DICCIONARIO MÉDICO
Leucocito
Los leucocitos, comúnmente llamados glóbulos blancos, son las células sanguíneas responsables de la defensa del organismo frente a infecciones y sustancias extrañas. Se producen en la médula ósea, circulan por la sangre y migran a los tejidos cuando el sistema inmunitario los necesita. El recuento normal en un adulto sano oscila entre 4 000 y 11 000 leucocitos por microlitro de sangre. Un leucocito es cualquier célula nucleada de la sangre que participa en las funciones de defensa inmunitaria. A diferencia de los eritrocitos (glóbulos rojos), los leucocitos conservan su núcleo y orgánulos celulares completos, lo que les permite sintetizar proteínas, dividirse en algunos casos y, sobre todo, responder de forma activa a señales químicas del entorno. Son más grandes que los eritrocitos —su diámetro oscila entre 8 y 20 µm— pero mucho menos numerosos: representan apenas el 1 % del volumen sanguíneo total. La palabra procede de dos raíces griegas: λευκός (leukós), "blanco", y κύτος (kýtos), que originalmente significaba "recipiente" o "cavidad" y en biología pasó a designar "célula". El nombre alude al aspecto que presentan estas células cuando se centrifuga una muestra de sangre: se concentran en una capa delgada, blanquecina y algo opaca —la llamada capa leucocítica o buffy coat— situada entre el plasma (arriba) y los eritrocitos sedimentados (abajo). El sinónimo castellano "glóbulo blanco" traduce directamente esa imagen. El fisiólogo inglés William Hewson fue uno de los primeros en describir estas células a mediados del siglo XVIII, aunque su trabajo quedó eclipsado durante décadas. Fue Rudolf Virchow quien, a mediados del XIX, estableció el concepto de que los leucocitos eran células con entidad propia y con un papel activo en la patología, sentando las bases de lo que después sería la hematología moderna. Todos los leucocitos derivan de una célula madre hematopoyética pluripotente que reside en la médula ósea. A partir de ella se generan dos grandes linajes: el mieloide, que dará lugar a los granulocitos (neutrófilos, eosinófilos y basófilos), a los monocitos y a las células dendríticas mieloides; y el linfoide, del que proceden los linfocitos T, los linfocitos B y las células NK. Se estima que un adulto sano produce en torno a 100 000 millones de leucocitos cada día, cifra que puede multiplicarse en situaciones de infección o estrés fisiológico. Una característica distintiva de los leucocitos —y que los diferencia radicalmente de los eritrocitos— es su capacidad de abandonar el torrente sanguíneo. Mediante un proceso llamado diapédesis, los leucocitos se adhieren al endotelio vascular, se deforman y atraviesan la pared del capilar para llegar al tejido donde se necesitan. Una vez allí, pueden fagocitar microorganismos, liberar sustancias microbicidas, presentar antígenos a otras células del sistema inmunitario o destruir células infectadas. La clasificación clásica, basada en la presencia o ausencia de gránulos visibles en el citoplasma al microscopio óptico tras tinciones como la de Wright o Giemsa, divide los leucocitos en dos grandes grupos. Granulocitos. Contienen gránulos citoplasmáticos cargados de enzimas y mediadores de la inflamación. Su núcleo suele ser lobulado, razón por la que también se les llama leucocitos polimorfonucleares. Incluyen tres tipos. Los neutrófilos, con mucho los más abundantes (50-70 % del total), son la primera línea de defensa contra las infecciones bacterianas y fúngicas; su acumulación y muerte masiva en un foco infeccioso es lo que forma el pus. Los eosinófilos (1-4 %) intervienen en la defensa frente a parásitos y en la modulación de las respuestas alérgicas; sus gránulos se tiñen de rojo anaranjado con la eosina. Y los basófilos, los menos frecuentes (< 1 %), contienen histamina y heparina y participan en las reacciones de hipersensibilidad inmediata. Agranulocitos. Carecen de gránulos específicos visibles (aunque poseen lisosomas) y tienen un núcleo redondeado u ovalado, no lobulado. Comprenden los linfocitos (20-40 % del total) y los monocitos (2-8 %). Los linfocitos son los actores centrales de la inmunidad adaptativa: los B producen anticuerpos, los T reconocen y destruyen células infectadas o coordinan la respuesta inmunitaria, y las células NK eliminan células tumorales o infectadas por virus sin necesidad de reconocimiento antigénico previo. Los monocitos, una vez migran a los tejidos, se diferencian en macrófagos —los "grandes comedores" de la fagocitosis— o en células dendríticas, presentadoras