DICCIONARIO MÉDICO
Eosinofilia
La eosinofilia es el aumento del número de eosinófilos en la sangre periférica por encima de 500 por microlitro. No es una enfermedad en sí misma, sino un hallazgo de laboratorio que orienta hacia cuadros alérgicos, infecciones parasitarias o, con menor frecuencia, trastornos hematológicos. Su detección forma parte de la fórmula leucocitaria incluida en el hemograma. Los eosinófilos son granulocitos identificables al microscopio por la avidez de sus gránulos citoplasmáticos por la eosina, un colorante ácido que les da un tono rosado anaranjado con las tinciones de Wright o Giemsa. En condiciones normales representan entre el 1 y el 4 % de los leucocitos circulantes; rara vez superan los 500/µL. Cuando el recuento sobrepasa esa cifra, estamos ante una eosinofilia. El término combina «eosinófilo» (del nombre de la diosa griega del amanecer, Ἠώς, que dio nombre al colorante eosina por su tono rosado) con el sufijo griego -ία (-ía), que indica un estado o condición. La etimología detallada del eosinófilo y de la eosina puede consultarse en las entradas respectivas de este diccionario. Ambas no siempre coinciden. La eosinofilia sanguínea es la que detecta el hemograma: más de 500 eosinófilos por microlitro en sangre periférica. Pero puede haber infiltración significativa de eosinófilos en un tejido (el esófago en la esofagitis eosinofílica, el pulmón en la neumonía eosinofílica, el intestino en la colitis eosinofílica) sin que la cifra sanguínea esté necesariamente elevada. El recuento de sangre no refleja siempre lo que ocurre en los tejidos. A la inversa, una eosinofilia sanguínea marcada tampoco implica obligatoriamente infiltración tisular. Cuando se sospecha que los eosinófilos están dañando un órgano, la biopsia del tejido afectado es el método que zanja la cuestión. La gradación por cifra ayuda a orientar la urgencia del estudio. Una eosinofilia leve (500-1 500/µL) hace pensar primero en rinitis alérgica, asma atópico, dermatitis o una parasitosis intestinal sin migración tisular. Son las causas cotidianas. Si el hemograma se pidió por una revisión rutinaria y el paciente no tiene molestias, muchas veces basta con repetirlo en unas semanas. Con una eosinofilia moderada (1 500-5 000/µL) el abanico se abre de golpe: parasitosis con migración tisular como la toxocariasis o la estrongiloidiasis, reacciones adversas a medicamentos, vasculitis con componente eosinofílico, conectivopatías. Merece un estudio dirigido. Por encima de 5 000/µL la eosinofilia se clasifica como grave. Si persiste más de seis meses o si hay indicios de daño orgánico (cardíaco, pulmonar, cutáneo, neurológico), se entra en el terreno del síndrome hipereosinofílico. En este escalón también hay que descartar neoplasias eosinofílicas: la leucemia de eosinófilos y los síndromes mieloproliferativos con reordenamientos de PDGFRA o FGFR1. En la inmensa mayoría de los casos la eosinofilia es reactiva. Los eosinófilos aumentan como respuesta del sistema inmunitario a un estímulo externo: un alérgeno, un parásito, un fármaco. La señal llega a la médula ósea a través de citoquinas, con un papel destacado de la interleucina-5, la médula produce más eosinófilos y, cuando el estímulo cesa, el recuento vuelve a la normalidad. En países con saneamiento adecuado, las enfermedades alérgicas son la causa más habitual. En regiones con alta prevalencia de helmintiasis, las parasitosis ocupan el primer puesto. Otra cosa es la eosinofilia clonal. Mucho menos frecuente, cambia por completo el enfoque. Aquí la proliferación no obedece a un estímulo externo, sino a una mutación adquirida en la célula progenitora de la médula ósea. Los eosinófilos son la neoplasia misma. Es lo que ocurre en la leucemia eosinofílica crónica y en ciertas neoplasias mieloproliferativas con eosinofilia clonal. La citometría de flujo, el estudio citogenético y la biología molecular permiten separar las dos categorías. El síndrome hipereosinofílico no es sinónimo de eosinofilia grave. Es su complicación más temida. Se define por la persistencia de más de 1 500 eosinófilos/µL durante más de seis meses (o por daño orgánico atribuible a eosinófilos antes de ese plazo), una vez excluidas las causas reactivas habituales. Los eosinófilos activados pueden infiltrar el corazón y producir fibrosis endomiocárdica, además de afectar a los pulmones, la piel o el sistema nervioso. Alguien con 2 000 eosinófilos un día después de un cuadro de urticaria tiene una eosinofilia reactiva banal; quien los mantiene durante meses sin causa aparente y con un soplo cardíaco de nueva aparición se encuentra en una situación completamente distinta. La eosinofiluria (presencia de eosinófilos en la orina) es otro concepto que conviene separar. Aparece en la nefritis intersticial inmunoalérgica, en el rechazo del injerto renal y en algunas infecciones urinarias parasitarias, pero no guarda relación obligada con la cifra de eosinófilos en sangre. En la lectura de la fórmula leucocitaria, a veces se confunden eosinófilos con basófilos. Son células con funciones muy distintas: el basófilo contiene histamina y heparina en sus gránulos metacromáticos y su elevación (basofilia) suele asociarse a neoplasias mieloproliferativas, no a parasitosis ni a alergia. De «eosinófilo» (la célula que muestra afinidad por la eosina, un colorante bautizado en honor de la diosa griega del amanecer, Ἠώς) y el sufijo -ία, que indica estado o condición. Literalmente: «estado de abundancia de eosinófilos». No necesariamente. En España y en otros países con baja prevalencia de parasitosis, la causa más habitual de eosinofilia son las enfermedades alérgicas: asma, rinitis, dermatitis atópica. Si ha habido viaje reciente a una zona endémica o contacto con aguas o tierras contaminadas, el estudio parasitológico sí entra en el plan de trabajo. Las parasitosis con migración tisular (toxocariasis, estrongiloidiasis, esquistosomiasis) son las que más elevan los eosinófilos. Depende de la cifra y del contexto. Una eosinofilia leve y aislada en un alérgico conocido rara vez tiene consecuencias. Una cifra por encima de 1 500/µL que persiste semanas o meses, o que se acompaña de fiebre, pérdida de peso, lesiones cutáneas o dificultad respiratoria, exige un estudio más amplio para descartar daño orgánico o una causa clonal. No. La eosinofilia es el hallazgo de laboratorio. El síndrome hipereosinofílico es una entidad clínica definida: eosinofilia persistente con daño orgánico atribuible a los eosinófilos, sin causa reactiva identificable. Toda persona con síndrome hipereosinofílico tiene eosinofilia, pero la inmensa mayoría de personas con eosinofilia no tienen ni tendrán ese síndrome. Si desea profundizar en conceptos asociados a la eosinofilia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la eosinofilia
Eosinofilia sanguínea y eosinofilia tisular
Clasificación según la cifra absoluta
Reactiva o clonal
Diferenciación con entidades que se confunden
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «eosinofilia»?
¿Tener los eosinófilos altos significa que tengo parásitos?
¿Cuándo es preocupante una eosinofilia?
¿Es lo mismo eosinofilia que síndrome hipereosinofílico?
Referencias
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