DICCIONARIO MÉDICO
Inmunidad celular
Cuando un patógeno consigue entrar dentro de una célula (un virus que se replica en el citoplasma, una micobacteria que sobrevive dentro del macrófago, un protozoo que parasita el hepatocito), los anticuerpos circulantes no pueden alcanzarlo. Ahí actúa la inmunidad celular: la rama de la respuesta inmunitaria adaptativa mediada por linfocitos T, que reconocen la célula infectada y la destruyen o la activan para que elimine al invasor por sí misma. Junto con la inmunidad humoral, la celular constituye uno de los dos grandes brazos de la inmunidad adaptativa. Si la humoral se define por sus moléculas solubles (los anticuerpos que circulan por los "humores" del cuerpo), la celular se define por sus células: linfocitos T que necesitan acudir físicamente al foco de la infección y actuar mediante contacto directo con la célula diana o mediante la liberación de citocinas a corta distancia. No puede transferirse de un individuo a otro con suero, algo que Karl Landsteiner y Merrill Chase demostraron en 1942, al comprobar que la sensibilidad a la tuberculina pasaba de una cobaya a otra con células vivas, pero no con suero. Ese experimento asentó la separación conceptual entre ambas ramas. El término es transparente: "celular" indica que el agente efector es la propia célula, no una proteína soluble. Conviene un matiz, sin embargo. La separación entre humoral y celular, necesaria para la explicación, resulta artificiosa en la práctica. Los linfocitos T CD4+ son imprescindibles para que los linfocitos B produzcan anticuerpos de alta afinidad; sin ellos, la respuesta humoral se queda en IgM de baja eficacia. Y los anticuerpos, a su vez, pueden dirigir la destrucción de células infectadas por las células NK. Cada brazo necesita al otro. Dos poblaciones de linfocitos T sostienen la inmunidad celular, con papeles complementarios. Los T CD4+ (ayudadores) reconocen fragmentos antigénicos que las células presentadoras exhiben en el contexto de moléculas MHC de clase II. Una vez activados, liberan citocinas (interferón gamma, interleucinas, factor de necrosis tumoral) que activan a los macrófagos para que destruyan los microorganismos que albergan en su interior, estimulan la proliferación de otras células inmunitarias y orientan el tipo de respuesta que el sistema va a montar. Los linfocitos T citotóxicos, definidos por el marcador CD8, son la fuerza de choque. Reconocen fragmentos de antígenos intracelulares (péptidos virales, antígenos tumorales) presentados por moléculas MHC de clase I en la superficie de casi cualquier célula nucleada. Al reconocer la célula diana, el linfocito libera perforina, que forma poros en la membrana, y granzimas, que inducen la apoptosis: una combinación letal que destruye la célula infectada sin dañar de forma apreciable a las vecinas. Es un mecanismo de precisión. Elimina la célula enferma, no el tejido entero. ¿Contra qué protege este brazo? Contra todo lo que se esconde dentro de las células propias del organismo, donde los anticuerpos no llegan. Los virus son el ejemplo más intuitivo: se replican en el citoplasma o en el núcleo, y la única forma de eliminarlos es destruir la célula infectada antes de que libere nuevas partículas. Las micobacterias (como Mycobacterium tuberculosis) sobreviven dentro de los macrófagos, resistiendo la digestión intracelular; los linfocitos T CD4+ de perfil Th1, al secretar interferón gamma, "encienden" al macrófago y potencian su capacidad microbicida. Los hongos y protozoos intracelulares, como Leishmania, exigen mecanismos parecidos. La inmunidad celular no se limita a la defensa antiinfecciosa. Interviene en la vigilancia frente a los tumores (los linfocitos T CD8+ reconocen neoantígenos de las células cancerosas), en el rechazo de los trasplantes de órganos y en la hipersensibilidad de tipo IV o retardada, la que subyace a la prueba de Mantoux y a la dermatitis alérgica de contacto. Porque la distinción histórica se hizo entre lo que podía transferirse con suero (los anticuerpos, lo "humoral") y lo que solo podía transferirse con células vivas (los linfocitos, lo "celular"). El nombre refleja el experimento que la definió, no la célula concreta que la ejecuta. En sentido estricto, las células NK también participan en la inmunidad celular, aunque no sean linfocitos T. No, aunque están muy emparentadas. La hipersensibilidad retardada (tipo IV de Gell y Coombs) es una inmunidad celular que causa daño: la vertiente patológica de un mecanismo que, cuando funciona bien, protege. La prueba de Mantoux, la dermatitis de contacto y los granulomas son inmunidad celular en exceso o mal dirigida. Sí. Las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada (tuberculina, candidina) valoran de forma indirecta la función de los linfocitos T CD4+. El recuento de linfocitos CD4 en sangre es el indicador más usado para seguir la inmunidad celular en las personas con VIH. Y los ensayos de liberación de interferón gamma (IGRA) miden en el laboratorio la respuesta de los linfocitos T frente a antígenos de M. tuberculosis. Si desea profundizar en conceptos asociados a la inmunidad celular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la inmunidad celular
Los linfocitos T como efectores
El terreno de la inmunidad celular
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "celular" y no simplemente "de linfocitos T"?
¿Inmunidad celular e hipersensibilidad retardada son lo mismo?
¿Se puede evaluar la inmunidad celular?
Referencias
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