DICCIONARIO MÉDICO
Traumatismo
Un traumatismo es la lesión que sufre un tejido, un órgano o cualquier otra estructura del cuerpo por la acción brusca de una fuerza externa. El agente suele ser mecánico, un golpe, una caída, un impacto, aunque el término cubre también el daño producido por el calor, la electricidad o determinadas sustancias químicas. Su gravedad va desde el hematoma que se resuelve solo hasta la lesión que compromete la vida. La palabra procede del griego τραῦμα (trauma, herida), formado sobre la raíz del verbo τιτρώσκω (titrosko, herir) más el sufijo -μα, que expresa el resultado de una acción, el mismo que aparece en idioma o en poema. Ya la empleaba Hipócrates en el siglo V a. C. con este sentido quirúrgico, y el vocablo entró en el latín científico en 1693, de donde pasó a las lenguas europeas modernas. En castellano conviven trauma y traumatismo sin significar exactamente lo mismo. La Real Academia reserva el segundo para la lesión física propiamente dicha, mientras que trauma se emplea además, sobre todo en psiquiatría, para el choque emocional que deja una huella duradera. En la práctica asistencial diaria, sin embargo, ambas formas circulan como sinónimos cuando se habla de daño corporal. Conviene distinguir el traumatismo de otros términos con los que se solapa. La lesión es el concepto más amplio: cualquier alteración de la estructura o la función de un tejido, de origen traumático o no. La herida implica de forma específica la rotura de la piel o de una mucosa. La contusión, en cambio, es un traumatismo cerrado, sin ese punto de rotura cutánea que sí define a la herida. La inmensa mayoría de los traumatismos que se atienden en un servicio de urgencias son de origen mecánico, y dentro de ellos la distinción más usada separa los cerrados, en los que la piel permanece íntegra y la energía se transmite a través de ella hacia las estructuras profundas, de los abiertos, en los que un objeto rompe esa barrera y crea una vía directa hacia el interior. Esta pareja de conceptos, cerrado y abierto, reaparece con nombre propio en cada región anatómica: en el abdomen, en el cráneo, en la médula espinal. Fuera del terreno mecánico, la medicina reconoce otros tres agentes. El traumatismo térmico, por exposición a calor o frío extremos. El eléctrico, por el paso de corriente a través de los tejidos. Y el químico, por contacto con sustancias corrosivas. Cada uno sigue una fisiopatología distinta, ajena a la del impacto o la penetración que ocupan al resto de esta familia de términos. En cualquier traumatismo de cierta entidad conviene distinguir dos tiempos. La lesión primaria es el daño que se produce en el instante mismo del impacto, determinado por la energía transferida y por la resistencia del tejido afectado; ocurre una sola vez y no admite ya intervención alguna. La lesión secundaria, por el contrario, se instaura en las horas o los días posteriores, por mecanismos como el edema, la isquemia local o la respuesta inflamatoria, y puede ampliar de forma notable el territorio dañado más allá del punto de impacto original. No siempre es evitable. Pero sí es, en buena parte de los traumatismos graves, la fase sobre la que más puede actuarse, y de ahí que la distinción entre uno y otro tiempo se haya vuelto un principio organizador de la patología traumática, con desarrollo propio en la lesión cerebral y en la lesión medular de origen traumático. El manejo moderno del paciente traumatizado tiene un origen concreto. En febrero de 1976, el cirujano ortopédico James K. Styner sufrió un accidente de aviación en un campo de cultivo de Nebraska: su esposa murió en el acto y tres de sus cuatro hijos resultaron heridos de gravedad. La atención que recibieron en el hospital rural más cercano le pareció tan desorganizada que, de vuelta a su trabajo, se propuso sistematizarla. Junto con su colega Paul Collicott impartió en 1978 el primer curso de lo que hoy se conoce como soporte vital avanzado en trauma, adoptado en 1980 por el Colegio Americano de Cirujanos y convertido desde entonces en el estándar de las salas de urgencias de casi un centenar de países. Los traumatismos causados por el tráfico rodado, el mecanismo mejor documentado, se cobran cada año alrededor de 1,16 millones de vidas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, y son la primera causa de muerte entre los niños y los jóvenes de 5 a 29 años. A ellos se suman entre 20 y 50 millones de personas heridas anualmente, una cifra que sitúa al conjunto de los traumatismos entre los grandes problemas de salud pública global. Del griego trauma, herida, ya usado por Hipócrates en el siglo V antes de Cristo. El término entró en el latín científico en 1693 y de ahí pasó al castellano y al resto de lenguas europeas modernas. No. La herida implica siempre rotura de la piel o de una mucosa. Un traumatismo puede cursar sin ninguna rotura visible, como ocurre en una contusión o en muchas lesiones internas cerradas. La primaria se produce en el momento del impacto y no puede modificarse después. La secundaria se desarrolla en las horas o los días siguientes por edema, isquemia o inflamación, y es sobre la que se centra buena parte de la atención posterior al traumatismo. En 1978, cuando James K. Styner y Paul Collicott impartieron el primer curso de soporte vital avanzado en trauma tras el accidente aéreo que sufrió la familia de Styner dos años antes. El Colegio Americano de Cirujanos lo adoptó oficialmente en 1980. Los accidentes de tráfico, con diferencia. Causan alrededor de 1,16 millones de muertes al año y entre 20 y 50 millones de heridos, según la Organización Mundial de la Salud.Qué es un traumatismo
Clasificación según el agente causal
Lesión primaria y lesión secundaria
Sistematización de la atención al traumatismo
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra traumatismo?
¿Es lo mismo un traumatismo que una herida?
¿Qué diferencia hay entre lesión primaria y lesión secundaria?
¿Cuándo se sistematizó la atención al paciente traumatizado?
¿Cuál es el mecanismo más frecuente de traumatismo grave en el mundo?
Referencias
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