DICCIONARIO MÉDICO
Fractura oblicua
La fractura oblicua es un tipo de fractura ósea en la que el trazo de rotura discurre en diagonal respecto al eje longitudinal del hueso, formando un ángulo habitualmente comprendido entre 30 y 60 grados. Es uno de los patrones de fractura que se observan con mayor frecuencia en la práctica traumatológica. El adjetivo "oblicuo" procede del latín obliquus, que significa "inclinado, sesgado, no perpendicular". En la nomenclatura de las fracturas, se utiliza para describir un trazo que no sigue ni la perpendicular al eje del hueso (como ocurre en la fractura transversal) ni la trayectoria en espiral que define a la fractura espiroidea. La línea de rotura atraviesa el hueso de forma diagonal, generando dos extremos cortantes cuya orientación tiene consecuencias mecánicas directas sobre la estabilidad del foco. Puede producirse en cualquier hueso, pero se ve con especial frecuencia en los huesos largos de las extremidades: fémur, tibia, húmero y los huesos del antebrazo. La mayoría de las fracturas oblicuas se originan por fuerzas indirectas, es decir, por energía que se transmite a lo largo del propio hueso en lugar de aplicarse directamente sobre el punto de rotura. Una fuerza de compresión axial sobre un hueso largo genera tensiones internas que tienden a resolverse en un plano oblicuo, porque el material óseo cede antes por cizallamiento que por aplastamiento puro. Las caídas con apoyo de la extremidad representan el escenario más habitual. Cuando a esa compresión se añade un componente de flexión, puede aparecer un tercer fragmento intermedio con forma de cuña, conocido como fragmento "en ala de mariposa". Este patrón constituye, en cierto modo, una variante agravada de la fractura oblicua simple. La inclinación del trazo marca una diferencia importante con la fractura transversal. En una fractura transversal, los extremos óseos se encajan y resisten razonablemente el desplazamiento tras la reducción. No ocurre lo mismo con el trazo oblicuo: las superficies inclinadas tienden a deslizarse una sobre otra por efecto de la tracción muscular, lo que convierte a la fractura oblicua en una lesión más inestable que su equivalente transversal. Esa tendencia al redesplazamiento es, precisamente, la razón por la que muchas fracturas oblicuas de huesos largos acaban necesitando una fijación quirúrgica. Conviene no confundirla con la fractura espiroidea, aunque a veces comparten rasgos en las imágenes radiológicas. La diferencia está en el mecanismo: la espiroidea se produce por torsión pura del hueso sobre su eje, y su trazo recorre el hueso en hélice; la oblicua responde a una combinación de compresión y cizallamiento, y su trazo es recto, sin curvatura helicoidal. Del latín obliquus, formado a partir de ob- ("hacia, en dirección a") y una raíz emparentada con liquis ("torcido"), que se conserva también en el nombre de los músculos oblicuos del abdomen. En traumatología, el calificativo se aplica estrictamente a la orientación del trazo de fractura. No necesariamente. La gravedad depende de muchos factores (localización, desplazamiento, afectación articular, estado del hueso). Lo que sí es cierto es que el trazo oblicuo, por su geometría, tiene mayor tendencia al desplazamiento secundario tras la reducción, lo que complica el manejo conservador. Sí, y esas fracturas se denominan fracturas oblicuas no desplazadas. Cuando los fragmentos permanecen en contacto y correctamente alineados, el abordaje suele ser conservador con inmovilización.Qué es la fractura oblicua
Mecanismo de producción
Estabilidad y comportamiento biomecánico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término "oblicuo" en medicina?
¿Una fractura oblicua es siempre más grave que una transversal?
¿Puede haber una fractura oblicua sin desplazamiento?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026