DICCIONARIO MÉDICO
Eosinofilia
La eosinofilia es el aumento del número de eosinófilos en la sangre periférica por encima de 500 por microlitro. Más que una enfermedad, es un hallazgo de laboratorio que orienta hacia cuadros alérgicos, infecciones parasitarias o, con menor frecuencia, trastornos hematológicos. Su detección forma parte de la fórmula leucocitaria incluida en el hemograma de rutina. Los eosinófilos son granulocitos cuyo rasgo más visible al microscopio es la avidez de sus gránulos citoplasmáticos por la eosina, un colorante ácido que les confiere un tono rosado-anaranjado intenso con las tinciones estándar de Wright o Giemsa. En condiciones normales representan entre el 1 y el 4 % de los leucocitos circulantes, rara vez más de 500/µL. Cuando el recuento supera esa cifra, se habla de eosinofilia. Conviene detenerse un momento en la etimología, porque es llamativa. El colorante eosina fue bautizado en 1871 por el químico Heinrich Caro a partir de Ἠώς (Ēṓs), la diosa griega del amanecer, por el tono rosado que adquieren sus soluciones acuosas, evocador de la luz del alba. Al nombre del colorante se añade el sufijo griego -φιλία (-philía), "afinidad" o "atracción". Así que "eosinófilo" es, literalmente, la célula que "ama la aurora" —la que se tiñe con el colorante del amanecer—, y "eosinofilia" designa la abundancia de esas células en la sangre. No siempre van de la mano. La eosinofilia sanguínea es la que detecta el hemograma: más de 500 eosinófilos por microlitro. Pero puede haber una infiltración significativa de eosinófilos en un tejido —el esófago en la esofagitis eosinofílica, el pulmón en la neumonía eosinofílica, el intestino en la colitis eosinofílica— sin que el recuento sanguíneo esté necesariamente elevado. Y a la inversa: una eosinofilia sanguínea marcada no siempre se acompaña de infiltración tisular. Cuando se sospecha eosinofilia tisular, la biopsia del órgano afectado es el método definitivo. La gradación por cifra absoluta ayuda a orientar la urgencia del estudio. Con una eosinofilia leve (500-1 500/µL) uno piensa primero en una rinitis alérgica, un asma de base atópica, una dermatitis o una parasitosis intestinal sin migración tisular: las causas cotidianas. Si el hemograma se ha pedido por una revisión rutinaria y el paciente está asintomático, muchas veces basta con repetirlo en unas semanas. Otra cosa es una eosinofilia moderada (1 500-5 000/µL). Aquí el abanico se abre: parasitosis con migración tisular (toxocariasis, estrongiloidiasis, esquistosomiasis), reacciones farmacológicas, vasculitis con componente eosinofílico como la granulomatosis eosinofílica con poliangitis, conectivopatías. Merece un estudio dirigido. Y una eosinofilia grave (por encima de 5 000/µL) obliga a pensar en grande. Si se mantiene más de seis meses o si ya hay indicios de daño orgánico —cardíaco, pulmonar, cutáneo, neurológico—, se entra en la definición del síndrome hipereosinofílico. En este escalón hay que descartar también las neoplasias eosinofílicas: la leucemia de eosinófilos y los síndromes mieloproliferativos con reordenamientos de PDGFRA o FGFR1. En la inmensa mayoría de los casos la eosinofilia es reactiva. Los eosinófilos aumentan como respuesta del sistema inmunitario a un estímulo externo: un alérgeno, un parásito, un fármaco. La señal llega a la médula ósea a través de citoquinas (sobre todo la interleucina-5), la médula produce más eosinófilos, y cuando el estímulo desaparece, el recuento se normaliza. Las enfermedades alérgicas son, en los países con saneamiento adecuado, la causa más habitual; en regiones con alta prevalencia de helmintiasis, las parasitosis toman el relevo. La eosinofilia clonal es mucho menos frecuente pero cambia radicalmente el panorama. En ella, la proliferación eosinofílica no obedece a un estímulo externo sino a una mutación adquirida en la célula progenitora de la médula ósea. Los eosinófilos