DICCIONARIO MÉDICO
Fractura espontánea
Una fractura espontánea es una fractura que se produce durante la actividad cotidiana, sin que medie un traumatismo agudo identificable, sobre un hueso cuya resistencia mecánica se encuentra disminuida por un proceso subyacente. El término se emplea con frecuencia como sinónimo de fractura patológica, aunque en sentido estricto enfatiza la ausencia de traumatismo más que la naturaleza de la enfermedad de base. Un hueso sano necesita una fuerza considerable para romperse. Cuando la fractura se presenta sin que el paciente pueda señalar un golpe, una caída o un mecanismo violento, se califica de espontánea. El adjetivo, tomado del latín spontaneus («por propia voluntad»), no implica que el hueso se rompa sin causa alguna, sino que la causa no es un traumatismo externo aparente: es la propia debilidad del tejido óseo la que permite que las cargas fisiológicas habituales (caminar, incorporarse de una silla, girar en la cama) basten para producir la rotura. La expresión «fractura espontánea» aparece con frecuencia en la literatura clínica como equivalente de fractura patológica y, en ciertos contextos, de fractura por fragilidad o fractura por insuficiencia. Ninguno de estos términos es exactamente idéntico al otro, pero sus fronteras se solapan y en la práctica se intercambian a menudo. La fractura patológica se define como aquella que se produce en un hueso debilitado por un proceso localizado (un tumor, un quiste, una metástasis, una infección) o generalizado (osteoporosis, enfermedad de Paget, osteomalacia). La fractura espontánea coincide con ella en la ausencia de un traumatismo proporcionado, pero pone el acento en el modo de presentación clínica (el paciente refiere que «se rompió solo») más que en el mecanismo fisiopatológico. Cuando la debilidad ósea se debe a osteoporosis, el uso anglosajón prefiere la denominación fractura por fragilidad (fragility fracture) o fractura por insuficiencia (insufficiency fracture). Estas últimas constituyen un subgrupo de las fracturas de estrés: el hueso no soporta ni siquiera las cargas fisiológicas normales porque su masa y su calidad están deterioradas. En el extremo opuesto de las fracturas de estrés se encuentran las fracturas por fatiga (como la fractura de Deutschländer), en las que el hueso es normal pero las cargas son excesivas. La osteoporosis es, con diferencia, la causa más frecuente de fracturas espontáneas en la población general. La pérdida de masa ósea avanza sin producir dolor ni signos visibles, de modo que la fractura puede ser la primera manifestación clínica de la enfermedad. Las localizaciones vertebral, del cuello del fémur y del radio distal son las más características. Las metástasis óseas representan la segunda gran causa, sobre todo en pacientes con antecedente de carcinoma de mama, próstata, pulmón, riñón o tiroides. El tumor destruye la arquitectura trabecular y cortical del hueso hasta que una actividad menor basta para que se produzca la fractura. Otros procesos capaces de originar fracturas espontáneas incluyen los tumores óseos primarios (benignos o malignos), la enfermedad de Paget, la osteogénesis imperfecta, la osteomalacia y, de forma más localizada, los quistes óseos y la displasia fibrosa. La fractura por sobrecarga comparte con la espontánea el hecho de que no existe un traumatismo agudo identificable, pero su mecanismo es distinto. En la sobrecarga, las cargas repetidas (correr, marchar, saltar) superan la capacidad de reparación de un hueso que, en principio, era normal. En la fractura espontánea, el hueso está previamente enfermo y son las cargas normales las que lo rompen. La distinción tiene consecuencias clínicas directas: ante una fractura espontánea, el paso obligado es buscar la enfermedad subyacente; ante una fractura por sobrecarga, el abordaje se centra en corregir el exceso de carga y permitir la consolidación. En la práctica clínica se usan a menudo como sinónimos, pero técnicamente enfatizan aspectos diferentes. «Espontánea» describe la forma de presentación (sin traumatismo evidente); «patológica» señala que el hueso estaba debilitado por una enfermedad. Casi toda fractura espontánea es patológica, y la mayoría de las fracturas patológicas se presentan de forma espontánea, pero los dos conceptos no se superponen por completo. Sí. En personas jóvenes, las fracturas espontáneas suelen asociarse a tumores óseos (quistes óseos solitarios, tumores de células gigantes, sarcomas), a trastornos genéticos del colágeno como la osteogénesis imperfecta o a deficiencias nutricionales graves. Su aparición obliga a un estudio completo que descarte una causa tratable. La osteoporosis es la causa más común, sobre todo en mujeres posmenopáusicas y en personas de edad avanzada de ambos sexos. La fractura vertebral por compresión es la forma más frecuente, y a menudo pasa inadvertida porque el dolor se atribuye a un «tirón muscular» o a molestias posturales. Las fracturas de cadera y de muñeca completan el trío clásico de la osteoporosis, aunque en estos dos últimos casos suele mediar una caída de baja energía.Qué es la fractura espontánea
Relación con la fractura patológica y la fractura por insuficiencia
Procesos que debilitan el hueso
Diferenciación con la fractura por sobrecarga
Preguntas frecuentes
¿Fractura espontánea y fractura patológica son lo mismo?
¿Puede ocurrir una fractura espontánea en una persona joven?
¿Qué papel tiene la osteoporosis en las fracturas espontáneas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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