DICCIONARIO MÉDICO
Hemartrosis
La hemartrosis es la presencia de sangre en el interior de una articulación. Se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe dentro de la cavidad articular y la sangre queda retenida en un espacio que en condiciones normales solo alberga una fina película de líquido sinovial. La rodilla concentra la mayoría de los casos, por delante del codo y el tobillo. Detrás puede haber un traumatismo o un trastorno de la coagulación como la hemofilia. La palabra reúne dos raíces griegas: αἷμα (haîma), «sangre», y ἄρθρον (árthron), «articulación», a las que se añade el sufijo -osis, que en el lenguaje médico señala un proceso o un estado. Nombra, por tanto, la situación en la que la sangre invade el interior de una articulación. Una articulación sinovial funciona como una cámara cerrada. La membrana que la tapiza por dentro segrega el líquido que lubrica el cartílago y amortigua el roce entre los huesos; ese líquido es escaso y transparente. El interior de una articulación sana apenas contiene uno o dos mililitros, de modo que basta una hemorragia pequeña para que la cavidad se note tensa. Cuando la sangre entra, el equilibrio se rompe: el volumen crece, la presión sube y la articulación se distiende. El margen es mínimo. La sangre dentro de una articulación no se comporta como un relleno inofensivo. Al degradarse, la hemoglobina libera hierro, y ese hierro (junto con otros productos de la descomposición de los hematíes) irrita la membrana sinovial y desencadena una respuesta inflamatoria. La sinovial se engrosa, se vuelve más frágil y sangra con mayor facilidad, lo que tiende a perpetuar el problema. Con la repetición de los episodios en una misma articulación, el cartílago acaba resintiéndose. La exposición mantenida a la sangre altera los condrocitos y favorece la degeneración articular. En las personas con hemofilia, esta secuencia conduce a la artropatía hemofílica, un deterioro crónico de la articulación afectada. El daño se suma con cada recaída. Las causas de la hemartrosis se agrupan en dos grandes bloques. Las de origen traumático predominan en la población general: una torsión brusca de la rodilla que rompe el ligamento cruzado anterior, una fractura que alcanza la superficie articular, una lesión meniscal con componente vascular o una luxación pueden desgarrar vasos dentro de la articulación. También aparece tras algunas intervenciones sobre la propia articulación, como la artroscopia. En el bloque no traumático sobresalen los trastornos de la coagulación. La hemofilia A (déficit de factor VIII) y la hemofilia B (déficit de factor IX) predisponen a hemorragias articulares que pueden surgir sin golpe aparente. La enfermedad de von Willebrand y el uso de fármacos anticoagulantes completan este grupo, al que se suman ciertas artropatías inflamatorias. No siempre hay un traumatismo detrás. No todo derrame articular es una hemartrosis. Cuando la articulación se llena de líquido sinovial claro, sin sangre, se habla de hidrartrosis o derrame seroso, propio de muchos procesos inflamatorios y degenerativos. La hemartrosis implica sangre. Existe además una variante con valor diagnóstico propio: la lipohemartrosis (también lipohemartros). Junto a la sangre aparecen glóbulos de grasa procedentes de la médula ósea, y su presencia indica que la fractura ha alcanzado el hueso esponjoso y ha abierto una comunicación entre la médula y la cavidad. En una radiografía tomada con el paciente tumbado y el haz horizontal, la grasa (más ligera) flota sobre la sangre y dibuja un nivel característico, el signo de la interfase grasa-sangre. Kling describió el fenómeno en 1929. Del griego haîma («sangre») y árthron («articulación»), con el sufijo -osis. La forma sin sufijo, hemartros, designa lo mismo y convive con ella en los textos médicos. No. Un derrame de rodilla puede contener líquido sinovial claro, sin una gota de sangre. Solo cuando lo acumulado es sangre se habla de hemartrosis. La distinción importa, porque el origen y el significado de uno y otro son distintos. Porque a estos pacientes les falta un factor de la coagulación (el VIII en la hemofilia A, el IX en la hemofilia B), de manera que un sangrado que en otra persona se detendría por sí solo puede continuar dentro de la articulación. La hemartrosis es, de hecho, la manifestación más frecuente de la hemofilia. Sobre todo las grandes articulaciones de un solo eje de movimiento: la rodilla en primer lugar, seguida del codo y el tobillo. Hemartros: la forma equivalente del término, centrada en su origen griego y en la variante lipohemartros. Hemofilia: trastorno hereditario de la coagulación en el que la hemartrosis es la manifestación más habitual. Membrana sinovial: la capa que tapiza la articulación por dentro y produce el líquido articular. Líquido sinovial: el fluido que lubrica y nutre el cartílago dentro de la cavidad articular. Articulación: la estructura donde se unen los huesos y en la que se produce la hemartrosis.Qué es la hemartrosis
Por qué la sangre resulta lesiva para la articulación
Causas traumáticas y no traumáticas
Cómo se distingue de otros derrames articulares
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra hemartrosis?
¿Es lo mismo una hemartrosis que un derrame de rodilla?
¿Por qué la hemofilia provoca sangrado dentro de las articulaciones?
¿Qué articulaciones se afectan con más frecuencia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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