DICCIONARIO MÉDICO
Epéndimo
El epéndimo es la membrana formada por células neurogliales que tapiza las cavidades internas del sistema nervioso central: los ventrículos cerebrales y el conducto central (o conducto ependimario) de la médula espinal. Actúa como barrera selectiva entre el líquido cefalorraquídeo y el tejido nervioso adyacente. La palabra procede del griego ἐπένδυμα (epéndyma), que significaba "vestidura exterior" o "prenda que se pone encima", compuesta por ἐπί (epí, "sobre"), ἐν (en, "en") y δύειν (dýein, "ponerse, vestirse"). La metáfora es la de una túnica que recubre por dentro las cavidades del encéfalo, como si el cerebro llevara un forro interior. Fue el patólogo alemán Rudolf Virchow quien adoptó el término griego para la anatomía, hacia 1846, al describir el revestimiento de los ventrículos cerebrales observado al microscopio. No todos los anatomistas de la época estuvieron de acuerdo con la elección: Josef Hyrtl protestó en 1880 argumentando que, puesto que se trataba de una sola capa, bastaba con endyma ("vestidura simple") y sobraba el prefijo epi-. Pese a la objeción, la forma ependyma ventriculorum se impuso y fue la que recogió la Basiliensia Nomina Anatomica de 1895, la primera nomenclatura anatómica unificada. El epéndimo está compuesto por una monocapa de células cuboideas a cilíndricas, los ependimocitos, que derivan del neuroepitelio embrionario del tubo neural. Su cara apical (la que mira hacia la cavidad ventricular) presenta cilios móviles y microvellosidades; la cara basal se apoya sobre el tejido glial subyacente mediante prolongaciones que en el embrión llegan hasta la superficie cerebral pero que en el adulto se acortan considerablemente. Las uniones entre ependimocitos son de tipo desmosómico, relativamente laxas si se comparan con las de un epitelio verdadero. Esa permeabilidad parcial tiene relevancia fisiológica: permite un intercambio controlado de sustancias entre el líquido cefalorraquídeo y el parénquima nervioso, pero sin la impermeabilidad que caracteriza a la barrera hematoencefálica propiamente dicha. En algunas regiones, como los órganos circunventriculares, esa permeabilidad es todavía mayor y está diseñada así para permitir la monitorización neuroendocrina de la composición del líquido cefalorraquídeo. No todas las células ependimarias son iguales. Se reconocen tres tipos principales. Los ependimocitos propiamente dichos son los más abundantes: cúbicos, ciliados, conectados por desmosomas, forman el revestimiento estándar de ventrículos y conducto central. Los tanicitos, más alargados y con prolongaciones basales largas que contactan con capilares, se concentran en el suelo y la pared lateral del tercer ventrículo, en contacto con el hipotálamo; su papel parece ligado a la regulación neuroendocrina (detección de glucosa, transporte de sustancias entre el líquido cefalorraquídeo y las neuronas hipotalámicas). Las células epiteliales coroideas recubren la superficie de los plexos coroideos y participan directamente en la producción del líquido cefalorraquídeo mediante ultrafiltración del plasma sanguíneo y secreción activa de iones. Los cilios de los ependimocitos baten de forma coordinada y generan un flujo laminar del líquido cefalorraquídeo a lo largo de las paredes ventriculares. Ese movimiento contribuye a la distribución homogénea de moléculas de señalización, factores de crecimiento y productos de desecho dentro del sistema ventricular. Experimentos en modelos animales con defectos ciliares han demostrado que la alteración de este flujo puede producir hidrocefalia. Investigaciones recientes han puesto de relieve otra propiedad: las células ependimarias conservan un potencial latente de célula madre neural. Tras una lesión medular, los ependimocitos del canal central aumentan su proliferación y reexpresan marcadores de célula progenitora, un hallazgo de interés para la medicina regenerativa que aún se encuentra en fase preclínica. La transformación neoplásica de las células ependimarias da lugar al ependimoma, un tumor primario del sistema nervioso central que representa aproximadamente el 5 % de los gliomas intracraneales en adultos y un porcentaje más alto en niños. Sus variantes incluyen el ependimoma mixopapilar, frecuente en el cono medular, y el subependimoma, de crecimiento lento y a menudo hallazgo incidental. Del griego ἐπένδυμα (epéndyma), "vestidura exterior". Virchow adoptó el término hacia 1846 para nombrar la membrana que recubre los ventrículos cerebrales, como si fuera el forro interior del encéfalo. No exactamente. El epéndimo es la membrana en su conjunto; el ependimocito es cada una de las células que la componen. Además de los ependimocitos propiamente dichos, el epéndimo incluye otros tipos celulares especializados, como los tanicitos y las células epiteliales coroideas. Doble. Una parte especializada del epéndimo, las células del plexo coroideo, produce la mayor parte del líquido cefalorraquídeo. Los cilios de los ependimocitos impulsan y distribuyen ese líquido a lo largo de las cavidades ventriculares. Si los cilios no funcionan correctamente, el líquido puede acumularse y provocar hidrocefalia. Si desea profundizar en conceptos asociados al epéndimo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el epéndimo
Estructura histológica del revestimiento ependimario
Tipos celulares del epéndimo
Funciones del epéndimo
Relevancia clínica del epéndimo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra epéndimo?
¿Es lo mismo epéndimo que ependimocito?
¿Qué relación tiene el epéndimo con el líquido cefalorraquídeo?
Referencias
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