DICCIONARIO MÉDICO
Fractura espiroidea
Una fractura espiroidea es una fractura ósea en la que la línea de rotura sigue un trayecto helicoidal alrededor del eje longitudinal del hueso. Se produce por un mecanismo de torsión y afecta sobre todo a la diáfisis de los huesos largos, con especial frecuencia a la tibia y al húmero. También se denomina fractura por torsión. El adjetivo «espiroideo» procede del griego σπεῖρα (speîra, «espira», «vuelta de una espiral»). Aplicado a las fracturas, describe un trazo que envuelve la cortical del hueso describiendo una hélice, a diferencia de los trazos transversales (perpendiculares al eje) u oblicuos (diagonales pero contenidos en un plano). La distinción es relevante porque la morfología del trazo revela el mecanismo de producción y condiciona la estabilidad del foco de fractura. Muchas fracturas clasificadas inicialmente como oblicuas resultan ser espiroideas cuando se analizan con detenimiento las proyecciones radiológicas o se completa el estudio con tomografía. La confusión es comprensible: en una radiografía anteroposterior, un trazo espiroideo visto de frente puede aparentar una simple oblicuidad. Solo al rotar la imagen o al disponer de una segunda proyección se aprecia que la línea de fractura gira alrededor del hueso en lugar de cruzarlo en un plano único. La torsión se define como la deformación que sufre un cuerpo cilíndrico (en este caso, la diáfisis de un hueso largo) cuando se le aplica un par de fuerzas que tienden a rotarlo sobre su eje, estando un extremo fijo o girando en sentido contrario. Una situación clínica típica es la del esquiador cuyo pie queda atrapado en la fijación mientras el cuerpo gira: la tibia recibe dos fuerzas rotatorias opuestas que la someten a un esfuerzo de cizallamiento helicoidal. Las laminillas óseas corticales se separan siguiendo las líneas de máxima tensión, que en un cilindro sometido a torsión adoptan forma de espiral. La cortical cede primero en la zona de mayor tracción (la cara opuesta al sentido de la torsión), y la fisura progresa envolviendo el hueso hasta que la cortical de la cara comprimida también fracasa. El resultado es un trazo que puede abarcar varios centímetros de longitud diafisaria, a menudo con un componente de cuña o tercer fragmento en la zona donde convergen las dos ramas de la espiral. La tibia es el hueso que con más frecuencia sufre fracturas espiroideas, seguida del húmero y el peroné. En el esquí, el mecanismo torsional sobre la tibia se da cuando la bota retiene el pie y el esquiador cae hacia un lado con rotación del tronco. En deportes de contacto y en caídas con el brazo extendido y rotación del cuerpo, la fractura espiroidea se localiza habitualmente en la diáfisis humeral. Existe un contexto especial que conviene mencionar. En pediatría, la fractura espiroidea de la tibia en un lactante o un niño que aún no camina de forma autónoma obliga a descartar un posible maltrato infantil, ya que el mecanismo de torsión forzada no se explica fácilmente por caídas accidentales a esas edades. No toda fractura espiroidea infantil es indicativa de maltrato (la llamada «fractura del niño que empieza a andar» o toddler's fracture es una espiroidea tibial benigna y frecuente), pero la valoración clínica debe incluir esa posibilidad. La fractura oblicua cruza la diáfisis en diagonal, pero su trazo se contiene en un solo plano, como un corte sesgado que va de un lado del hueso al otro. La espiroidea rodea el hueso: su trazo empieza en un punto de la cortical y termina en una posición diferente tanto en el eje longitudinal como en la circunferencia. Biomecánicamente, la oblicua se asocia más a mecanismos de flexión combinados con compresión axial, mientras que la espiroidea es característica de la torsión pura o predominante. Porque el esquí alpino reproduce con precisión el mecanismo torsional: el pie fijo en la bota y la fijación actúan como punto de anclaje, y la caída del cuerpo genera un par de fuerzas rotatorias sobre la tibia. Con las fijaciones modernas el riesgo se ha reducido, pero sigue siendo una de las fracturas más frecuentes en este deporte. Sí, en la práctica clínica ambos términos se usan como sinónimos. «Espiroidea» alude a la forma del trazo; «por torsión», al mecanismo que lo produce. La entrada del diccionario fractura por torsión remite a este mismo concepto. Depende. Un trazo espiroideo largo con desplazamiento y un tercer fragmento libre suele ser inestable y difícil de mantener reducido solo con inmovilización externa. Fracturas espiroideas cortas, sin desplazamiento y sin fragmentos intermedios, pueden ser estables. La decisión entre abordaje conservador y quirúrgico depende de la longitud del trazo, el grado de desplazamiento y la localización anatómica.Qué es la fractura espiroidea
Biomecánica del mecanismo torsional
Localizaciones y contextos clínicos habituales
Diferenciación con la fractura oblicua
Preguntas frecuentes
¿Por qué se dice que la fractura espiroidea es «la fractura del esquiador»?
¿Es lo mismo una fractura espiroidea que una fractura por torsión?
¿Estas fracturas son siempre inestables?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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