DICCIONARIO MÉDICO
Arteriola
La arteriola es un vaso sanguíneo de calibre inferior a 0,3 mm que se interpone entre las arterias musculares de pequeño calibre y los capilares. Su capacidad de contraerse y dilatarse convierte a las arteriolas en el principal regulador de la resistencia vascular periférica y, con ella, de la presión arterial. El término procede del latín arteriola, diminutivo de arteria, y designa literalmente una "arteria pequeña". En la nomenclatura histológica actual, una arteriola es un vaso cuya pared conserva las tres capas clásicas de la pared arterial (la túnica íntima, la túnica media y la túnica adventicia), pero reducidas al mínimo: el endotelio apenas tiene tejido subendotelial debajo, la media contiene solo una o dos capas concéntricas de músculo liso, y la adventicia se confunde con el tejido conectivo que la rodea. No existe lámina elástica externa, un dato que ayuda a distinguirla de la arteria muscular pequeña cuando se observa al microscopio. A pesar de su reducido tamaño, las arteriolas ejercen una influencia desproporcionada sobre la hemodinámica del organismo. Ese protagonismo se explica por un principio físico conocido: la resistencia al flujo de un líquido por un tubo varía con la cuarta potencia del radio (ley de Poiseuille). Una reducción mínima del calibre arteriolar basta para elevar la resistencia de forma notable; un aumento igualmente pequeño la reduce. Por eso se las denomina también vasos de resistencia. El músculo liso de la arteriola mantiene un grado permanente de contracción parcial, el llamado tono vascular, que resulta de la actividad espontánea de sus propias fibras y de la influencia del sistema nervioso simpático. Sobre ese tono basal actúan tres tipos de señales que lo modifican en direcciones opuestas. Las señales nerviosas son las más rápidas. La noradrenalina liberada por los terminales simpáticos contrae la arteriola en segundos, lo que redistribuye la sangre de unos territorios a otros (durante el ejercicio, por ejemplo, las arteriolas de la musculatura esquelética se dilatan mientras las del lecho esplácnico se contraen). Señales hormonales como la angiotensina II o la adrenalina circulante también modifican el calibre arteriolar, aunque su acción es algo más lenta y más sostenida. Existe, además, un control local que depende de sustancias producidas por el propio tejido irrigado: el óxido nítrico y las prostaglandinas dilatan la arteriola cuando el tejido necesita más oxígeno, y la adenosina actúa de modo similar en territorios concretos como el miocardio. El resultado neto de todas estas señales determina cuánta sangre recibe cada órgano en cada momento, y cuánta presión debe generar el corazón para mantener el flujo sistémico. Un dato ilustra la magnitud del efecto: es en la transición entre arteriola y capilar donde se produce el mayor descenso de presión de todo el circuito, un salto que protege a los capilares (cuya pared es de una sola célula) de la fuerza pulsátil que sale del ventrículo. En la mayor parte del organismo, cada arteriola desemboca en un lecho capilar y este drena a una vénula. El riñón constituye una excepción llamativa: allí existe un ovillo capilar (el glomérulo) interpuesto entre dos arteriolas, no entre una arteriola y una vénula. La arteriola aferente lleva la sangre al glomérulo para que se filtre el plasma, y la arteriola eferente la recoge a la salida para dirigirla a una segunda red capilar, la peritubular. Esa disposición en serie permite al riñón ajustar la presión de filtración con enorme precisión, modificando el tono de una u otra arteriola. Las entradas dedicadas a la arteriola aferente y a la arteriola eferente desarrollan en detalle la fisiología de ambas en el contexto de la nefrona renal. Del latín arteriola, formado como diminutivo de arteria. El sufijo -ola indica tamaño reducido, de modo que el significado literal es "arteria pequeña". En español la voz se documenta al menos desde el siglo XIX en textos de fisiología y anatomía. No. La arteria muscular pequeña conserva varias capas de músculo liso y posee dos láminas elásticas (interna y externa). La arteriola tiene solo una o dos capas musculares y carece de lámina elástica externa. La frontera convencional se sitúa en torno a los 100-300 micrómetros de diámetro, dependiendo de la fuente consultada. Porque la resistencia que ofrecen al paso de la sangre es, proporcionalmente, la mayor de todo el árbol vascular. Esa resistencia depende sobre todo de su calibre, que cambia con la contracción o relajación del músculo liso de su pared. La denominación funcional de vaso de resistencia subraya precisamente ese papel: más que conducir la sangre, la arteriola la dosifica. El cambio de calibre arteriolar modifica la distribución de sangre a cada tejido y es el principal determinante de la presión arterial diastólica. Cuando el tono arteriolar aumenta de forma crónica en múltiples territorios, el resultado es un incremento sostenido de la presión arterial sistémica. Directa. La presión arterial resulta del producto del gasto cardíaco por la resistencia vascular periférica. Las arteriolas son las principales responsables de generar esa resistencia. Un aumento generalizado del tono arteriolar eleva la presión; una relajación generalizada la reduce. Si desea profundizar en conceptos asociados a la arteriola, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una arteriola
Control del tono arteriolar
Las arteriolas en la circulación renal
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra arteriola?
¿Es lo mismo una arteriola que una arteria pequeña?
¿Por qué las arteriolas se llaman "vasos de resistencia"?
¿Qué relación tienen las arteriolas con la presión arterial?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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