DICCIONARIO MÉDICO
Cardenal
Cardenal es el nombre coloquial que se da en España a la mancha cutánea producida por la acumulación de sangre bajo la piel tras un golpe u otra causa de rotura de pequeños vasos sanguíneos. En terminología médica corresponde a la equimosis subcutánea, y en el habla popular de Latinoamérica se conoce como moratón, moretón o morado. Un cardenal es una zona de coloración anómala de la piel que aparece cuando la sangre se extravasa desde los capilares rotos hacia el tejido subcutáneo. La piel no se rompe; lo que se rompe son las paredes de pequeños vasos, casi siempre capilares o vénulas de calibre inferior a un milímetro. Al quedar atrapada entre las fibras del tejido conectivo, la sangre se hace visible como una mancha que evoluciona de color a lo largo de los días. La palabra procede del sustantivo castellano cardenal, que la RAE recoge con la acepción de "mancha amoratada que sale en la piel a consecuencia de un golpe". Se documenta en español desde el siglo XV con este sentido figurado, tomado del color púrpura del manto cardenalicio: la similitud entre el morado de la vestimenta eclesiástica y el morado de la piel contusa dio lugar a la metáfora. El DRAE registra también la forma en desuso cárdeno, del latín cardĭnus, "azulado, violáceo", emparentada con la misma raíz. Uno de los aspectos que más llama la atención de los cardenales es que cambian de color con el paso de los días. No se trata de un capricho estético: cada tonalidad refleja una fase concreta de la degradación de la hemoglobina atrapada fuera de los vasos. En las primeras horas predomina el rojo oscuro de la hemoglobina oxigenada. Hacia el segundo día, la desoxihemoglobina confiere un tono azulado o violáceo que es el más reconocible. A partir del quinto o sexto día, la hemoglobina se degrada en biliverdina (verdosa) y luego en bilirrubina (amarillenta). Los macrófagos tisulares fagocitan progresivamente estos pigmentos y los transforman en hemosiderina, un depósito de hierro parduzco. La reabsorción completa suele tardar entre diez días y tres semanas, aunque un cardenal extenso en una extremidad inferior puede necesitar más tiempo porque la gravedad dificulta el drenaje. No todos los cardenales pasan por todas las fases con la misma nitidez. En pieles claras la secuencia cromática se aprecia bien; en pieles oscuras puede predominar un tono negruzco uniforme que solo se aclara al final del proceso. En el lenguaje cotidiano, cardenal, moratón y hematoma se usan como sinónimos. La semiología médica, sin embargo, distingue varias lesiones purpúricas por su tamaño y profundidad. La petequia es una lesión puntiforme, de uno a dos milímetros, que no desaparece al presionar la piel con un portaobjetos. Cuando las lesiones miden entre tres milímetros y un centímetro, se habla de púrpura propiamente dicha. La equimosis supera el centímetro y es plana; el hematoma, en cambio, forma una colección palpable, a veces fluctuante, con un componente de ocupación que puede comprimir estructuras vecinas. Un cardenal típico tras un golpe doméstico corresponde casi siempre a una equimosis subcutánea: es plano, no fluctúa y se resuelve solo. Conviene recordar que ninguna de estas lesiones palidece con la vitropresión. Ese dato permite distinguirlas del eritema, en el que los vasos están dilatados pero íntegros y la sangre refluye al presionar. Del color púrpura de las vestiduras cardenalicias. La metáfora está documentada en castellano desde el siglo XV. La RAE conecta la voz con cárdeno, del latín cardĭnus, que significa "azulado" o "violáceo", y que a su vez comparte raíz con el cardo, planta cuyas flores presentan ese mismo tono. No en sentido estricto. El cardenal habitual es una equimosis plana: sangre infiltrada en el tejido sin formar una colección delimitada. El hematoma implica acumulación de sangre que ocupa espacio, eleva la piel y puede requerir evacuación si es grande. En el habla coloquial, sin embargo, ambos términos se usan de forma intercambiable. Depende. Un cardenal aislado en el muslo o el brazo tras un golpe inadvertido suele carecer de importancia, sobre todo en personas de edad avanzada cuya piel ha perdido tejido graso protector. Otra cosa distinta es que aparezcan múltiples equimosis sin traumatismo claro, que se acompañen de petequias o que se presenten en sitios poco habituales como el tronco o la cara: en esos casos conviene descartar alteraciones de la coagulación o de la cifra de plaquetas. Porque la hemoglobina extravasada se degrada paso a paso. Cada pigmento intermedio tiene un color propio: la desoxihemoglobina es azulada, la biliverdina verdosa, la bilirrubina amarilla. El proceso es enzimático y depende de los macrófagos tisulares, de modo que la velocidad de cambio varía según la vascularización de la zona y el volumen de sangre extravasada. Si desea profundizar en conceptos asociados al cardenal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un cardenal
La secuencia cromática del cardenal
Diferenciación con equimosis, hematoma, petequia y púrpura
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cardenal aplicada a un moratón?
¿Es lo mismo un cardenal que un hematoma?
¿Deben preocupar los cardenales que salen sin golpe aparente?
¿Por qué los cardenales cambian de color?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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