DICCIONARIO MÉDICO
Equimosis
La equimosis es una lesión subcutánea producida por la rotura de pequeños vasos sanguíneos y la consiguiente extravasación de sangre hacia los tejidos circundantes. Se manifiesta como una mancha plana en la piel, de contorno difuso, cuya coloración evoluciona a lo largo de los días desde el rojo oscuro hasta tonalidades amarillentas. En el lenguaje coloquial se conoce como moretón, cardenal o morado. La palabra procede del griego ἐκχύμωσις (ekchymōsis), formada por el prefijo ἐκ (ek, "hacia fuera"), la raíz χυμός (chymós, "jugo" o "fluido corporal") y el sufijo -ōsis, que indica proceso o estado patológico. Literalmente, el término significa "derrame de fluido hacia el exterior de los vasos". Hipócrates ya lo empleaba en el siglo V a. C. para describir las manchas subcutáneas que aparecían tras un golpe, y el vocablo se reincorporó al latín renacentista como ecchymōsis hacia 1526. Desde el punto de vista clínico, la equimosis es un signo, no una enfermedad. Forma parte del espectro de las lesiones purpúricas, un grupo de manifestaciones cutáneas que comparten un rasgo común: la presencia de sangre fuera de los vasos en el espesor de la piel o las mucosas. Lo que las distingue entre sí es, sobre todo, el tamaño. Las petequias son puntos de menos de 2 mm; la púrpura abarca lesiones de entre 3 mm y 1 cm; la equimosis, por convención dermatológica, designa manchas superiores a 1 cm con bordes mal definidos. Cuando la sangre acumulada eleva visiblemente la piel y forma una colección palpable, se habla ya de hematoma. Cualquier fuerza que rompa capilares o vénulas sin perforar la piel puede provocar una equimosis. La causa más frecuente es el traumatismo directo: un golpe, una caída, la presión sostenida de un vendaje apretado. Pero también aparecen equimosis espontáneas cuando la pared vascular es frágil (como ocurre en personas de edad avanzada con fragilidad capilar) o cuando el recuento de plaquetas está disminuido. Una vez que los eritrocitos salen del lecho vascular, los macrófagos tisulares comienzan a fagocitarlos y a degradar la hemoglobina. Esa degradación sigue una secuencia bioquímica que el observador percibe como un cambio progresivo de color. En las primeras horas predomina el rojo oscuro o el púrpura, reflejo de la desoxihemoglobina acumulada. Entre el segundo y el tercer día, la conversión enzimática hacia biliverdina tiñe la mancha de tonos verdosos. Finalmente, la bilirrubina resultante confiere un matiz amarillo que se va aclarando hasta desaparecer, por lo general en un plazo de dos a tres semanas. Esa secuencia no es simétrica en todas las zonas del cuerpo: en los párpados, donde la piel es más fina y el tejido subcutáneo escaso, el color aparece antes y se aclara más rápido. En los muslos o las nalgas, la reabsorción puede prolongarse bastante más allá de los catorce días habituales. La mayoría de las equimosis son banales: proceden de un golpe recordado y desaparecen sin consecuencia. Sin embargo, cuando un paciente presenta equimosis repetidas sin traumatismo evidente, o cuando aparecen en localizaciones inusuales (tronco, cara, dorso de las manos en personas jóvenes), el hallazgo obliga a considerar un abanico de posibilidades. Trastornos de la coagulación como la hemofilia, la trombocitopenia o el uso de fármacos anticoagulantes figuran entre las causas que el médico investiga de forma prioritaria. En personas mayores existe una entidad benigna, la púrpura senil, en la que las equimosis reaparecen con mínima provocación en las superficies extensoras de antebrazos y manos. Se debe a la atrofia progresiva del colágeno dérmico que acompaña al envejecimiento, y no requiere ningún estudio adicional cuando el cuadro es típico. Conviene señalar que la equimosis tiene también relevancia en medicina legal. Distinguir una equimosis verdadera (sangre extravasada, adherida a los tejidos, que no se desplaza con la presión ni con los cambios de posición) de una lividez cadavérica (sangre todavía dentro de los capilares, que fluye al incidir el bisturí) es una de las tareas iniciales de la autopsia forense. La equimosis cadavérica ocupa su propia entrada en este diccionario. Petequia. Es puntiforme, de menos de 2 mm, y suele asociarse a cifras plaquetarias bajas o a fragilidad capilar intensa. No cambia de color con el tiempo del mismo modo que la equimosis: se oscurece y desaparece sin pasar claramente por la fase verdosa. Hematoma. Comparte origen con la equimosis (rotura vascular y extravasación), pero la cantidad de sangre acumulada es mayor, forma una colección palpable que eleva la piel y puede provocar dolor a la presión. El hematoma requiere a veces drenaje; la equimosis, salvo que sea expresión de un trastorno subyacente, se resuelve sola. Eritema. La confusión se produce porque ambas lesiones tiñen la piel de rojo. Sin embargo, el eritema (vasodilatación, no extravasación) blanquea al presionar con el dedo o un portaobjetos: la equimosis no desaparece con la presión porque la sangre ya está fuera de los vasos. Del griego ἐκχύμωσις (ekchymōsis), que significa literalmente "derrame de fluido hacia fuera". La raíz χυμός (chymós) designaba cualquier líquido biológico, y el prefijo ἐκ (ek) indica salida o expulsión. Hipócrates empleó el término en el siglo V a. C. para referirse a las manchas que dejaba la sangre al salir de los vasos. No. Comparten mecanismo (ambas se producen por extravasación de sangre), pero se diferencian en la magnitud. La equimosis es plana: la sangre se infiltra en el tejido sin acumularse en cantidad suficiente para elevar la piel. El hematoma, en cambio, forma una colección palpable, a veces fluctuante, que puede requerir drenaje si alcanza un volumen considerable. Depende de la extensión y de la zona. La mayor parte de las equimosis se reabsorben por completo en dos o tres semanas. En áreas con piel gruesa y abundante tejido subcutáneo, como el muslo, el proceso puede alargarse. En los párpados, donde la piel es extraordinariamente fina, el ciclo cromático se acelera y rara vez dura más de diez días. Cuando aparecen sin causa aparente, se repiten con frecuencia o se acompañan de sangrados en otras localizaciones (encías, nariz, orina), conviene consultar al médico. Estos datos pueden indicar un trastorno plaquetario, un déficit de factores de coagulación o el efecto de algún medicamento. Si desea profundizar en conceptos asociados a la equimosis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la equimosis
Mecanismo de formación y evolución cromática
Contextos clínicos de la equimosis
Diferenciación con lesiones de aspecto similar
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra equimosis?
¿Es lo mismo una equimosis que un hematoma?
¿Cuánto tarda en desaparecer un moretón?
¿Cuándo debe preocupar la aparición de moretones?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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