DICCIONARIO MÉDICO
Necrosis
La necrosis es la muerte patológica e irreversible de un conjunto de células o de un tejido del organismo, provocada por un agente externo que impide su reparación. A diferencia de otras formas de recambio celular, no responde a un programa interno de la célula, sino a una agresión que desborda su capacidad de adaptación: la falta de riego sanguíneo, un traumatismo, una infección o la exposición a sustancias tóxicas figuran entre sus causas más frecuentes. El término procede del griego νέκρωσις (nékrōsis), derivado a su vez de νεκρός (nekrós, "cadáver") mediante el sufijo -osis, que en griego médico indica proceso o estado patológico. Con este sentido de "proceso de muerte" de un tejido lo empleó ya el médico Sorano de Éfeso en los siglos I y II después de Cristo, y la voz pasó después al latín médico medieval y renacentista, donde se documenta desde 1574. La Real Academia Española recoge hoy la necrosis como la degeneración de un tejido por muerte de sus células. Conviene distinguir el proceso, necrosis, del adjetivo que describe el tejido resultante, necrótico, y del que se usa para calificar los procesos que la producen de forma progresiva, necrotizante: dos formas emparentadas pero no intercambiables, cada una con su propio recorrido en el diccionario. Toda célula dispone de mecanismos de adaptación frente a una agresión: puede atrofiarse, hipertrofiarse o cambiar de tipo de tejido (metaplasia) para sobrevivir. Cuando el estímulo lesivo supera esa capacidad de respuesta, sobreviene la muerte celular. Existen dos vías principales para llegar a ella, y solo una de las dos es la necrosis. En la necrosis, el daño se inicia habitualmente en la membrana celular. Su rotura permite la entrada masiva de calcio y la salida del contenido intracelular al espacio circundante, lo que activa una respuesta inflamatoria local. Las enzimas de los lisosomas quedan libres y digieren la célula desde dentro, un proceso descontrolado que además compromete a las células vecinas. No hay marcha atrás posible una vez alcanzado este punto. El desencadenante más habitual es la isquemia: la interrupción del aporte de oxígeno y nutrientes por obstrucción o insuficiencia del flujo sanguíneo. Junto a ella, actúan como causas los agentes infecciosos, los traumatismos físicos, la radiación ionizante, las temperaturas extremas y numerosas sustancias químicas o tóxicas capaces de dañar directamente la membrana o la maquinaria enzimática de la célula. El aspecto que adopta el tejido necrosado depende del tipo de agresión y del órgano afectado. La anatomía patológica distingue varios patrones: Necrosis coagulativa. La más frecuente. Aparece en órganos sólidos tras un infarto isquémico (corazón, riñón, bazo) y se caracteriza por la conservación transitoria de la arquitectura del tejido, aunque las células pierden el núcleo y se vuelven acidófilas. No ocurre así en el sistema nervioso central. Cuando la isquemia afecta al cerebro o la médula espinal, el patrón cambia por completo: aparece la necrosis licuefactiva, en la que el tejido se disuelve hasta formar una masa líquida. También es propia de las infecciones bacterianas, cuyas enzimas proteolíticas digieren rápidamente el tejido muerto. La necrosis caseosa combina rasgos de las dos anteriores: no conserva los contornos celulares como la coagulativa, pero la licuefacción tampoco es completa. El resultado es un tejido blanquecino y friable, de aspecto similar al queso fresco, típico de la tuberculosis y otras infecciones granulomatosas. Distinta en su origen es la necrosis grasa, producida por la acción de enzimas lipolíticas sobre el tejido adiposo. Los ácidos grasos liberados se combinan con el calcio y forman depósitos blanquecinos, un fenómeno llamado saponificación. Se desarrolla con más detalle en una entrada propia, dado que reúne contextos clínicos bien diferenciados. En las paredes de los vasos sanguíneos, sobre todo en el contexto de la hipertensión maligna o de enfermedades autoinmunes, puede aparecer necrosis fibrinoide: el depósito de proteínas plasmáticas, entre ellas el fibrinógeno, da al tejido vascular dañado un aspecto homogéneo y rosado bajo el microscopio. La necrosis gangrenosa, por último, no constituye un patrón microscópico propio. Es una denominación clínica que se aplica cuando la necrosis coagulativa de una extremidad se complica con infección bacteriana y adquiere rasgos de necrosis licuefactiva. Determinados órganos presentan además formas de necrosis con nombre y territorio propios por su relevancia clínica: la corteza y los túbulos del riñón, las papilas renales o la retina. Estas variantes, con su propia etiología y contexto, se recogen en entradas independientes de este diccionario. La necrosis no es la única vía de muerte celular. Frente a ella existe la apoptosis, un mecanismo programado y controlado por el que el propio organismo elimina células dañadas, envejecidas o innecesarias. Mientras la necrosis desencadena inflamación por la rotura de la membrana y el vertido del contenido celular, la apoptosis mantiene la membrana intacta hasta el final y el material celular queda empaquetado en vesículas que son retiradas por fagocitosis, sin generar respuesta inflamatoria en el tejido vecino. Esta distinción tiene consecuencias prácticas para el organismo. Una necrosis extensa compromete la función del órgano afectado y puede generalizar una respuesta inflamatoria sistémica. La apoptosis, en cambio, forma parte de procesos fisiológicos tan cotidianos como el recambio celular de la piel o el desarrollo embrionario. Del griego νέκρωσις, formado sobre νεκρός ("cadáver") con el sufijo de proceso -osis. Ya en el siglo II el médico griego Sorano de Éfeso lo empleó con el sentido de "proceso de muerte" de un tejido, el mismo que conserva hoy en la medicina. No. La gangrena es un término clínico que designa la necrosis de tejido, generalmente de una extremidad, cuando alcanza una extensión considerable y suele complicarse con infección. La necrosis es el proceso biológico subyacente; la gangrena, su expresión clínica más avanzada. No. La necrosis es, por definición, irreversible. El organismo puede reabsorber o eliminar el tejido muerto y, en algunos casos, regenerar la zona a partir de células sanas vecinas, pero las células que han sufrido necrosis no vuelven a la normalidad. En absoluto. El patrón morfológico varía según el mecanismo de la lesión y el tejido implicado: firme y con arquitectura conservada en la necrosis coagulativa, líquida en la licuefactiva, blanquecina y friable en la caseosa. Un patólogo experimentado reconoce a menudo la causa probable solo por el aspecto del tejido. La necrosis es el proceso general de muerte tisular irreversible; la necrosis licuefactiva es uno de sus patrones morfológicos posibles, el que resulta cuando el tejido muerto se disuelve en una masa líquida, típico del cerebro isquémico y de las infecciones bacterianas.Qué es la necrosis
Mecanismo de producción
Clasificación morfológica
Diferenciación con la apoptosis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra necrosis?
¿Es lo mismo necrosis que gangrena?
¿Puede un tejido necrosado recuperarse?
¿Todas las necrosis se ven igual al microscopio?
¿Qué diferencia hay entre necrosis y necrosis licuefactiva?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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