DICCIONARIO MÉDICO
Aneurisma
Un aneurisma es una dilatación localizada y permanente de la pared de un vaso sanguíneo, habitualmente una arteria, provocada por un debilitamiento estructural de sus capas. Puede formarse en cualquier territorio vascular, si bien la aorta abdominal y las arterias cerebrales concentran la mayoría de los casos. La prevalencia varía según la localización: los aneurismas de aorta abdominal afectan a un 4-8 % de los varones mayores de 65 años, mientras que aproximadamente una de cada cincuenta personas alberga un aneurisma intracraneal sin saberlo. En términos vasculares, se considera aneurisma toda dilatación focal que supere en un 50 % el diámetro normal del segmento arterial afectado. La palabra procede del griego ἀνεύρυσμα (aneúrysma, 'dilatación'), derivada del verbo ἀνευρύνειν (aneurýnein, 'dilatar'), compuesto por el prefijo ἀνά (aná, aquí con valor intensivo, 'por completo') y εὐρύς (eurýs, 'ancho'). El sentido literal vendría a ser algo así como «ensanchamiento completo». Rufo de Éfeso, anatomista del siglo I d.C., empleaba ya el término en sus escritos médicos, y Galeno lo consolidó en la tradición hipocrático-galénica. Al castellano llegó pronto. La primera documentación conocida data de 1493, dentro de una traducción anónima del Tratado de cirugía de Guido de Cauliaco conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid. Desde entonces ha mantenido su forma prácticamente inalterada. El adjetivo derivado es «aneurismático», no «aneurismal», aunque esta última forma anglicizada se ha extendido en la literatura científica reciente. La pared arterial consta de tres capas concéntricas: la íntima (endotelio y subendotelio), la media (fibras de músculo liso, elastina y colágeno) y la adventicia (tejido conectivo de soporte). De estas tres, es la media la que soporta la mayor parte de la carga mecánica impuesta por la presión arterial. Un aneurisma verdadero implica las tres capas, que se adelgazan y se expanden de forma progresiva. Varios procesos pueden desencadenar ese debilitamiento. La degradación enzimática de la elastina y el colágeno mediada por metaloproteinasas de la matriz es uno de los mejor estudiados: estas enzimas, liberadas por macrófagos infiltrados en la pared, digieren la trama fibrosa que da consistencia a la túnica media. La aterosclerosis contribuye de forma distinta, no tanto debilitando directamente la media como comprometiendo la nutrición de la pared a través de los vasa vasorum. Y hay un componente físico que la ley de Laplace explica con claridad: a medida que el radio del vaso aumenta, la tensión sobre la pared crece de forma desproporcionada, lo que convierte la dilatación en un proceso que se retroalimenta. Un aneurisma de 6 cm no tiene el doble de riesgo de rotura que uno de 3; tiene un riesgo varias veces mayor. Los aneurismas se clasifican atendiendo a dos criterios principales. Según su forma, se distinguen los aneurismas saculares, que protruyen como una bolsa desde un lado de la pared arterial y predominan en las bifurcaciones del polígono de Willis, y los fusiformes, que consisten en una dilatación circunferencial del vaso sin cuello definido y son más frecuentes en la aorta abdominal. La morfología no es patognomónica de una causa concreta. Según la etiología, el espectro es más amplio. Los aneurismas ateroscleróticos constituyen la variedad más habitual en la aorta abdominal infrarrenal. Los micóticos, pese a lo que su nombre sugiere, no se deben necesariamente a hongos: el término designa aneurismas de origen infeccioso en general, y fue acuñado por William Osler en 1885 porque la vegetación endocárdica que los causaba le recordaba la forma de un hongo. Los sifilíticos afectan de manera característica a la aorta ascendente y fueron muy frecuentes antes de la era antibiótica. Existen también aneurismas de base genética, como los asociados a los síndromes de Marfan o de Ehlers-Danlos, en los que el defecto radica en las proteínas estructurales de la pared (fibrilina-1 o colágeno tipo III, respectivamente). Mención aparte merecen los aneurismas disecantes. La nomenclatura actual tiende a reservar el término «disección arterial» para estos casos, puesto que lo que ocurre es un desgarro de la íntima que permite la entrada de sangre entre las capas de la pared, sin que necesariamente exista una dilatación aneurismática previa. No obstante, el nombre clásico sigue en uso generalizado. Conviene distinguir con claridad estas dos entidades. En un aneurisma verdadero, la dilatación compromete las tres capas de la pared arterial, que permanecen íntegras aunque adelgazadas. En un pseudoaneurisma (o falso aneurisma), la sangre escapa a través de una solución de continuidad en la pared y queda contenida por los tejidos periarteriales, formando una cavidad pulsátil comunicada con la luz del vaso. Los pseudoaneurismas surgen con frecuencia tras procedimientos percutáneos (cateterismos, punciones arteriales) o traumatismos vasculares. La distinción no es solo académica: el riesgo de rotura libre es mayor en el pseudoaneurisma, cuya pared carece de estructura arterial propia. La ectasia arterial designa una dilatación difusa del calibre de un vaso que no alcanza el umbral del 50 % de aumento sobre el diámetro normal. Se trata, por tanto, de un estadio previo o una forma menor de dilatación que no se considera aneurisma propiamente dicho, si bien puede evolucionar hacia uno con el tiempo. En la práctica, la frontera entre ectasia y aneurisma pequeño es a veces difícil de trazar. Del griego ἀνεύρυσμα (aneúrysma), que significa literalmente «dilatación intensa». El término ya lo empleaban Rufo de Éfeso y Galeno en el siglo I-II d.C. En castellano se documenta desde 1493. No. En la disección, un desgarro de la capa interna permite que la sangre se infiltre entre las capas de la pared, creando un falso canal. Puede no haber dilatación alguna del vaso. Históricamente se ha usado el término «aneurisma disecante», pero la nomenclatura actual prefiere hablar de disección arterial como entidad separada, porque el mecanismo difiere del de un aneurisma clásico. La clave está en la pared. Un aneurisma verdadero conserva las tres capas arteriales (íntima, media y adventicia), aunque estén adelgazadas. Un pseudoaneurisma, en cambio, es una colección de sangre contenida por tejido periarterial, sin estructura arterial propia. Los pseudoaneurismas aparecen típicamente tras cateterismos o traumatismos y tienen mayor riesgo de rotura libre. Depende de la localización. