DICCIONARIO MÉDICO
Contusión
La contusión es una lesión cerrada de los tejidos blandos provocada por la acción de una fuerza mecánica que no llega a romper la piel. Según la intensidad del impacto, el daño puede limitarse a un enrojecimiento transitorio o progresar hasta la formación de hematomas extensos e incluso la destrucción de tejido profundo. El término procede del latín contusĭo, -ōnis, sustantivo derivado del verbo contundĕre, que en latín clásico significaba "golpear, machacar, aplastar". Este verbo se forma a partir del prefijo intensivo con- (del arcaico cum) y el verbo tundĕre, "golpear", emparentado con el sánscrito tudáti ("empuja") y con el gótico stautan ("golpear"). El sustantivo ya aparece en textos médicos latinos del siglo I, utilizado por Celso en el De Medicina para describir lesiones producidas por objetos romos. Desde el punto de vista clínico, una contusión designa cualquier daño tisular cerrado, es decir, sin solución de continuidad en la piel superadyacente. El agente causante es siempre un objeto de superficie obtusa o roma, o bien la propia superficie corporal al chocar contra una estructura sólida. Lo que distingue a la contusión de la herida es precisamente la integridad cutánea: en la herida la piel se rompe; en la contusión, no. Cuando un objeto romo impacta contra el cuerpo (o el cuerpo contra una superficie), la energía cinética se transmite a los tejidos blandos subyacentes y los comprime contra las estructuras óseas más profundas. Esa compresión rompe capilares y vasos de pequeño calibre, lo que permite la extravasación de sangre hacia los espacios intersticiales. El resultado visible es lo que coloquialmente se llama "moretón" o "cardenal", y que en terminología médica recibe el nombre de equimosis cuando la sangre se infiltra en la dermis, o de hematoma cuando se acumula en una colección más localizada. No toda contusión afecta solo a la piel y el tejido subcutáneo. Un impacto de suficiente energía puede contundir el músculo, el periostio o incluso órganos internos: el cerebro, la médula espinal o el riñón, por citar los más frecuentes en la práctica clínica. La clasificación clásica distingue tres grados de gravedad, aunque la frontera entre ellos no es siempre nítida. Contusión de primer grado (equimosis). La rotura vascular se limita a capilares y vénulas de la dermis. Se manifiesta como una coloración rojiza o violácea de la piel, dolorosa a la palpación pero sin tumefacción relevante. La sangre extravasada se reabsorbe de forma espontánea en una o dos semanas, pasando por tonos azulados, verdosos y amarillentos a medida que la hemoglobina se degrada a biliverdina y bilirrubina. Contusión de segundo grado (hematoma). El impacto rompe vasos de mayor calibre y la sangre se acumula en el tejido celular subcutáneo, formando una colección palpable. Es el "chichón" habitual de los golpes craneales en niños, que crece rápidamente en las primeras horas. Contusión de tercer grado. Además de la hemorragia, se produce atrición (destrucción por aplastamiento) de partes blandas profundas. Puede afectar a fascias, músculos y, en casos graves, comprometer la viabilidad del tejido. El riesgo de complicaciones aumenta con la profundidad del daño. En medicina forense, la contusión tiene un interés particular porque su coloración y su estadio de evolución permiten estimar de forma aproximada el momento en que se produjo el golpe. Esa datación resulta útil en la valoración de lesiones en contextos como los accidentes de tráfico o las agresiones. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la velocidad de reabsorción varía mucho según la edad del paciente, la zona corporal afectada y factores individuales como la toma de anticoagulantes o la existencia de trastornos de la coagulación. La herida contusa se produce cuando la energía del impacto es suficiente para romper la piel; comparte con la contusión el agente causal (objeto romo), pero deja de ser una lesión cerrada. La fractura implica solución de continuidad en el hueso, y con frecuencia coexiste con una contusión de los tejidos que lo recubren. Tampoco conviene confundir la contusión con la luxación, en la que el daño recae sobre la articulación y sus ligamentos, no sobre el tejido blando contundido. Del latín contusĭo, derivado de contundĕre ("machacar, golpear con fuerza"). La raíz tundĕre significaba simplemente "golpear" y comparte origen indoeuropeo con el sánscrito tudáti. Ya Celso empleaba el término en el siglo I para referirse a lesiones por objetos romos. No exactamente. El hematoma es una de las consecuencias posibles de una contusión (la de segundo grado), pero no la única: una contusión leve puede producir solo una equimosis difusa sin colección sanguínea localizada, y una contusión grave puede causar atrición tisular profunda sin hematoma superficial visible. Sí. La gravedad depende del órgano afectado y de la energía del impacto. Una contusión de la piel del brazo rara vez tiene consecuencias relevantes, pero una contusión cerebral o una contusión medular pueden comprometer funciones vitales. Depende. Una equimosis menor se reabsorbe en siete a diez días. Los hematomas más voluminosos pueden necesitar dos a tres semanas, y en personas de edad avanzada o que toman anticoagulantes el plazo suele alargarse. Si desea profundizar en conceptos asociados a la contusión, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una contusión
Mecanismo de producción
Clasificación por grados
La contusión en medicina legal
Diferenciación con otras lesiones traumáticas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "contusión"?
¿Es lo mismo una contusión que un hematoma?
¿Puede una contusión ser grave?
¿Cuánto tarda en desaparecer una contusión superficial?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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