de antígenos por excelencia. El hemograma incluye, además del recuento total de leucocitos, un desglose de la proporción de cada tipo: es la fórmula leucocitaria. Esa distribución porcentual aporta información clínica mucho más específica que la cifra global. Un predominio de neutrófilos sugiere una infección bacteriana; un aumento de linfocitos orienta hacia una infección viral; una eosinofilia puede indicar una parasitosis o un cuadro alérgico. Cuando el recuento total supera los 11 000/µL se habla de leucocitosis; cuando cae por debajo de 4 000/µL, de leucopenia. Un concepto clásico de la semiología hematológica es la "desviación a la izquierda": la aparición en sangre periférica de formas inmaduras de neutrófilos (cayados, metamielocitos) que normalmente permanecen en la médula ósea. Su presencia indica que la médula está acelerando la producción ante una demanda urgente, habitualmente una infección bacteriana grave. Eritrocitos (glóbulos rojos). Son células anucleadas, cargadas de hemoglobina, cuya función exclusiva es el transporte de oxígeno y dióxido de carbono. No participan en la defensa inmunitaria. Su diámetro es de unos 7 µm, menor que el de la mayoría de los leucocitos, y son extraordinariamente más abundantes: unos 4,5-5,5 millones por microlitro frente a los 4 000-11 000 leucocitos. Plaquetas (trombocitos). Son fragmentos citoplasmáticos derivados de los megacariocitos de la médula ósea, sin núcleo, cuya función principal es la hemostasia (formación del tapón plaquetario y activación de la cascada de la coagulación). Aunque interactúan con los leucocitos en los procesos inflamatorios, su papel es fundamentalmente hemostático, no inmunitario. Mastocitos. Son células tisulares con gránulos ricos en histamina que recuerdan morfológicamente a los basófilos pero residen permanentemente en los tejidos conectivos (no circulan por la sangre en condiciones normales) y tienen un linaje diferenciado, aunque también derivan de precursores mieloides de la médula ósea. Del griego λευκός (leukós), "blanco", y κύτος (kýtos), "célula". El nombre se refiere al color blanquecino de la capa que forman estas células cuando se centrifuga la sangre, separándose del plasma (amarillento) y de los eritrocitos (rojos). En castellano, el sinónimo directo es "glóbulo blanco". Cinco tipos principales circulan en la sangre periférica: neutrófilos, eosinófilos y basófilos (los tres son granulocitos), linfocitos y monocitos (agranulocitos). Los linfocitos, a su vez, se subdividen en linfocitos B, linfocitos T y células NK. A esta clasificación se añaden las células dendríticas y los macrófagos, que derivan de los monocitos una vez que estos migran a los tejidos. Un recuento elevado (leucocitosis) suele indicar que el organismo está respondiendo a una infección, una inflamación, un estrés intenso o, con menos frecuencia, a una neoplasia hematológica. Un recuento bajo (leucopenia) puede deberse a infecciones virales, fármacos inmunosupresores, enfermedades autoinmunes o problemas de la médula ósea. En ambos casos, lo más informativo es analizar qué tipo concreto de leucocito está alterado mediante la fórmula leucocitaria. No. Linfocito es un tipo de leucocito, pero no el único. Los leucocitos engloban a los cinco tipos de glóbulos blancos (neutrófilos, eosinófilos, basófilos, linfocitos y monocitos). Decir "leucocito" es como decir "fruta"; decir "linfocito" es como decir "manzana": toda manzana es una fruta, pero no toda fruta es una manzana. Vistos individualmente al microscopio, los leucocitos son efectivamente translúcidos o incoloros (y necesitan una tinción para diferenciarlos). El nombre proviene de la capa blanca que forman cuando la sangre se separa en sus componentes por centrifugación o sedimentación: esa capa, situada entre el plasma y los glóbulos rojos, tiene un aspecto blanquecino precisamente porque está compuesta por células sin hemoglobina. Si desea profundizar en conceptos asociados al leucocito, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el leucocito
Origen: la hematopoyesis en la médula ósea
Clasificación: granulocitos y agranulocitos
La fórmula leucocitaria como ventana clínica
Diferenciación con otros elementos formes de la sangre
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "leucocito"?
¿Cuántos tipos de leucocitos hay?
¿Qué significa tener los leucocitos altos o bajos?
¿Es lo mismo leucocito que linfocito?
¿Por qué se llaman "glóbulos blancos" si en realidad son incoloros?
Referencias
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