DICCIONARIO MÉDICO
Capilar
Un capilar sanguíneo es el vaso más pequeño del sistema circulatorio, con un diámetro de entre 5 y 10 micrómetros. Conecta las arteriolas con las vénulas y constituye el lugar donde realmente se intercambian oxígeno, nutrientes y productos de desecho entre la sangre y los tejidos. Se distinguen tres tipos principales: continuos, fenestrados y sinusoidales. El término procede del latín capillaris, que significa literalmente "fino como un cabello" (capillus). Los anatomistas del Renacimiento eligieron esa imagen para nombrar unos vasos que solo podían intuir, porque el ojo desnudo no alcanza a verlos. Fue Marcello Malpighi quien los observó por primera vez en 1661, examinando al microscopio el pulmón de una rana. Con aquel hallazgo quedó resuelto un problema que llevaba décadas abierto: William Harvey había descrito la circulación sanguínea en 1628, pero no podía explicar cómo la sangre pasaba del territorio arterial al venoso. Faltaba la pieza que conectaba ambos sistemas. Un capilar sanguíneo es, en términos estructurales, el vaso más simple del organismo. Su pared se reduce a una sola capa de células del endotelio apoyadas sobre una membrana basal. No posee túnica media muscular ni adventicia: toda la barrera entre la sangre y el tejido circundante es esa lámina de una célula de espesor. En algunos puntos, unas células contráctiles llamadas pericitos abrazan parcialmente al capilar y participan en la regulación de su calibre, aunque el mecanismo no se conoce con el mismo detalle que el de las arteriolas. Esa extrema delgadez no es casual. Es lo que permite la difusión de gases y moléculas pequeñas entre la sangre y el líquido intersticial. El conjunto de capilares, arteriolas precapilares y vénulas poscapilares forma la microcirculación, el segmento del árbol vascular donde se cumplen las funciones de intercambio. Los capilares se clasifican en tres tipos según la continuidad de su endotelio y de su membrana basal. La distinción importa porque determina qué sustancias pueden cruzar la pared y en qué cantidad. Capilares continuos. Son los más abundantes. Su endotelio forma un revestimiento sin interrupciones, con uniones estrechas entre célula y célula que solo dejan pasar agua, iones y moléculas de pequeño tamaño. Predominan en el músculo esquelético, la piel, los pulmones y el tejido nervioso. En el cerebro, los capilares continuos presentan unas uniones particularmente herméticas y constituyen la base estructural de la barrera hematoencefálica. Capilares fenestrados. Presentan poros (fenestraciones) en las células endoteliales, lo que permite un intercambio más rápido y de moléculas más grandes que el que admite un capilar continuo. La membrana basal, sin embargo, permanece intacta. Se encuentran donde la velocidad de intercambio es prioritaria: en los glomérulos del riñón, en las glándulas endocrinas y en las vellosidades intestinales. Capilares sinusoidales (o discontinuos). Tienen la luz más ancha de los tres tipos, una membrana basal incompleta o ausente y hendiduras amplias entre las células endoteliales. Esa arquitectura abierta permite el paso incluso de células sanguíneas enteras y de proteínas de gran tamaño. Se localizan en la médula ósea (por donde los eritrocitos recién formados acceden al torrente sanguíneo), en el hígado y en el bazo. El movimiento de sustancias entre la sangre capilar y el líquido intersticial se produce por tres mecanismos. La difusión es, con diferencia, el más relevante para los gases respiratorios y las moléculas pequeñas: el oxígeno pasa de la sangre al tejido porque su concentración es mayor dentro del capilar, y el dióxido de carbono recorre el camino inverso. No requiere energía. Para las proteínas y otras macromoléculas que no pueden atravesar las uniones intercelulares, existe la transcitosis: vesículas que se forman en un lado de la célula endotelial, engloban la molécula y la liberan al otro lado. Es un proceso lento comparado con la difusión, pero en ciertos lechos capilares (el cerebro, por ejemplo) constituye la única vía de paso para sustancias de cierto tamaño. El tercer mecanismo es la filtración y reabsorción de líquido, gobernadas por las fuerzas descritas por Ernest Starling en 1896. En el extremo próximo a la arteriola (el capilar arterial), la presión hidrostática intravascular supera a la presión oncótica del plasma y el líquido sale hacia los tejidos. En el extremo que desemboca en la vénula (el capilar venoso), la relación se invierte y predomina la reabsorción. El pequeño volumen de líquido que no se reabsorbe por vía capilar lo recogen los capilares linfáticos. Los capilares carecen de músculo liso propio, así que no pueden contraerse ni dilatarse por sí mismos. El flujo a través de ellos depende del tono de las arteriolas que los preceden y, en algunos lechos vasculares, de un anillo de músculo liso situado en el punto de origen del capilar, el esfínter precapilar. Cuando la demanda metabólica de un tejido aumenta (durante el ejercicio muscular, por ejemplo), las arteriolas locales se relajan, los esfínteres se abren y un número mayor de capilares recibe sangre. En reposo, una parte del lecho capilar permanece cerrada. El calibre del capilar importa. Con 5 a 10 micrómetros de diámetro, un glóbulo rojo de 7-8 µm debe deformarse para atravesarlo. Esa deformación no es un defecto del diseño: al obligar al eritrocito a adelgazarse y pegarse a la pared, la distancia de difusión para el oxígeno se reduce al mínimo. Del latín capillaris, derivado de capillus (cabello). Los anatomistas del Renacimiento llamaron vasa capillaria a estos vasos porque su finura recordaba a la de un cabello humano. Malpighi fue el primero en verlos, en 1661, pero el adjetivo llevaba siglos usándose en la física de los fluidos para describir el ascenso de líquidos por tubos estrechos. No. El capilar conecta la arteriola con la vénula y carece por completo de capa muscular; su pared es solo endotelio y membrana basal. La vénula, en cambio, recoge la sangre del capilar y la conduce hacia venas de mayor calibre. Las vénulas poscapilares son estructuralmente parecidas al capilar, pero las vénulas musculares ya incorporan células de músculo liso en su pared. Las estimaciones varían, pero se calcula que un adulto posee entre 10.000 y 40.000 millones de capilares. Si se desplegaran en línea recta, sumarían una longitud superior a 90.000 kilómetros. La superficie total de intercambio que ofrecen supera el 95 % de la superficie de todo el sistema circulatorio. Depende del contexto. Una inflamación localizada aumenta la permeabilidad de la pared capilar, favorece la salida de líquido y proteínas al intersticio y facilita la migración de leucocitos hacia el foco (un proceso llamado diapédesis). Cuando la inflamación afecta de forma difusa a los capilares, se habla de capilaritis o, en un contexto más amplio, de vasculitis de pequeño vaso. Si desea profundizar en conceptos asociados al capilar sanguíneo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el capilar sanguíneo
Tipos de capilares sanguíneos
Intercambio de sustancias a través de la pared capilar
Regulación del flujo capilar
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra capilar?
¿Es lo mismo un capilar que una vénula?
¿Cuántos capilares tiene el cuerpo humano?
¿Qué ocurre cuando un capilar se daña o se inflama?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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