DICCIONARIO MÉDICO
Fractura incompleta
Una fractura incompleta es aquella en la que el trazo de rotura no atraviesa todo el espesor del hueso: parte de la cortical y del periostio conservan su continuidad. Se opone a la fractura completa, en la que la solución de continuidad afecta a la totalidad de la sección ósea. El término procede de la combinación del prefijo latino in- (negación) y completus (acabado, terminado), y describe literalmente una fractura «no terminada»: el trazo se inicia en una cortical pero no alcanza la opuesta, de modo que el hueso mantiene cierta continuidad estructural. Esa continuidad residual tiene consecuencias prácticas: los fragmentos no se separan del todo, el desplazamiento suele ser mínimo y la estabilidad mecánica se preserva en mayor o menor grado. Las fracturas incompletas son especialmente frecuentes en la edad pediátrica. Los huesos de los niños contienen una proporción más alta de colágeno y agua que los del adulto, lo que les confiere una elasticidad que permite absorber parte de la energía del traumatismo sin romperse por completo. En el adulto también se producen, aunque con un patrón diferente: la fisura (fractura capilar o hairline) y las fracturas por estrés son las formas habituales de fractura incompleta en el esqueleto maduro. Dentro del concepto de fractura incompleta se agrupan varios patrones que difieren en el mecanismo, la morfología del trazo y la edad de presentación. La fractura en tallo verde (greenstick) es la variedad más conocida. Ocurre cuando una fuerza de flexión rompe la cortical del lado convexo del hueso pero la del lado cóncavo resiste y se deforma sin llegar a fracturarse, igual que sucede al intentar partir una rama joven y flexible de un árbol. El periostio del lado cóncavo permanece intacto y los fragmentos presentan una angulación variable que es necesario corregir. En la fractura en rodete (torus o buckle), la fuerza compresiva axial compacta el hueso esponjoso de la unión metafisaria y la cortical se abomba hacia fuera sin solución de continuidad completa. El aspecto radiológico recuerda a la base de una columna griega (el torus arquitectónico), de donde proviene uno de sus nombres. Existe un tercer patrón, menos habitual, que recibe el nombre de incurvación plástica o deformidad en arco. El hueso se deforma de manera permanente sin que pueda identificarse un trazo de fractura en la radiografía convencional. No hay rotura cortical visible: las microfracturas se producen a nivel trabecular y de las fibras de colágeno, pero la corteza exterior se flexiona sin romperse. Se observa casi exclusivamente en el cúbito y el radio de niños menores de seis años. La explicación reside en la composición del tejido óseo en desarrollo. El hueso infantil posee un contenido mineral proporcionalmente menor y un componente orgánico (colágeno tipo I, agua) mayor que el del adulto. Esa combinación le otorga un módulo de elasticidad más alto: ante una fuerza determinada, el hueso se deforma más antes de romperse. Si la fuerza supera la capacidad elástica del lado sometido a tensión, ese lado cede; pero el lado opuesto, sometido a compresión, puede resistir sin fracturarse. El resultado es una rotura parcial con angulación. A medida que el esqueleto madura y la proporción mineral aumenta, el hueso gana rigidez y pierde plasticidad. Las fracturas del adulto tienden a ser completas porque la cortical no tolera la deformación plástica que el hueso pediátrico sí admite. Fuera de la edad pediátrica, la forma más representativa de fractura incompleta es la fisura, un trazo capilar que afecta parcialmente a la cortical sin producir separación de fragmentos. Puede resultar de un traumatismo agudo de baja energía o de cargas repetidas sobre un hueso sometido a sobreuso, como ocurre en las fracturas por sobrecarga (estrés) que aparecen en corredores, reclutas militares y bailarines. En la radiografía convencional estas fisuras pasan a menudo desapercibidas; la resonancia magnética o la gammagrafía ósea las detectan con mayor sensibilidad. En la fisura, el trazo es una grieta fina que no deforma el contorno del hueso ni produce angulación apreciable. En la fractura en tallo verde, la cortical de un lado se rompe y el hueso se angula visiblemente. Ambas son fracturas incompletas, pero la deformidad las separa: la fisura apenas la produce; la de tallo verde, sí. Sí. Si la fuerza que causó la lesión se repite o si el paciente, sobre todo un niño, continúa usando el miembro sin inmovilización adecuada, el trazo puede progresar a través de la cortical restante y completarse. Por eso las fracturas en tallo verde y en rodete requieren inmovilización aunque la rotura sea parcial. En general, sí. La preservación parcial del periostio y del aporte vascular favorece la formación del callo óseo, y los tiempos de consolidación suelen ser más cortos que en una fractura completa con desplazamiento equivalente, sobre todo en el esqueleto infantil.Qué es una fractura incompleta
Tipos principales
Por qué los huesos infantiles se fracturan de forma incompleta
Fisuras y fracturas por estrés en el adulto
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre una fisura y una fractura en tallo verde?
¿Una fractura incompleta puede convertirse en completa?
¿Las fracturas incompletas consolidan más rápido?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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