DICCIONARIO MÉDICO
Fractura
Una fractura es una rotura total o parcial de un hueso producida por la aplicación de una fuerza que supera la resistencia mecánica del tejido óseo. La fractura puede afectar a cualquier pieza del esqueleto y se acompaña, en grado variable, de lesiones en las partes blandas circundantes (músculos, vasos, nervios), cuyo conjunto recibe el nombre de foco de fractura. El término proviene del latín fractūra, derivado del verbo frangere ('romper'). Ya en el siglo I d. C., Celso empleaba la palabra en sentido médico para referirse a la rotura de un hueso, y su uso se mantuvo sin interrupción en el latín medieval hasta llegar al castellano, donde aparece documentado desde mediados del siglo XV. Desde el punto de vista mecánico, un hueso se fractura cuando la fuerza aplicada sobre él supera su capacidad de deformación elástica. El tejido óseo combina dos componentes con funciones complementarias: la matriz mineral (cristales de hidroxiapatita) le confiere rigidez, mientras que las fibras de colágeno tipo I aportan cierta flexibilidad. Esa doble naturaleza explica por qué el hueso resiste bien las cargas de compresión pero tolera peor las fuerzas de tracción, torsión o cizallamiento, y por qué la proporción entre ambos componentes varía con la edad. En el niño, cuyo colágeno es más abundante, el hueso tiende a deformarse antes de romperse por completo, lo que origina patrones específicos como la fractura en tallo verde. En el anciano, la pérdida de masa ósea hace que baste una fuerza mínima para provocar la rotura. No existe un sistema único de clasificación, porque cada criterio responde a una necesidad clínica distinta. Los más utilizados atienden al mecanismo de producción, al trazo que deja la línea de rotura en el hueso, a la relación con la piel y al estado previo del tejido óseo. Según el mecanismo que genera la fuerza lesiva, se distinguen fracturas por traumatismo directo (la fuerza actúa sobre el punto que se rompe), por traumatismo indirecto (la fuerza se transmite a distancia, como ocurre en las caídas sobre la mano que fracturan el radio distal), por aplastamiento o compresión axial, por arrancamiento (la tracción de un tendón o ligamento desprende un fragmento óseo) y por sobrecarga repetida. El trazo de la línea de fractura permite hablar de fracturas transversales, oblicuas, espiroideas y conminutas, entre otras. La relación con la piel divide el panorama en dos grandes grupos: la fractura cerrada, en la que la piel permanece íntegra, y la fractura abierta, en la que el foco de fractura comunica con el exterior, con el consiguiente riesgo de infección. Cuando el hueso presentaba ya una debilidad previa (metástasis, quiste, osteopenia avanzada), se habla de fractura patológica. La rotura del hueso no ocurre de forma aislada. Al fracturarse, el hueso secciona los vasos que discurren por su interior y por el periostio, lo que produce un hematoma local. Los tejidos blandos adyacentes (músculo, fascia, a veces nervios y vasos de mayor calibre) también resultan afectados. El conjunto de estructuras dañadas constituye lo que la traumatología clásica denomina foco de fractura, un concepto que subraya que la lesión no se limita al esqueleto. A partir de ese hematoma inicial, el organismo pone en marcha un proceso de reparación en el que intervienen células inflamatorias, osteoblastos, osteoclastos y condrocitos. El resultado final es la formación de un callo óseo que restaura la continuidad del hueso. La velocidad y la calidad de esa reparación dependen de múltiples factores: la edad del paciente, la localización de la fractura, el aporte sanguíneo de la zona y el grado de estabilidad mecánica que se consiga durante el periodo de consolidación. En el esqueleto infantil, la presencia de cartílagos de crecimiento (epífisis, apófisis) introduce patrones de fractura que no se observan en el adulto: epifisiólisis, fracturas apofisarias y fracturas en rodete, entre otros. La mayor elasticidad ósea del niño también permite que muchas fracturas consoliden con rapidez y corrijan espontáneamente angulaciones moderadas gracias al remodelado activo del hueso en crecimiento. En el extremo opuesto, las fracturas del anciano se asocian con frecuencia a la pérdida de densidad mineral. Las localizaciones típicas de la fractura osteoporótica (cadera, muñeca, columna vertebral) reflejan los puntos del esqueleto donde el hueso esponjoso predomina y es más vulnerable a la compresión. La columna torácica y lumbar, en concreto, concentra la mayor parte de las fracturas por aplastamiento vertebral. Antes de que existieran los rayos X (descubiertos por Röntgen en 1895), los cirujanos identificaban las fracturas exclusivamente por la exploración clínica y el mecanismo de producción. Quienes describían un patrón nuevo solían ver reconocido su mérito con un epónimo. Así nacieron denominaciones como la fractura de Colles (1814), la de Dupuytren, la de Monteggia o la de Bennett, que siguen siendo de uso corriente en la práctica clínica. En las últimas décadas, la tendencia internacional favorece las clasificaciones alfanuméricas (como la de la AO/OTA), más reproducibles, pero los epónimos perviven porque condensan en una sola palabra un patrón anatómico y un mecanismo lesivo que de otro modo requerirían varias líneas de descripción. Del latín fractūra, forma nominal del verbo frangere ('romper'). Celso la utilizó en el siglo I d. C. con sentido médico, y en castellano aparece desde al menos 1450, según la documentación disponible. Sí, en sentido estricto. Una fisura es una fractura sin desplazamiento de los fragmentos, es decir, la línea de rotura existe pero los bordes permanecen en contacto. El término "fisura" se emplea con frecuencia para describir fracturas de menor gravedad aparente, pero desde el punto de vista anatomopatológico la discontinuidad del hueso está presente en ambos casos. En la fractura completa, la línea de rotura atraviesa toda la sección del hueso y lo divide en dos o más fragmentos separados. La fractura incompleta conserva parte de la cortical intacta, de modo que el hueso pierde continuidad solo parcialmente. Las fracturas en tallo verde del niño son el ejemplo más conocido de fractura incompleta. Porque su proporción de colágeno respecto a mineral es mayor que la del adulto, lo que les confiere una flexibilidad que permite la deformación plástica antes de la rotura. El periostio infantil, más grueso y vascularizado, contribuye también a mantener unidos los fragmentos y facilita una consolidación más rápida. Depende de la fuente consultada. Se han catalogado más de cincuenta, la mayoría acuñadas entre los siglos XVIII y XIX por cirujanos que describían patrones lesivos sin disponer aún de radiología.Qué es una fractura
Cómo se clasifica una fractura
El foco de fractura y la respuesta del organismo
Variaciones según la edad y la localización
Epónimos en la nomenclatura de las fracturas
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra "fractura"?
¿Es lo mismo una fisura que una fractura?
¿Qué diferencia una fractura completa de una incompleta?
¿Por qué los huesos de los niños se fracturan de forma diferente?
¿Cuántas fracturas con epónimo existen?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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