DICCIONARIO MÉDICO

Hemofilia

La hemofilia es un trastorno hemorrágico hereditario en el que la sangre no coagula como debería. La causa es la falta o el mal funcionamiento de una de las proteínas que participan en la coagulación, los llamados factores. Como consecuencia, las hemorragias tardan en detenerse y pueden surgir incluso sin una lesión aparente. Afecta sobre todo a los varones, porque el gen implicado se encuentra en el cromosoma X.

Qué es la hemofilia

Detener una hemorragia exige que numerosas proteínas actúen en orden, una tras otra, como fichas de dominó que se empujan. Ese encadenamiento es la coagulación sanguínea. En la hemofilia falta o falla una de esas piezas, y la secuencia se interrumpe antes de formar un coágulo estable. La sangre sigue saliendo más tiempo del debido.

El nombre encierra una curiosidad. Procede del griego haima (sangre) y philia (afición, inclinación), de modo que significa, tomado al pie de la letra, algo así como afición a la sangre. Resulta paradójico para una enfermedad que se caracteriza justo por perderla con facilidad. El término se impuso pese a esa aparente contradicción y hoy nadie repara ya en ella.

Por qué se produce

La coagulación avanza como una cascada: cada factor activa al siguiente hasta generar trombina, la sustancia que consolida el tapón que sella el vaso roto. Los factores llevan números romanos según el orden en que se descubrieron. En la hemofilia el eslabón que falla es casi siempre el factor VIII o el factor IX. Sin uno de ellos, la reacción se frena a mitad de camino y el coágulo que se forma es débil.

Los genes que fabrican estos dos factores se sitúan en el cromosoma X, y ahí está la clave de su transmisión. Los varones tienen un solo cromosoma X; si ese cromosoma porta la alteración, no hay una copia sana que compense y la enfermedad se manifiesta. Las mujeres tienen dos, de manera que una copia correcta suele bastar para producir factor suficiente. Por eso ellas son casi siempre portadoras y rara vez enferman. Cada hijo de una portadora tiene una probabilidad del 50 % de heredar el gen alterado. Una parte de los casos no viene de familia: surge de una mutación nueva, sin antecedentes previos.

Tipos de hemofilia

La clasificación se basa en cuál es el factor que falta. La hemofilia A se debe al déficit de factor VIII y es la más común, con cerca del 80 % de los casos; se calcula en torno a uno de cada 5.000 varones nacidos vivos. La hemofilia B corresponde al déficit de factor IX, es bastante menos frecuente (alrededor de uno de cada 30.000 varones) y se conoce también como enfermedad de Christmas. Existe una tercera forma, la hemofilia C, ligada al factor XI, mucho más rara y con un patrón de herencia distinto que no depende del cromosoma X.

Hay un matiz que suele malinterpretarse. La gravedad no la marca el tipo, sino cuánta actividad conserva el factor. Dos personas, una con hemofilia A y otra con hemofilia B, pueden tener un cuadro igual de intenso si el nivel de factor activo es parecido. Según ese porcentaje se habla de formas leves, moderadas y graves.

La enfermedad real

Pocas enfermedades han dejado tanta huella en la historia europea. A la hemofilia se la apodó la enfermedad real porque recorrió varias casas reinantes del continente a partir de una sola persona: la reina Victoria de Inglaterra. Ella era portadora, seguramente por una mutación espontánea, ya que no tenía antecedentes conocidos. A través de sus hijas Alicia y Beatriz, el gen llegó a las familias reales de Rusia, España y Alemania.

El caso más recordado es el del zarévich Alekséi, hijo del zar Nicolás II de Rusia y bisnieto de Victoria. Estudios moleculares realizados sobre los restos de la familia Romanov confirmaron que la variante que circulaba por este linaje era una hemofilia B. La sombra de la enfermedad, y la influencia que Rasputín ejerció al aliviar los episodios del niño, se han señalado a menudo como una de las tensiones que rodearon el final de la dinastía. En España, la descendencia de Alfonso XIII y Victoria Eugenia también se vio afectada.

Historia del término

La observación del cuadro es muy anterior a su nombre. Ya antiguos textos rabínicos eximían de la circuncisión a los niños cuyos hermanos habían sangrado en exceso, señal de que el carácter hereditario se intuía hace siglos. En 1803 el médico estadounidense John Conrad Otto describió con detalle familias en las que solo los varones sufrían hemorragias prolongadas, transmitidas por mujeres que no enfermaban.

La palabra llegó algo después. Apareció en 1828 en un tratado de Friedrich Hopff, estudiante en la Universidad de Zúrich bajo la dirección del clínico Johann Lukas Schönlein. Durante el siglo XIX la enfermedad recibió denominaciones muy variadas antes de que hemofilia se impusiera. La distinción entre la forma A y la B tuvo que esperar hasta 1952, cuando se describió el caso de un paciente llamado Stephen Christmas, cuyo apellido quedó unido para siempre a la hemofilia B.

Diferencia con otros trastornos hemorrágicos

No todo sangrado hereditario es hemofilia. El trastorno con el que más se confunde es la enfermedad de von Willebrand, que afecta a otra proteína distinta y que, al no depender del cromosoma X, se presenta por igual en hombres y mujeres. Existen además otros déficits de factores de la coagulación, más raros, que producen cuadros hemorrágicos propios. Lo que singulariza a la hemofilia es la combinación de tres rasgos: el factor implicado (VIII o IX), la herencia ligada al cromosoma X y su predominio en varones.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la palabra hemofilia?

Literalmente, afición a la sangre, del griego haima y philia. Es un nombre paradójico para una enfermedad definida por la pérdida de sangre. Se documenta por primera vez en 1828.

¿Por qué afecta sobre todo a los hombres?

Porque los genes de los factores VIII y IX están en el cromosoma X y el patrón de herencia es recesivo. El varón tiene un único cromosoma X: si está alterado, no hay otra copia que lo supla. La mujer tiene dos, así que una copia sana suele bastar, y por eso ella acostumbra a ser portadora sin enfermar.

¿Las mujeres pueden tener hemofilia?

Es raro, pero posible. Ocurriría si heredase el gen alterado en sus dos cromosomas X, una combinación poco probable. Muchas portadoras, además, presentan niveles de factor algo reducidos y pueden notar cierta tendencia al sangrado, aunque no lleguen a padecer la enfermedad completa.

¿Qué es la enfermedad de Christmas?

Es otro nombre de la hemofilia B, la que se debe al déficit de factor IX. Procede del apellido de Stephen Christmas, el primer paciente en el que se describió esta variante, en 1952.

¿La hemofilia siempre se hereda?

Casi siempre, aunque no en todos los casos. Una parte aparece por una mutación nueva, sin familiares afectados, como se cree que sucedió en la propia reina Victoria. Existe además una forma adquirida, muy poco común, que no es hereditaria y suele presentarse en la edad adulta.

Referencias

  1. Hemofilia. MedlinePlus en español. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Consultar fuente.
  2. Hemofilia. Manual MSD, versión para profesionales. Consultar fuente.
  3. Hemofilia. Orphanet. Consultar fuente.
  4. ¿Qué es la hemofilia? Federación Española de Hemofilia (Fedhemo). Consultar fuente.

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