DICCIONARIO MÉDICO
Basófilo
El basófilo es un leucocito del grupo de los granulocitos, junto con el neutrófilo y el eosinófilo. Representa menos del 1 % de los leucocitos circulantes y se caracteriza por poseer gránulos metacromáticos cargados de histamina, heparina y leucotrienos, así como receptores de alta afinidad para la IgE. Se trata de la célula circulante más escasa entre los glóbulos blancos. En un hemograma convencional, los basófilos rara vez superan las 200 células por microlitro. Su nombre procede del comportamiento tintorial: los gránulos captan los colorantes básicos (azul de metileno, azul de toluidina) con gran avidez y adquieren un tono violeta oscuro o púrpura que enmascara el núcleo bilobulado. Del griego βάσις (basis, «base») y φίλος (philos, «afín»), el término describe literalmente una célula con afinidad por las sustancias básicas. Paul Ehrlich identificó el basófilo en 1879, dentro de sus trabajos pioneros sobre tinción diferencial de leucocitos. Ehrlich propuso la nomenclatura cromática que todavía utilizamos: neutrófilos (afinidad neutra), eosinófilos (afinidad por la eosina) y basófilos (afinidad por colorantes básicos). Los basófilos se originan en la médula ósea a partir de un progenitor mieloide común, el mismo que da lugar al resto de granulocitos. La interleucina-3 (IL-3) es el principal factor de crecimiento que dirige su diferenciación, a diferencia de los neutrófilos, cuya producción depende sobre todo del G-CSF. Los basófilos maduros abandonan la médula y circulan en sangre periférica durante un tiempo breve (unas pocas horas a un par de días). Después migran a los tejidos donde pueden permanecer algo más, aunque en condiciones normales no forman poblaciones tisulares residentes comparables a las de los mastocitos. Los gránulos del basófilo almacenan histamina en cantidades relevantes para ser la célula circulante más pequeña en población; heparina, un glucosaminoglucano con actividad anticoagulante; y mediadores lipídicos como leucotrienos C₄ y D₄, que provocan contracción del músculo liso bronquial. La superficie celular presenta receptores FcεRI de alta afinidad para la IgE: cuando los anticuerpos IgE unidos a esos receptores reconocen un alérgeno, el basófilo libera su contenido granular de forma rápida. Es el fenómeno de desgranulación. Además de la vía clásica mediada por IgE, los basófilos pueden activarse por anafilotoxinas del complemento (C3a, C5a), por ciertos péptidos bacterianos y por citocinas como la propia IL-3. Esa versatilidad, insospechada cuando se los consideraba simples «mastocitos circulantes», les ha otorgado un papel creciente en la investigación inmunológica de los últimos veinte años. La función más conocida del basófilo es su participación en las reacciones de hipersensibilidad de tipo I (alergia inmediata). La liberación de histamina produce vasodilatación, aumento de la permeabilidad capilar, contracción del músculo liso y estimulación de terminaciones nerviosas pruriginosas. Todo eso se traduce clínicamente en urticaria, rinitis, broncoespasmo o, en casos extremos, anafilaxia. Trabajos más recientes han demostrado que los basófilos secretan interleucina-4 (IL-4) e interleucina-13 (IL-13) de forma temprana, lo que contribuye a polarizar la respuesta inmunitaria hacia un perfil Th2. También participan en la defensa frente a parásitos helmintos, colaborando con eosinófilos y mastocitos. Basófilos y mastocitos comparten gránulos metacromáticos, receptores FcεRI y la capacidad de liberar histamina. La confusión entre ambos es frecuente. Sin embargo, proceden de progenitores distintos: el basófilo madura en la médula ósea y circula brevemente por la sangre; el mastocito, en cambio, abandona la médula en forma inmadura, alcanza los tejidos y allí completa su diferenciación, donde reside de forma permanente. Los marcadores de superficie también difieren (CD123 para el basófilo, CD117 para el mastocito), y los mediadores almacenados no se solapan por completo: los mastocitos son ricos en triptasa, mientras que los basófilos prácticamente carecen de ella. Del griego βάσις («base», en sentido químico) y φίλος («amigo», «afín»). Paul Ehrlich la acuñó en 1879 para describir la célula cuyos gránulos se teñían con colorantes de naturaleza básica, a diferencia de los eosinófilos (afines a la eosina, un colorante ácido) y los neutrófilos (que captan ambos tipos sin preferencia marcada). El basófilo es la célula. La basofilia es el hallazgo de laboratorio que indica un aumento del número de basófilos por encima de los valores de referencia en la fórmula leucocitaria. Ninguna, aparte del adjetivo. El punteado basófilo eritrocitario consiste en agregados de ARN ribosómico dentro de los glóbulos rojos que se tiñen con colorantes básicos. El basófilo, en cambio, es un tipo de glóbulo blanco. Comparten la raíz «basófilo» por su comportamiento tintorial, pero pertenecen a líneas celulares completamente distintas. Durante décadas se los consideró casi redundantes, un «mastocito de la sangre» sin funciones propias. Esa visión ha cambiado. Estudios en modelos animales han mostrado que los basófilos son necesarios para orquestar ciertas respuestas alérgicas cutáneas y para la defensa eficaz contra garrapatas, papeles que los mastocitos solos no cubren. Si desea profundizar en conceptos asociados al basófilo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el basófilo
Formación en la médula ósea
Contenido granular y mecanismo de activación
Funciones inmunitarias
Diferenciación con el mastocito
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra basófilo?
¿Qué diferencia hay entre basófilo y basofilia?
¿Tienen los basófilos alguna relación con el punteado basófilo de los eritrocitos?
¿Son los basófilos prescindibles?
Referencias
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