DICCIONARIO MÉDICO
Líquido cefalorraquídeo (LCR)
El líquido cefalorraquídeo (LCR) es un fluido transparente e incoloro, de aspecto parecido al agua, que rodea el encéfalo y la médula espinal y llena las cavidades internas del sistema nervioso central. Se forma sobre todo en los plexos coroideos, circula por los ventrículos cerebrales y el espacio subaracnoideo, y se reabsorbe hacia la sangre venosa. Amortigua los golpes, transporta nutrientes, retira desechos metabólicos y mantiene estable el entorno químico de las neuronas. El término combina dos adjetivos anatómicos: cefálico, del griego kephalé (cabeza), y raquídeo, del griego rhákhis (columna vertebral, espina dorsal). El nombre describe con exactitud su territorio: el líquido que ocupa la cabeza y el raquis, es decir, el eje encéfalo-medular al completo. En varios países hispanohablantes se emplea también líquido cerebroespinal (LCE), calco más directo del inglés cerebrospinal fluid. Desde el punto de vista físico se parece al plasma sanguíneo del que deriva, aunque con diferencias marcadas en su composición. Baña por dentro y por fuera el sistema nervioso central: circula por el interior de los ventrículos y por el conducto central de la médula, y envuelve por fuera todo el encéfalo y la médula dentro del espacio subaracnoideo, entre las meninges aracnoides y piamadre. La mayor parte del LCR, en torno al 70 %, se secreta en los plexos coroideos, unas estructuras vasculares muy plegadas que se alojan dentro de los ventrículos cerebrales, sobre todo los dos laterales. El resto procede del epéndimo que reviste esas cavidades y del propio líquido intersticial del tejido nervioso. La producción ronda los 0,3 a 0,4 mililitros por minuto, unos 500 mililitros al día. El recorrido tiene una dirección definida. Desde los ventrículos laterales el líquido pasa al tercer ventrículo por los agujeros interventriculares de Monro, atraviesa el acueducto cerebral de Silvio hasta el cuarto ventrículo y sale al espacio subaracnoideo, donde rodea el encéfalo y desciende por la médula. La reabsorción se produce en las granulaciones aracnoideas, unas proyecciones que vierten el líquido a los senos venosos de la duramadre y, desde ahí, de vuelta al torrente sanguíneo. Un adulto mantiene entre 100 y 150 mililitros en todo momento. La cifra sorprende al compararla con los 500 mililitros que se fabrican cada jornada: significa que el volumen se recambia por completo tres o cuatro veces al día. El sistema no almacena, renueva. Aunque nace de la sangre, el LCR no es un simple filtrado. La barrera hematoencefálica y la barrera sangre-LCR regulan con precisión qué moléculas cruzan, de modo que su composición se aparta de la del plasma de forma característica. Contiene mucha menos proteína: la concentración plasmática llega a ser unas doscientas veces mayor. La glucosa se sitúa alrededor de dos tercios de la glucemia medida en el mismo momento, entre 50 y 80 mg/dl según los valores de referencia habituales. En condiciones normales apenas contiene células. El recuento fisiológico admite hasta unos pocos leucocitos mononucleares por milímetro cúbico y ningún hematíe. Esa pureza celular es justamente lo que convierte el análisis del líquido en una ventana diagnóstica: una desviación en la glucosa, las proteínas o el recuento celular orienta hacia procesos concretos del sistema nervioso. Su papel más conocido es mecánico. El encéfalo flota literalmente en este líquido, lo que reduce su peso efectivo y lo protege frente a golpes y aceleraciones bruscas. Sin esa suspensión, el propio peso del cerebro comprimiría las estructuras de su base. A esa función amortiguadora se suman otras. El LCR distribuye nutrientes, hormonas y otras señales químicas por el sistema nervioso, y arrastra hacia la sangre los productos de desecho del metabolismo neuronal. También contribuye a estabilizar la presión dentro del cráneo: como el volumen intracraneal es prácticamente fijo, los desplazamientos de líquido ayudan a compensar cambios de volumen sanguíneo o de tejido. Cuando ese equilibrio se rompe, por exceso de producción o por un obstáculo en la circulación, el líquido se acumula y aparece la hidrocefalia. Porque ocupa a la vez la cabeza y el raquis. El adjetivo une kephalé, cabeza en griego, y rhákhis, columna vertebral. El nombre resume su distribución: encéfalo y médula espinal, sin dejar fuera ninguna parte del eje nervioso central. Sí. Son dos nombres para el mismo fluido. Líquido cefalorraquídeo es la forma más extendida en España; líquido cerebroespinal (LCE) se usa en otros países de habla hispana y calca el inglés cerebrospinal fluid. Un adulto contiene entre 100 y 150 mililitros en cada momento, repartidos entre los ventrículos y el espacio subaracnoideo cerebral y espinal. La renovación es continua: los plexos coroideos producen unos 500 mililitros diarios, de manera que la cifra total se recambia varias veces al día. Deriva del plasma, pero las barreras que lo producen filtran su contenido de forma selectiva. El resultado es un líquido casi sin proteínas y prácticamente sin células, con una glucosa que ronda dos tercios de la sanguínea. Esa composición controlada es la que permite que un análisis del líquido revele alteraciones del sistema nervioso.Qué es el líquido cefalorraquídeo
Dónde se produce y cómo circula
De qué está compuesto
Para qué sirve
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama cefalorraquídeo?
¿Es lo mismo el LCR que el líquido cerebroespinal?
¿Cuánto líquido cefalorraquídeo hay en el cuerpo?
¿Qué diferencia al líquido cefalorraquídeo de la sangre de la que procede?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026