DICCIONARIO MÉDICO
Lesión difusa y coma
El término "lesión difusa y coma" designa la relación clínica entre el daño cerebral generalizado —en particular la lesión axonal difusa (LAD)— y la pérdida prolongada de conciencia que sigue a un traumatismo craneoencefálico grave. La LAD es la causa más frecuente de coma postraumático y de estado vegetativo persistente. En el contexto del traumatismo craneoencefálico, las lesiones cerebrales se dividen en dos grandes categorías: focales y difusas. Las focales —contusiones, hematomas— se concentran en un punto del encéfalo y son visibles con frecuencia en la tomografía computarizada. Las difusas, en cambio, afectan de forma generalizada a la sustancia blanca y no siempre resultan evidentes en las pruebas de imagen convencionales. La expresión "lesión difusa y coma" recoge esa asociación clínica bien establecida: cuando el daño axonal es extenso, la pérdida de conciencia es la norma. El término "coma" procede del griego κῶμα (kôma), que significaba "sueño profundo". En medicina define un estado de inconsciencia en el que el paciente no puede ser despertado, no abre los ojos de forma espontánea, no emite lenguaje comprensible y no obedece órdenes. Es un estado cualitativamente distinto del sueño fisiológico: en el coma no hay ciclos de vigilia-sueño reconocibles, y la actividad electroencefalográfica está profundamente alterada. La conciencia depende de la interacción entre dos estructuras: la corteza cerebral, que procesa la información, y el sistema reticular activador ascendente (SRAA), un conjunto de núcleos situados en el tronco del encéfalo y en el diencéfalo que mantiene el estado de alerta. Para que una persona esté despierta y sea consciente de su entorno, ambos sistemas tienen que funcionar y, sobre todo, tienen que estar conectados entre sí a través de los haces de fibras de la sustancia blanca. La lesión axonal difusa interrumpe precisamente esas conexiones. Cuando las fuerzas de cizallamiento rompen o desconectan los axones que comunican el SRAA con la corteza, la señal de activación no llega a los hemisferios y el paciente entra en coma. No es que la corteza esté destruida ni que el tronco haya dejado de funcionar: lo que falla es el cableado entre ambos. Por eso, a diferencia del coma producido por una lesión focal expansiva —un hematoma que comprime el tronco—, el coma por lesión difusa puede instaurarse sin que la TC muestre una causa estructural evidente. Ese dato tiene una consecuencia clínica importante: un paciente inconsciente con una TC aparentemente normal tras un traumatismo grave debe hacer sospechar una LAD, y la resonancia magnética —con secuencias de susceptibilidad magnética o de tensor de difusión— será mucho más informativa. La escala de coma de Glasgow (ECG), propuesta en 1974 por Teasdale y Jennett, es el instrumento más utilizado para cuantificar la profundidad del coma. Evalúa tres respuestas —apertura ocular, respuesta verbal y respuesta motora— y asigna una puntuación entre 3 (coma más profundo) y 15 (paciente plenamente consciente). Una puntuación de 8 o inferior se considera indicativa de coma y, en el contexto de un TCE, sugiere una lesión cerebral traumática grave. Pero la ECG es una instantánea: mide el estado del paciente en un momento concreto. El coma postraumático por lesión difusa es un proceso dinámico. En la evolución más favorable, el paciente va recuperando progresivamente las respuestas evaluadas en la escala: primero abre los ojos de forma espontánea, después emite alguna verbalización, y finalmente comienza a obedecer órdenes sencillas. Esa secuencia puede durar días, semanas o meses, y su ritmo es uno de los principales indicadores pronósticos. Cuando el coma se prolonga más allá de las primeras semanas, el cuadro puede evolucionar hacia lo que se denomina estado vegetativo: el paciente abre los ojos y presenta ciclos de vigilia-sueño, pero no muestra signos de conciencia del entorno. Si esta situación persiste más de un mes tras un traumatismo, se habla de estado vegetativo persistente. Es una condición distinta del coma: hay vigilia sin conciencia, lo que refleja que el SRAA ha recuperado parcialmente su función, pero la corteza sigue desconectada. Un paso intermedio hacia la recuperación es el estado de conciencia mínima, en el que el paciente muestra respuestas reproducibles pero inconsistentes que indican algún grado de procesamiento cortical: sigue visualmente un objeto, responde a su nombre, o ejecuta un movimiento intencionado de forma esporádica. La transición del estado vegetativo al de conciencia mínima, y de este a una conciencia más funcional, no siempre es lineal ni predecible. Cuanto antes se produzca esa transición, mejor suele ser el pronóstico funcional a largo plazo. Del griego κῶμα (kôma), "sueño profundo". En la Antigüedad designaba un estado de somnolencia patológica. Su uso médico moderno lo restringe a la pérdida total de conciencia, sin respuesta a estímulos y sin apertura ocular espontánea. Porque la lesión axonal difusa afecta a fibras microscópicas de la sustancia blanca que la tomografía convencional no tiene resolución suficiente para detectar. El paciente puede estar en coma profundo y la TC solo mostrar hallazgos mínimos —pequeñas microhemorragias puntiformes— o incluso ser aparentemente normal. La resonancia magnética, sobre todo con secuencias sensibles al hierro de la hemoglobina (SWI) o al movimiento del agua a lo largo de los axones (DTI), es mucho más sensible. No. En el coma el paciente tiene los ojos cerrados, no muestra ciclos de vigilia-sueño y no responde de forma significativa a ningún estímulo. En el estado vegetativo hay apertura ocular y ciclos de vigilia-sueño, pero sin evidencia de conciencia del entorno. Se puede decir que en el coma no hay ni vigilia ni conciencia, mientras que en el estado vegetativo hay vigilia sin conciencia. En algunos casos, sí, pero el pronóstico depende de la gravedad y la extensión del daño. Las formas más leves de LAD pueden permitir una recuperación de la conciencia en días o semanas, aunque con frecuencia quedan secuelas cognitivas. En los grados más graves, una proporción importante de pacientes no recobra la conciencia o evoluciona hacia un estado vegetativo prolongado. Como regla general, cuanto antes aparezcan signos de conciencia mínima —seguimiento visual, respuestas a órdenes sencillas—, más favorable es el pronóstico funcional. Si desea profundizar en conceptos asociados a la lesión difusa y el coma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué significa "lesión difusa y coma"
Por qué la lesión difusa produce coma
La escala de Glasgow y la gradación del coma
Del coma al estado vegetativo y al estado de conciencia mínima
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "coma"?
¿Por qué un TAC puede ser normal en un paciente en coma tras un traumatismo?
¿Es lo mismo coma que estado vegetativo?
¿Puede recuperarse la conciencia tras un coma por lesión difusa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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