DICCIONARIO MÉDICO
Hematoma
Un hematoma es una acumulación de sangre fuera de los vasos sanguíneos que forma una colección más o menos delimitada en el espesor de un tejido, un músculo, un hueso o un órgano. Se debe a la rotura de vasos, casi siempre por un golpe, sin que la sangre salga al exterior. Un hematoma se produce cuando la sangre escapa de un vaso roto y se acumula en el interior de un tejido, donde forma una masa palpable. El nombre lo dice: procede del griego αἷμα (haima, sangre) y del sufijo -oma, que en este caso no designa un tumor verdadero, sino una tumefacción, un abultamiento producido por la sangre retenida. En una herida la sangre sale al exterior; en el hematoma la piel permanece intacta y la sangre queda atrapada dentro. La cantidad de sangre acumulada marca la diferencia con otras lesiones parecidas. Cuando la extravasación es mínima y queda en la superficie de la piel, se habla de equimosis o, en lenguaje corriente, de cardenal. El hematoma va un paso más allá: la sangre eleva el tejido y crea un bulto que se puede tocar, a veces con sensación de fluctuación cuando el volumen es grande. Todo empieza con la rotura de uno o varios vasos. La sangre sale a presión, diseca el tejido vecino y se detiene cuando la coagulación sella el punto de fuga y la propia tensión de los tejidos frena la salida. Queda así una colección de sangre coagulada rodeada del tejido que la contiene. El tamaño depende del calibre del vaso, de la fuerza del golpe y de la firmeza de la zona: en un músculo laxo la sangre se extiende con facilidad, mientras que bajo una piel tensa queda más confinada. Con el paso de los días, el organismo desmonta poco a poco esa sangre estancada. Las células de limpieza retiran los restos y la hemoglobina se degrada en una sucesión de pigmentos que cambian de color, del rojo inicial al azul violáceo, luego al verde y por fin al amarillo, antes de desaparecer. Ese desfile de tonos, bien visible en los hematomas cercanos a la piel, es la razón por la que un moratón "cambia de color" mientras cura. Los hematomas pequeños se reabsorben solos. Los de gran volumen tardan más y, en ocasiones, quedan encapsulados por una cubierta fibrosa que puede llegar a calcificarse. La sangre puede acumularse en casi cualquier parte del cuerpo, y de esa localización toma el hematoma su nombre y su importancia. Los más comunes son los superficiales, bajo la piel y en los músculos, molestos pero por lo general banales. Bajo una uña, un golpe forma el hematoma subungueal, esa mancha oscura y dolorosa que acompaña al dedo pillado. Muy distinto es cuando la sangre se acumula dentro del cráneo, donde el espacio es rígido y cualquier colección comprime el cerebro. Según la capa en la que se sitúe, se distingue el hematoma epidural, el hematoma subdural y el hematoma intraparenquimatoso, este último dentro del propio tejido cerebral. Un caso particular es el hematoma en antifaz, la aparición de sangre alrededor de ambos ojos que puede delatar una fractura de la base del cráneo. En el recién nacido, la sangre acumulada entre el hueso del cráneo y su cubierta da lugar al cefalohematoma. Hay hematomas que se forman en órganos internos tras un traumatismo o una cirugía, y otros ligados a situaciones concretas, como el que aparece junto a la placenta durante el embarazo. En todos ellos el concepto es el mismo: sangre fuera del vaso que forma una colección. Lo que cambia es el terreno donde se asienta y las consecuencias que de ello se derivan. La petequia es el extremo menor de esta familia: un punto rojo diminuto, de menos de dos milímetros, por rotura de un capilar. La equimosis es una mancha plana y extensa que tiñe la piel sin abultarla. El hematoma se separa de ambas por su relieve, porque la sangre no solo colorea, sino que ocupa espacio y levanta el tejido. Conviene no confundir el hematoma con la contusión. La contusión es el golpe, el mecanismo de la lesión; el hematoma es una de sus posibles consecuencias, la sangre que ese golpe deja acumulada. Un mismo traumatismo puede dar lugar a una equimosis, a un hematoma o a ninguna de las dos, según la intensidad y la zona afectada. Del griego haima, sangre, con el sufijo -oma. Aunque ese sufijo suele aparecer en nombres de tumores, aquí conserva un sentido más antiguo y amplio, el de tumefacción o hinchazón. Un hematoma es, literalmente, un abultamiento de sangre, no una neoplasia. Porque la hemoglobina de la sangre atrapada se va degradando. Al descomponerse genera distintos pigmentos, y cada uno tiñe la zona de un tono diferente, del rojo y el morado iniciales al verde y el amarillo finales. La secuencia acompaña al proceso de reabsorción y termina cuando la sangre ha sido retirada por completo. No. La mayoría son superficiales y se reabsorben sin intervención alguna en unos días o semanas. La situación cambia cuando la colección es grande, comprime estructuras vecinas o se localiza en un lugar delicado, como el interior del cráneo. En esos casos la valoración corresponde al médico. Son cosas distintas. Un hematoma es sangre que ha salido del vaso y se ha acumulado en los tejidos de alrededor. Un coágulo dentro de una vena se forma en el interior del propio vaso y obstruye la circulación. En ambos interviene la coagulación, pero el lugar donde ocurren no es el mismo. Depende del tamaño y de la zona. Un hematoma pequeño suele resolverse en un par de semanas, mientras que uno voluminoso o situado en tejidos profundos puede necesitar meses.Qué es un hematoma
Cómo se forma y cómo evoluciona
Tipos de hematoma según su localización
Diferencias con otras lesiones por salida de sangre
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra hematoma?
¿Por qué el moratón cambia de color con los días?
¿Todos los hematomas necesitan tratamiento?
¿Es lo mismo un hematoma que un coágulo dentro de una vena?
¿Cuánto tarda en desaparecer?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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