DICCIONARIO MÉDICO
Presión diastólica
La presión diastólica es la cifra inferior de la lectura de presión arterial. Corresponde a la presión mínima que la sangre ejerce contra las paredes de las arterias durante la diástole, la fase de relajación del corazón entre un latido y el siguiente. Se expresa en milímetros de mercurio (mmHg) y un valor inferior a 80 mmHg se considera óptimo en adultos. Tras cada contracción, el ventrículo izquierdo se relaja y las válvulas aórtica y pulmonar se cierran. La sangre que acaba de ser expulsada hacia la aorta ya no recibe un nuevo impulso, pero no se detiene: la elasticidad de las paredes arteriales devuelve parte de la energía almacenada durante la distensión y mantiene el flujo hacia los tejidos. La presión que persiste en ese intervalo de relajación ventricular es la presión diastólica, la cifra que aparece en segundo lugar en una lectura convencional (por ejemplo, 80 en "120/80 mmHg"). "Diastólica" viene del griego διαστολή (diastolḗ), "dilatación" o "expansión", formado por διά (diá), "a través", y στέλλω (stéllō), "enviar". El término describe lo que hace el corazón al relajarse: se dilata para recibir sangre de nuevo. La raíz es simétrica a la de "sistólica" (συστολή, "contracción"), pero el fenómeno hemodinámico que refleja la cifra diastólica es distinto: más que la fuerza de eyección del corazón, informa sobre la resistencia que oponen las arteriolas al paso de la sangre y sobre la capacidad elástica de las grandes arterias para mantener la presión entre latidos. Mientras que la presión sistólica está determinada ante todo por el volumen eyectado y la distensibilidad aórtica, la presión diastólica refleja un equilibrio diferente. Su valor depende sobre todo de dos factores: la resistencia vascular periférica —el tono de contracción de las arteriolas, regulado por el sistema nervioso autónomo y por mediadores como la angiotensina II— y la frecuencia cardíaca. Si el corazón late más despacio, la diástole dura más y la sangre tiene más tiempo para fluir hacia los capilares, con lo que la presión diastólica tiende a descender; si late más deprisa, el intervalo se acorta y la presión se mantiene más alta. Con el envejecimiento, la aorta pierde elasticidad y devuelve menos energía durante la diástole. El resultado es paradójico: la presión sistólica sube porque la arteria rígida no amortigua la onda de presión, pero la diastólica puede estabilizarse o incluso caer. Este fenómeno explica por qué la hipertensión de las personas mayores suele ser predominantemente sistólica, mientras que en adultos jóvenes es más frecuente la elevación aislada de la diastólica. Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC/ESH) clasifican la presión diastólica del siguiente modo: óptima por debajo de 80 mmHg, normal entre 80 y 84 mmHg, normal-alta entre 85 y 89 mmHg e hipertensión a partir de 90 mmHg (grado 1: 90-99; grado 2: 100-109; grado 3: ≥ 110). Las guías norteamericanas (AHA/ACC, 2017) sitúan el umbral en 80 mmHg. La tabla completa con ambas clasificaciones puede consultarse en la entrada presión arterial. Una presión diastólica por debajo de 60 mmHg se considera baja. En personas jóvenes y sin síntomas puede ser fisiológica, pero cuando se acompaña de mareo, fatiga o sensación de desvanecimiento, conviene descartar un cuadro de hipotensión. Existe una forma de hipertensión en la que la cifra diastólica se eleva por encima de 90 mmHg (o de 80 mmHg según las guías norteamericanas) mientras la sistólica permanece dentro del rango normal. Es lo que se denomina hipertensión diastólica aislada, más frecuente en adultos menores de 40-50 años. Se atribuye a un aumento del tono de las arteriolas de resistencia y se ha relacionado con sobrepeso, consumo excesivo de sodio y sedentarismo. Durante años, la investigación cardiovascular puso mayor énfasis en la presión sistólica como predictor de riesgo, pero datos recientes han mostrado que la elevación sostenida de la diastólica también se asocia a un aumento del riesgo de ictus y enfermedad coronaria, especialmente en el rango de edad de 40 a 89 años. Para información sobre diagnóstico y tratamiento, consulte la ficha clínica de hipertensión arterial de la Clínica Universidad de Navarra. Del griego διαστολή (diastolḗ), "dilatación", compuesto por el prefijo διά- ("a través") y στέλλω ("enviar, apretar"). Describe la fase del ciclo cardíaco en la que el corazón se relaja y se dilata para llenarse de sangre. Depende del contexto. En adultos jóvenes y de mediana edad, una diastólica persistentemente elevada —por encima de 90 mmHg— es un marcador de riesgo cardiovascular significativo y a menudo el primer dato anómalo que aparece. A partir de los 50-60 años, la sistólica adquiere más peso pronóstico. Lo recomendable es valorar ambas cifras en conjunto. Porque las grandes arterias pierden elasticidad. Durante la diástole, una aorta rígida devuelve menos energía al flujo sanguíneo y la presión cae más rápidamente. El resultado es que la sistólica sube y la diastólica se estanca o desciende, ensanchando la presión de pulso. La diástole es la fase del ciclo cardíaco en la que los ventrículos se relajan y se llenan. La presión diastólica es la cifra de presión arterial que se registra durante esa fase. Una se refiere a un evento mecánico del corazón; la otra, a su consecuencia hemodinámica en las arterias. Si desea profundizar en conceptos asociados a la presión diastólica, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la presión diastólica
De qué depende la cifra diastólica
Valores normales y cuándo se considera alta o baja
Hipertensión diastólica aislada
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "diastólica"?
¿La diastólica puede ser más importante que la sistólica?
¿Por qué la diastólica baja con la edad?
¿Qué diferencia hay entre presión diastólica y diástole?
Referencias
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