DICCIONARIO MÉDICO
Leucocito
Los leucocitos —comúnmente llamados glóbulos blancos— son las células sanguíneas encargadas de defender al organismo frente a infecciones y sustancias extrañas. Se producen en la médula ósea, circulan por la sangre y migran hacia los tejidos cuando el sistema inmunitario los requiere. En un adulto sano, su recuento se sitúa entre 4 000 y 11 000 por microlitro de sangre. Un leucocito es cualquier célula nucleada de la sangre que participa en la respuesta inmunitaria. A diferencia de los hematíes, que transportan oxígeno, y de las plaquetas, que intervienen en la coagulación, los leucocitos tienen como función primaria la defensa: reconocen patógenos —bacterias, virus, hongos, parásitos—, los destruyen por fagocitosis o mediante mecanismos inmunológicos específicos y contribuyen después a la reparación tisular. Dos raíces griegas componen el nombre: λευκός (leukós), "blanco", y κύτος (kýtos), que en griego clásico significaba "receptáculo" o "cavidad" y que la biología del siglo XIX adoptó para designar la célula. Los leucocitos, en rigor, no son blancos: vistos al microscopio, resultan translúcidos. El nombre describe lo que se observa al centrifugar o dejar sedimentar un tubo de sangre: los hematíes se depositan en el fondo, el plasma queda arriba y entre ambos aparece una franja delgada de aspecto blanquecino —la capa leucocítica o buffy coat—, formada casi en exclusiva por leucocitos y plaquetas. Fue esa franja la que sugirió a los primeros microscopistas el apelativo de "glóbulos blancos". A comienzos de la década de 1770 el anatomista británico William Hewson describió con cierto detalle estas células incoloras en la sangre y llegó a observar que aumentaban durante las infecciones, aunque no pudo explicar por qué. Más de un siglo después, en 1878, el entonces joven Paul Ehrlich presentó su tesis doctoral sobre las tinciones con anilinas: al aplicar colorantes ácidos, básicos y neutros a los frotis sanguíneos, demostró que no existía un único tipo de glóbulo blanco, sino varios, diferenciables por la afinidad tintorial de sus gránulos citoplasmáticos. Esa observación sentó las bases de la clasificación que sigue vigente. La clasificación de Ehrlich agrupa los leucocitos en dos grandes familias según la presencia de gránulos específicos en su citoplasma: granulocitos (con gránulos visibles tras la tinción) y agranulocitos (sin gránulos específicos, aunque puedan contener gránulos inespecíficos). Dentro de cada familia se distinguen los cinco tipos que informa el hemograma cuando se solicita la fórmula leucocitaria. En condiciones normales, entre el 50 y el 70 % de los leucocitos circulantes son neutrófilos. Son granulocitos con un núcleo segmentado en varios lóbulos —de ahí la denominación «polimorfonuclear» que a menudo se les aplica— y representan la primera línea de defensa fagocítica frente a las infecciones bacterianas. La presencia de una enzima que contiene hemo, la mieloperoxidasa, confiere a sus gránulos un tono verdoso: cuando se acumulan en gran número en un foco infeccioso, el resultado visible es el pus. Los linfocitos, segundo grupo en frecuencia (20-40 %), son agranulocitos de núcleo redondeado y escaso citoplasma. Su campo de acción es la inmunidad adaptativa: reconocen antígenos concretos, generan anticuerpos y conservan una memoria inmunológica que permite responder con mayor eficacia ante una segunda exposición al mismo patógeno. Monocitos. Representan entre el 2 y el 8 % del total. Son las células de mayor tamaño entre los leucocitos circulantes y poseen un núcleo arriñonado característico. Cuando abandonan el torrente sanguíneo y penetran en los tejidos se transforman en macrófagos o en células dendríticas, con una capacidad fagocítica muy superior a la que exhiben en la circulación. Los eosinófilos (1-4 %) toman su nombre de la afinidad de sus gránulos por la eosina, un colorante ácido de tono rosado. Intervienen de forma preferente en la defensa frente a parásitos pluricelulares y participan en la modulación de las respuestas alérgicas. Y los basófilos, los menos numerosos (menos del 1 %), se tiñen con colorantes básicos como el azul de metileno y almacenan histamina y heparina en sus gránulos, mediadores que desencadenan respuestas inflamatorias inmediatas. El recuento de leucocitos refleja un equilibrio dinámico entre tres procesos: la velocidad a la que la médula ósea los produce y los libera, el tiempo que permanecen en la circulación y la tasa a la que migran a los tejidos o son destruidos. Cuando ese recuento sobrepasa las 11 000 células/µL se habla de leucocitosis; cuando desciende por debajo de 4 000, de leucopenia. Lo que realmente orienta al clínico, sin embargo, no es tanto la cifra global como saber cuál de los cinco tipos está alterado, dato que proporciona la fórmula leucocitaria. Un aumento aislado de neutrófilos, de eosinófilos o de linfocitos remite a contextos fisiopatológicos muy distintos. El hemograma registra tanto el recuento absoluto como el porcentaje relativo de cada tipo, y la interpretación exige leer ambas cifras conjuntamente: un porcentaje elevado de linfocitos puede deberse a un descenso de neutrófilos y no a un aumento real de linfocitos. Del griego λευκός (leukós), "blanco", y κύτος (kýtos), "célula". El nombre no alude al color de cada célula individual —que es translúcida—, sino al aspecto blanquecino de la capa que forman los leucocitos cuando se separan del resto de la sangre por centrifugación. Sí. "Glóbulo blanco" es la denominación castellana equivalente. En la práctica clínica y en los informes de laboratorio se emplean indistintamente. Se estima que un adulto sano genera en torno a cien mil millones de leucocitos diarios. Esa cifra no es constante: ante una infección, la médula ósea acelera la producción para suministrar más células al frente de defensa, y puede incluso liberar formas inmaduras que en condiciones normales no pasarían a la circulación. La clasificación depende de si el citoplasma contiene o no gránulos específicos visibles con las tinciones hematológicas. Los granulocitos —neutrófilos, eosinófilos y basófilos— los poseen; los agranulocitos —linfocitos y monocitos— carecen de ellos, aunque los monocitos presentan gránulos inespecíficos (azurófilos) que no definen su identidad tintorial. Si desea profundizar en conceptos asociados al leucocito, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el leucocito
Las dos familias celulares y los cinco tipos
Aumento y disminución de leucocitos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra leucocito?
¿Leucocito y glóbulo blanco son lo mismo?
¿Cuántos leucocitos produce el organismo cada día?
¿Qué diferencia hay entre granulocitos y agranulocitos?
Referencias
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