DICCIONARIO MÉDICO
Contusión cerebral
La contusión cerebral es una lesión focal del parénquima encefálico que cursa con microhemorragias y edema en la zona afectada. Se produce en el contexto de un traumatismo craneoencefálico y aparece en el 20-30 % de los impactos craneales de intensidad moderada o alta. La contusión de partes blandas superficiales se limita a piel y tejido subcutáneo. La contusión cerebral va más allá: afecta directamente al tejido nervioso. El impacto desgarra pequeños vasos piales y provoca focos hemorrágicos puntiformes en la corteza y la sustancia blanca adyacente, acompañados de edema perilesional. Cuando la membrana pioaracnoidea se rompe en el punto de la lesión, el daño recibe el nombre de laceración cerebral; si permanece íntegra, se habla estrictamente de contusión. La primera descripción detallada del mecanismo se debe al cirujano francés Jean-Louis Petit, que en 1774 ya distinguía entre la conmoción ("ébranlement") y la contusión como lesiones de gravedad distinta tras un golpe craneal. La conmoción cerebral implica una disfunción neurológica transitoria, generalmente sin daño estructural visible en la imagen; la contusión, en cambio, deja una marca identificable en la tomografía computarizada o la resonancia magnética. El encéfalo flota dentro del cráneo, rodeado de líquido cefalorraquídeo. Cuando la cabeza recibe un impacto, el cerebro se desplaza y colisiona contra la pared craneal interna en el punto del golpe (contusión por golpe). Pero no se detiene ahí: el rebote lo proyecta contra la pared opuesta, produciendo una segunda zona de contusión (contusión por contragolpe). Este segundo foco, paradójicamente, suele ser mayor que el primero. Las zonas más castigadas son las caras inferiores de los lóbulos frontales y las caras anteroinferior y lateral de los lóbulos temporales. La razón es anatómica: la base del cráneo en esas regiones no es lisa, sino que presenta relieves óseos irregulares (el techo orbitario, el ala menor del esfenoides, la escama del peñasco del temporal) contra los que el cerebro se frota durante el desplazamiento. Los lóbulos occipital y parietal, que reposan sobre superficies craneales más regulares, se contunden con menos frecuencia. En las horas siguientes al traumatismo, el edema cerebral alrededor del foco contusivo aumenta progresivamente. El pico máximo se alcanza entre el cuarto y el sexto día. Ese edema ocupa espacio dentro de un compartimento rígido (el cráneo), por lo que puede elevar la presión intracraneal y comprimir estructuras vecinas. En los casos más graves, cuando la contusión afecta al lóbulo temporal, la expansión del edema puede desplazar el uncus del hipocampo hacia la cisterna tentorial, lo que constituye una herniación uncal. No todas las contusiones cerebrales evolucionan desfavorablemente. Las de pequeño tamaño y localización superficial se reabsorben de forma espontánea en semanas. El tejido dañado es reemplazado gradualmente por una cicatriz gliosa que, en la resonancia, puede aparecer como una placa de coloración amarillenta por depósito de hemosiderina residual. La conmoción cerebral es una alteración funcional del encéfalo sin lesión estructural macroscópica. No produce focos hemorrágicos visibles en la imagen convencional. La contusión, por el contrario, se ve: puntos hiperdensos rodeados de edema hipodenso en la tomografía, o focos de señal alterada en la resonancia. El límite con el hematoma intraparenquimatoso es más difuso. Por convención, se habla de contusión cuando el componente hemorrágico ocupa menos de dos tercios del volumen de la lesión; si el porcentaje de sangre es mayor, se clasifica como hematoma. En la práctica, ambas lesiones coexisten con frecuencia y comparten localización preferente en los lóbulos frontal y temporal. No. La conmoción es una disfunción transitoria del cerebro, sin daño estructural visible en la imagen. La contusión implica rotura de vasos y hemorragia focal en el parénquima, detectable mediante tomografía o resonancia magnética. Porque la base del cráneo en esas regiones es rugosa e irregular. Al producirse un impacto, el cerebro se desliza sobre esas prominencias óseas y su corteza se desgarra contra ellas. Los lóbulos que reposan sobre superficies craneales lisas resultan menos afectados. Entre el cuarto y el sexto día tras el traumatismo. Por ese motivo la vigilancia neurológica es especialmente estrecha durante la primera semana, incluso cuando la contusión inicial parece moderada. Depende de su tamaño, localización y del grado de edema que genere. Muchas contusiones pequeñas se resuelven sin déficit permanente. Las contusiones extensas, especialmente si afectan a áreas elocuentes del cerebro o si desencadenan hipertensión intracraneal, pueden dejar secuelas cognitivas o motoras duraderas. Si desea profundizar en conceptos asociados a la contusión cerebral, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la contusión cerebral
El mecanismo de golpe y contragolpe
Evolución de la contusión en los primeros días
Diferenciación con la conmoción cerebral y el hematoma intraparenquimatoso
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo contusión cerebral que conmoción cerebral?
¿Por qué las contusiones cerebrales se localizan sobre todo en los lóbulos frontales y temporales?
¿Cuándo alcanza su máximo el edema pericontusivo?
¿Deja secuelas una contusión cerebral?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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