DICCIONARIO MÉDICO
Fractura patológica
La fractura patológica es una fractura que se produce en un hueso previamente debilitado por un proceso patológico, de modo que la rotura ocurre sin traumatismo aparente o tras un esfuerzo que no bastaría para fracturar un hueso sano. El dato clave no es la intensidad del golpe, sino la existencia de una enfermedad subyacente que ha alterado la resistencia mecánica del tejido óseo. El término se compone de "fractura", del latín fractura (de frangĕre, "romper"), y "patológica", del griego πάθος (páthos, "padecimiento, afección") con el sufijo -λογικός (-logikós, "relativo al estudio de"). La expresión se documenta en la literatura quirúrgica del siglo XIX para distinguir las roturas óseas causadas por enfermedad de las provocadas por traumatismo sobre hueso previamente normal. Desde el punto de vista conceptual, toda fractura patológica presupone dos elementos: una lesión que debilita la estructura del hueso (ya sea reduciendo su masa, degradando su calidad o destruyéndolo localmente) y una solicitación mecánica que, por sí sola, no habría resultado lesiva en condiciones normales. El paciente puede referir un gesto tan trivial como toser, girar en la cama o levantar una bolsa de la compra. Las enfermedades capaces de predisponer a una fractura patológica se agrupan en tres grandes categorías. La primera reúne las lesiones tumorales: las metástasis óseas son, con diferencia, la causa más frecuente de fractura patológica en adultos mayores de 40 años. El mieloma múltiple, los osteosarcomas y otros tumores óseos primarios, así como los tumores benignos (encondromas, quistes óseos), completan el espectro neoplásico. La segunda categoría engloba las enfermedades metabólicas y adquiridas del hueso. La osteoporosis ocupa aquí un lugar predominante, sobre todo en las fracturas vertebrales y del fémur proximal de la población geriátrica. La osteomalacia (por déficit de vitamina D), la enfermedad de Paget (por remodelado óseo acelerado y desordenado) y la osteomielitis (por destrucción infecciosa del hueso) pertenecen igualmente a este grupo. En tercer lugar se encuentran las enfermedades óseas congénitas. La osteogénesis imperfecta, la displasia fibrosa y otros trastornos hereditarios del colágeno o del metabolismo mineral provocan fracturas desde la infancia, a veces con traumatismos mínimos o incluso intraúteros. Antes de que el hueso ceda, existe una fase en la que la lesión subyacente ya ha comprometido su resistencia, pero la fractura todavía no se ha producido. Esa situación se denomina fractura inminente o impending fracture. Identificarla tiene un interés práctico considerable, porque una intervención preventiva en ese estadio puede evitar la rotura y las complicaciones que la acompañan. Diversas escalas radiológicas intentan cuantificar el riesgo, aunque ninguna alcanza una precisión absoluta. La fractura espontánea se produce durante la actividad corriente en un hueso que se considera estructuralmente normal, sin un traumatismo evidente. La fractura por sobrecarga (o fractura de estrés) resulta de la acumulación de microtraumatismos repetidos en un hueso que no ha tenido tiempo de repararse. En ninguno de estos dos casos existe una enfermedad previa que debilite el hueso: es la solicitud mecánica, no la calidad ósea, la que explica la rotura. La fractura patológica, en cambio, requiere siempre una patología subyacente demostrable. Conviene señalar que algunas fuentes agrupan la fractura por insuficiencia (la que se da en huesos debilitados por osteoporosis u otra enfermedad difusa) dentro de las fracturas patológicas, mientras que otras las clasifican como una categoría aparte. La frontera terminológica varía según los textos, pero el principio es el mismo: un hueso enfermo que se rompe con una carga que no debería haberlo roto. El adjetivo patológica se arraigó en la tradición médica del siglo XIX como forma estándar de señalar que una fractura tiene su origen en un proceso morboso, no en un accidente. Hoy habría sido posible decir "fractura por enfermedad ósea", pero el uso clínico ha consagrado la expresión "fractura patológica" como término técnico universal. Sí, aunque las localizaciones más frecuentes dependen de la enfermedad causal. Las metástasis afectan con preferencia al fémur, el húmero, las vértebras y la pelvis. La osteoporosis causa fracturas sobre todo en las vértebras, el fémur proximal y el radio distal. Depende del criterio que se adopte. En sentido estricto, sí: el hueso osteoporótico ha perdido masa y resistencia por una enfermedad, y se rompe ante cargas que no fracturarían un hueso normal. En la práctica clínica habitual, sin embargo, muchos profesionales reservan el término "fractura patológica" para las fracturas causadas por lesiones focales (tumores, quistes, infecciones) y hablan de "fracturas por fragilidad" cuando la causa es la osteoporosis generalizada.Qué es la fractura patológica
Causas de debilitamiento óseo
Concepto de fractura inminente
Diferenciación con la fractura espontánea y la fractura por sobrecarga
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "patológica" y no simplemente "por enfermedad"?
¿Cualquier hueso puede sufrir una fractura patológica?
¿Una fractura por osteoporosis es siempre una fractura patológica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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