin síntomas puede tratarse de una variante fisiológica sin mayor trascendencia; si se acompaña de mareo, fatiga o sensación de desvanecimiento, conviene descartar un cuadro de hipotensión. Existe una forma de hipertensión en la que solo la cifra diastólica supera el umbral (90 mmHg en Europa, 80 en Estados Unidos) mientras la sistólica permanece normal. Es la hipertensión diastólica aislada, más frecuente en adultos jóvenes y de mediana edad, y se ha relacionado con el aumento del tono de las arteriolas de resistencia, el sobrepeso, el consumo elevado de sodio y el sedentarismo. Durante décadas se dio por hecho que esta elevación aislada conllevaba el mismo riesgo cardiovascular que cualquier otra forma de hipertensión: estudios de cohortes clásicos situaron el aumento de riesgo de ictus y cardiopatía coronaria en el tramo de edad de 40 a 89 años. Un seguimiento de veinticinco años publicado en 2020, sin embargo, no encontró asociación significativa entre la hipertensión diastólica aislada, definida con los criterios de 2017, y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular ateroesclerótica, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica. El debate sigue abierto. Lo que parece más sólido es que, a partir de los 55 años, la forma aislada se vuelve rara y el peso pronóstico recae casi por completo en la cifra sistólica. Del griego διαστολή (diastolḗ), «dilatación», formado por διά, «a través», y στέλλω, «enviar, apretar». Nombra la fase en la que el corazón se relaja y se dilata para volver a llenarse. No en la cifra que define la hipertensión, que sigue en 90 mmHg de diastólica. Lo que cambió fue el mapa de categorías por debajo de ese umbral: desaparecieron las etiquetas «óptima», «normal» y «normal-alta», sustituidas por una sola franja de «presión elevada» entre 70 y 89 mmHg. Depende de la edad. En menores de 55 años, ambas cifras predicen el riesgo cardiovascular de forma parecida; a partir de esa edad, el peso pronóstico recae casi por completo en la sistólica. Porque las grandes arterias pierden elasticidad. Una aorta rígida devuelve menos energía durante la diástole, así que la presión cae más deprisa en ese tramo del ciclo; al mismo tiempo, como ya no amortigua bien el impulso del latido, la sistólica se eleva. El resultado es una presión de pulso (la diferencia entre ambas) más ancha. La diástole es la fase de relajación y llenado del ventrículo; la presión diastólica es la cifra de presión arterial que se registra durante esa fase. Una nombra un movimiento del corazón; la otra, su huella en las arterias.Qué es la presión diastólica
De qué depende la cifra diastólica
Valores de referencia y clasificación actual
Hipertensión diastólica aislada
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «diastólica»?
¿Cambió el umbral de hipertensión con la última guía europea?
¿Es la diastólica más importante que la sistólica?
¿Por qué la diastólica tiende a bajar con la edad mientras la sistólica sube?
¿Qué diferencia hay entre presión diastólica y diástole?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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