DICCIONARIO MÉDICO
Fractura transversal
La fractura transversal es aquella en la que el trazo de rotura cruza el hueso de forma perpendicular (o casi perpendicular) a su eje longitudinal, dividiendo la diáfisis en dos segmentos cuyas superficies de contacto encajan entre sí como las piezas de un corte limpio. El adjetivo «transversal» procede del latín tardío transversālis, derivado de transversus («que cruza de un lado a otro»), participio del verbo transvertĕre. En el contexto de la clasificación de fracturas según la orientación del trazo, designa el patrón en el que la línea de rotura forma un ángulo de aproximadamente 90 grados con el eje mayor del hueso. Es uno de los cuatro patrones morfológicos básicos junto con el oblicuo, el espiroideo y el longitudinal. Dos mecanismos generan con más frecuencia un trazo transversal. El primero es el impacto directo sobre la diáfisis: un golpe perpendicular al eje del hueso concentra la energía en un punto concreto y produce una fractura que lo atraviesa de lado a lado. El segundo es la flexión pura, en la que la cortical del lado sometido a tensión falla primero y la línea de rotura se propaga horizontalmente hasta alcanzar el lado opuesto. Cuando la fuerza de flexión es de baja velocidad y actúa sin componente rotacional ni axial, el trazo tiende a ser limpiamente transversal. Si interviene un componente de rotación, el trazo pasa a ser oblicuo o espiroideo. Esa distinción tiene implicaciones prácticas, porque las superficies planas de una fractura transversal encajan mejor entre sí y resisten el acortamiento, lo que confiere al foco una estabilidad relativa que no poseen los trazos oblicuos. En las fracturas traumáticas (producidas sobre hueso sano), la superficie suele ser dentada e irregular, con crestas y valles que se interdigitan y contribuyen a la estabilidad del foco. Se habla de fractura «enclavada» cuando esas irregularidades se imbrican lo bastante como para impedir el desplazamiento. En las fracturas patológicas o espontáneas, por el contrario, la cortical alterada se rompe con un trazo mucho más liso, comparable al corte de un plátano o un rábano, según la expresión clásica de la traumatología francesa, porque el hueso debilitado no ofrece la resistencia que genera las irregularidades del corte. La fractura oblicua presenta un trazo diagonal que forma un ángulo inferior a 90 grados con el eje, con lo que las superficies tienden a deslizarse una sobre otra y la fractura resulta menos estable. La fractura espiroidea dibuja una espiral alrededor de la diáfisis, producida por torsión. Y la fractura conminuta implica tres o más fragmentos, resultado de un impacto de alta energía que supera con creces la capacidad del hueso para disipar la fuerza a lo largo de un único plano de rotura. En los huesos largos de las extremidades: fémur, tibia, húmero, radio y cúbito. La diáfisis es el segmento que con más frecuencia muestra un trazo puramente transversal, porque su geometría cilíndrica facilita que la fractura se propague de un lado a otro sin desviarse. Un trazo liso sugiere que el hueso estaba previamente debilitado. En una fractura patológica (por ejemplo, sobre una metástasis o sobre hueso osteoporótico), la cortical alterada se rompe sin generar las irregularidades propias de la rotura de un hueso sano. Porque las dos superficies planas del trazo transversal se oponen al acortamiento del hueso. En una fractura oblicua o espiroidea, las superficies inclinadas tienden a deslizar una sobre otra bajo la tracción muscular, lo que favorece el desplazamiento.Qué es una fractura transversal
Mecanismo de producción
Aspecto de la superficie de fractura
Diferencia con otros patrones de trazo
Preguntas frecuentes
¿En qué huesos es más habitual?
¿Qué indica un trazo liso en la superficie de la fractura?
¿Por qué se considera una fractura relativamente estable?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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