DICCIONARIO MÉDICO
Lesión cerebral
Una lesión cerebral es cualquier lesión que altera la estructura o la función del tejido encefálico. Puede deberse a un traumatismo (lesión cerebral traumática), a la interrupción del riego sanguíneo (isquemia o hemorragia), a la falta de oxígeno (anoxia), a una infección, a un tumor o a agentes tóxicos. Figura entre las principales causas de mortalidad y discapacidad en el mundo. El cerebro está bien resguardado: lo envuelven el cráneo, las meninges y el líquido cefalorraquídeo. Aun así, es muy vulnerable al daño. Sus neuronas apenas se regeneran en comparación con otros tejidos, de modo que muchas lesiones cerebrales dejan secuelas permanentes. Que un órgano tan protegido resulte a la vez tan frágil explica buena parte de la gravedad clínica de estas lesiones. El adjetivo cerebral procede del latín cerebrum, encéfalo o cerebro, quizá emparentado con la raíz indoeuropea *ker-, parte superior de la cabeza. En sentido anatómico estricto, cerebrum designa solo los hemisferios cerebrales. El uso clínico es más amplio: llama lesión cerebral a cualquier daño del encéfalo, tronco y cerebelo incluidos cuando el contexto lo pide. Conviene separar el daño primario del secundario, porque cada uno abre posibilidades distintas de intervención. El primario se produce en el instante mismo del evento: la contusión en el punto de impacto, el desgarro de los axones por aceleración y desaceleración, la zona de necrosis isquémica en el territorio de una arteria ocluida. Una vez hecho, no se deshace. Lo que viene después es otra cosa. En las horas, los días o las semanas siguientes entran en juego el edema cerebral (la hinchazón del tejido, que eleva la presión dentro del cráneo), la herniación (el cerebro empujado y desplazado por esas diferencias de presión), la cascada inflamatoria, la excitotoxicidad por glutamato y el daño oxidativo de la reperfusión. Ahí está el margen de maniobra: todo el manejo urgente de una lesión cerebral grave se dirige a frenar este daño secundario, el único sobre el que aún se puede influir. Otra manera de ordenar la patología cerebral distingue entre lesiones focales y difusas. Las focales se concentran en una zona delimitada del encéfalo. Lo son la contusión cerebral (un hematoma del parénquima en el punto de impacto o en el polo opuesto, la lesión por contragolpe), el hematoma subdural, el hematoma intraparenquimatoso, el infarto cerebral y el absceso. Aquí la localización lo decide todo. Un foco en el área de Broca deja sin habla expresiva; si asienta en la corteza motora primaria, paraliza el hemicuerpo contrario; en el lóbulo occipital, roba visión. Frente a ellas, el daño difuso se reparte por todo el cerebro sin respetar territorios anatómicos. Su ejemplo de manual es la lesión axonal difusa, en la que las fuerzas de rotación desgarran los axones de la sustancia blanca. También son difusas la hipoxia global (tras una parada cardíaca, un ahogamiento o una intoxicación por monóxido de carbono) y la lesión difusa asociada al coma. Su sello no son los déficits de un punto concreto, sino las alteraciones de la conciencia, la atención y las funciones ejecutivas. Las causas se reparten en dos grandes bloques, traumáticas y no traumáticas. Al conjunto se le llama a menudo daño cerebral adquirido (DCA), una etiqueta que deja fuera las lesiones congénitas y las enfermedades degenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Traumática. La produce una fuerza externa. Las caídas encabezan la lista en los mayores de 65 años; los accidentes de tráfico, en los adultos jóvenes; a ellos se suman agresiones y lesiones deportivas. Bajo este epígrafe caben la conmoción cerebral (la forma más leve, sin lesión estructural visible en la imagen), la contusión, los hematomas intracraneales y la lesión axonal difusa. El mecanismo de sacudida de la lesión por whiplash (latigazo cervical) puede sumar un componente leve de daño cerebral. Vascular. Los accidentes cerebrovasculares, isquémicos (infarto cerebral por oclusión de una arteria) y hemorrágicos (hemorragia subaracnoidea, hematoma intraparenquimatoso), son la primera causa de daño cerebral adquirido en España: en torno al 78 % de los casos, según FEDACE. Anóxica e hipóxica. Cuando el oxígeno falta del todo (anoxia) o en parte (hipoxia) durante más de unos minutos, el daño neuronal se vuelve irreversible. Detrás suele haber una parada cardiorrespiratoria, un ahogamiento, un estrangulamiento, una intoxicación por monóxido de carbono o una complicación anestésica grave. Infecciosa y tumoral. La meningitis, la encefalitis y el absceso cerebral dañan el tejido de forma directa o a través de la inflamación que desencadenan. Los tumores, primarios o metastásicos, lo hacen por otra vía: comprimen, infiltran o inducen edema a su alrededor. Tres términos que se confunden a menudo y que conviene deslindar. La conmoción cerebral es un traumatismo craneoencefálico leve que no deja alteraciones estructurales visibles en las pruebas de imagen habituales. Cursa con una disfunción neurológica pasajera (confusión, amnesia, dolor de cabeza) que suele resolverse en días o semanas. Repetidas, sin embargo, sus efectos se acumulan. La contusión cerebral es un hematoma del parénquima, y se ve en la imagen como una zona de hemorragia y edema focal. Es más seria que la conmoción: hay daño real del tejido, puede crecer en las primeras horas y a veces obliga a evacuarla mediante cirugía. En la lesión axonal difusa, en cambio, son las fuerzas rotacionales las que desgarran los axones de la sustancia blanca. No siempre asoma en la TC inicial, y la resonancia magnética la detecta mejor. Su gravedad abarca desde formas leves, compatibles con buena recuperación, hasta cuadros extensos con coma prolongado o estado vegetativo. Lesión viene del latín laesio, daño. Cerebral, de cerebrum, encéfalo, tal vez emparentado con la raíz indoeuropea *ker-, parte superior de la cabeza. En la práctica clínica el término abarca cualquier daño del encéfalo, no solo del cerebro en sentido anatómico estricto. No exactamente. El daño cerebral adquirido (DCA) es un concepto asistencial: reúne las lesiones ocurridas después del nacimiento y deja fuera las degenerativas, como el alzhéimer o el párkinson, y los defectos congénitos. Lesión cerebral es más amplio, porque incluye también las lesiones perinatales y, en rigor, las propias enfermedades degenerativas suponen una forma de daño del tejido. Depende del tipo y de la extensión. Las conmociones leves se resuelven casi siempre en semanas. Las lesiones graves (contusiones amplias, lesión axonal difusa severa, infartos masivos) pueden dejar secuelas permanentes de grado muy variable. La neuroplasticidad, esa capacidad del cerebro para rehacer circuitos, permite recuperar función, sobre todo cuando la rehabilitación empieza pronto. La focal se limita a una zona concreta y produce déficits que dependen de dónde asiente. La difusa se reparte por el encéfalo y afecta sobre todo a la conciencia, la atención y la memoria.Qué es una lesión cerebral
Daño primario y daño secundario
Lesiones focales y difusas
Principales causas de lesión cerebral
Diferenciación: conmoción, contusión y lesión axonal difusa
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la expresión «lesión cerebral»?
¿Es lo mismo lesión cerebral que daño cerebral adquirido?
¿Se puede recuperar una persona de una lesión cerebral?
¿Qué diferencia hay entre lesión focal y difusa?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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