DICCIONARIO MÉDICO
Hemorragia intraventricular
La hemorragia intraventricular es la presencia de sangre en el interior de los ventrículos cerebrales, las cavidades por las que circula el líquido cefalorraquídeo. Bajo un mismo nombre conviven dos realidades muy distintas: la del recién nacido prematuro, que nace de la fragilidad de una estructura transitoria del cerebro inmaduro, y la del adulto, que casi siempre acompaña a otro sangrado cerebral. Las causas, la edad y el pronóstico separan a ambas. El término se construye sobre la anatomía. "Intra" significa "dentro de", y "ventricular" remite al ventrículo, palabra que procede del latín ventriculus, diminutivo de venter, "vientre". Es decir, "pequeña cavidad". Los anatomistas antiguos llamaron así a los espacios huecos del encéfalo por analogía con una cámara o un vientre pequeño. El cerebro alberga cuatro: dos ventrículos laterales, el tercero y el cuarto, comunicados entre sí y llenos de líquido cefalorraquídeo. Cuando la sangre irrumpe en ese sistema, se habla de hemorragia intraventricular. Puede llegar allí desde dentro, si un vaso propio del revestimiento ventricular se rompe, o desde fuera, si un sangrado vecino se abre camino hasta la cavidad. Esta segunda vía es la más común en el adulto. En neonatología, la hemorragia intraventricular es un problema propio de la prematuridad. El cerebro del feto contiene una estructura llamada matriz germinal, un tejido situado junto a los ventrículos laterales, cerca de la cabeza del núcleo caudado. De ahí salen, durante la gestación, las neuronas y las células gliales que irán poblando el cerebro. Esa matriz está muy vascularizada y sus vasos son frágiles, poco maduros. Hacia el final del embarazo involuciona y desaparece. Un bebé que nace con muchas semanas de antelación conserva esa matriz activa y vulnerable. Cualquier oscilación brusca del flujo sanguíneo cerebral puede romper sus vasos. Cuanto menor es la edad gestacional y el peso al nacer, mayor es el riesgo. Por eso el cuadro se concentra en los grandes prematuros y en los primeros días de vida. Para describir su extensión se emplea una gradación de cuatro niveles, muy arraigada en la práctica. El grado I limita el sangrado a la matriz germinal, sin apenas alcanzar el ventrículo, y por eso también se conoce como hemorragia de la matriz germinal. En el grado II la sangre entra en el ventrículo sin dilatarlo. El grado III ya lo distiende. El grado IV añade la extensión al tejido cerebral que rodea el ventrículo, y es el que corresponde a una hemorragia intraparenquimatosa asociada. Los dos primeros grados suelen tener buen pronóstico. Los dos últimos entrañan más riesgo. En el adulto la historia es otra. Aquí la sangre rara vez nace en el propio ventrículo. Lo habitual es que una hemorragia intracerebral profunda, de origen hipertensivo, se rompa hacia la cavidad ventricular vecina y la inunde. También puede proceder de la rotura de un aneurisma o de una malformación arteriovenosa que vierte su sangre hacia los ventrículos, a veces junto con una hemorragia subaracnoidea. La forma primaria, la que se origina de entrada dentro del ventrículo sin un foco vecino, es infrecuente. La presencia de sangre intraventricular en un sangrado cerebral del adulto se considera un dato de gravedad. Añade volumen dentro de un espacio cerrado y perturba la circulación del líquido cefalorraquídeo. Los ventrículos no son cámaras estancas. Fabrican y drenan de forma continua el líquido cefalorraquídeo, que debe fluir sin obstáculos hacia el espacio que rodea el cerebro y la médula. La sangre altera ese equilibrio de dos maneras. Los coágulos pueden bloquear físicamente los estrechos pasos que comunican los ventrículos, y los restos de la hemorragia pueden dificultar la reabsorción posterior del líquido. En ambos casos el líquido se acumula, los ventrículos se dilatan y aparece una hidrocefalia. Es la complicación que más de cerca sigue a la hemorragia intraventricular, tanto en el prematuro como en el adulto. Por la matriz germinal. Es una zona del cerebro fetal muy vascularizada y de vasos frágiles que produce neuronas y glía durante la gestación. Los prematuros conservan esa estructura inmadura, incapaz de tolerar los cambios bruscos de presión sanguínea, y sus vasos sangran con facilidad. La matriz involuciona cerca del término, de modo que el bebé a término ya casi no la tiene. Describen cuánta sangre hay y hasta dónde llega. El grado I se queda en la matriz germinal. El II entra en el ventrículo sin dilatarlo. El III lo dilata. El IV se extiende además al tejido cerebral contiguo. Es una escala de menor a mayor afectación, y el grado orienta sobre el pronóstico. No. La intraventricular ocupa las cavidades llenas de líquido; la intraparenquimatosa ocupa el tejido cerebral. Ahora bien, ambas pueden coincidir: una hemorragia profunda del parénquima puede abrirse al ventrículo, y en el prematuro el grado IV combina precisamente los dos componentes. Porque la sangre estorba la circulación del líquido cefalorraquídeo. Los coágulos taponan los conductos que unen los ventrículos y los residuos hemáticos dificultan la reabsorción del líquido. Al no drenar con normalidad, el líquido se acumula y dilata las cavidades. Si desea profundizar en conceptos asociados a la hemorragia intraventricular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la hemorragia intraventricular
La hemorragia del recién nacido prematuro
La hemorragia intraventricular del adulto
Relación con la hidrocefalia
Preguntas frecuentes
¿Por qué afecta sobre todo a los bebés prematuros?
¿Qué significan los grados I a IV?
¿Es lo mismo que una hemorragia intraparenquimatosa?
¿Por qué puede provocar hidrocefalia?
Referencias
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