no son reactivos: son la neoplasia misma. Es el caso de la leucemia eosinofílica crónica y de ciertas neoplasias mieloproliferativas con eosinofilia clonal. La citometría de flujo, el estudio citogenético y la biología molecular son las herramientas que permiten deslindar las dos categorías. El síndrome hipereosinofílico no es un sinónimo de eosinofilia grave: es su complicación más temida. Se define por la persistencia de más de 1 500 eosinófilos/µL durante más de seis meses (o por daño orgánico atribuible a eosinófilos antes de ese plazo) una vez descartadas las causas reactivas habituales. Los eosinófilos activados pueden infiltrar el corazón —produciendo fibrosis endomiocárdica—, los pulmones, la piel o el sistema nervioso. Que alguien tenga 2 000 eosinófilos un día después de un cuadro de urticaria es una eosinofilia reactiva banal; que los mantenga durante meses sin causa aparente y con un soplo cardíaco de nueva aparición es una situación completamente distinta. La eosinofiluria —presencia de eosinófilos en la orina— es otro concepto que conviene separar. Aparece en la nefritis intersticial inmunoalérgica, en el rechazo de injerto renal y en algunas infecciones urinarias parasitarias, pero no guarda necesariamente relación con la cifra de eosinófilos en sangre. Puede haber eosinofilia sin eosinofiluria y al revés. Y en la lectura de la fórmula leucocitaria, a veces se confunden eosinófilos con basófilos. Son células distintas: el basófilo contiene histamina y heparina en sus gránulos metacromáticos y su elevación (basofilia) suele asociarse a neoplasias mieloproliferativas, no a parasitosis ni a alergia. El eosinófilo alberga proteínas citotóxicas —la proteína básica mayor, la peroxidasa eosinofílica— orientadas sobre todo contra parásitos multicelulares. De "eosina", el colorante que tiñe los gránulos de estas células de un tono rosado —bautizado en honor a Eos (Ἠώς), la diosa griega del amanecer— y el sufijo griego -φιλία, "afinidad". La célula que muestra afinidad por ese colorante es el eosinófilo; su exceso en sangre, la eosinofilia. No necesariamente. En España y en otros países con baja prevalencia de parasitosis, la causa más habitual de eosinofilia son las enfermedades alérgicas: asma, rinitis, dermatitis atópica. Ahora bien, si ha habido viaje reciente a una zona endémica o contacto con aguas o tierras contaminadas, el médico incluirá el estudio parasitológico en el plan de trabajo. Las parasitosis con migración tisular —toxocariasis, estrongiloidiasis, esquistosomiasis— son las que más elevan los eosinófilos. Depende de la cifra y, sobre todo, del contexto. Una eosinofilia leve y aislada en un alérgico conocido rara vez tiene consecuencias. Una cifra por encima de 1 500/µL que persiste semanas o meses, o que se acompaña de fiebre, pérdida de peso, lesiones cutáneas o dificultad respiratoria, exige un estudio más amplio para descartar daño orgánico o una causa clonal. No. La eosinofilia es el hallazgo de laboratorio (eosinófilos >500/µL). El síndrome hipereosinofílico es una entidad clínica definida: eosinofilia persistente más daño orgánico atribuible a los eosinófilos, sin causa reactiva identificable. Toda persona con síndrome hipereosinofílico tiene eosinofilia, pero la inmensa mayoría de las personas con eosinofilia no tienen ni tendrán un síndrome hipereosinofílico. Si desea profundizar en conceptos asociados a la eosinofilia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la eosinofilia
Eosinofilia sanguínea y eosinofilia tisular
Clasificación según la cifra
Reactiva o clonal
Diferenciación con entidades que se confunden
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "eosinofilia"?
¿Tener los eosinófilos altos significa que tengo parásitos?
¿Cuándo es preocupante una eosinofilia?
¿Es lo mismo eosinofilia que síndrome hipereosinofílico?
Referencias
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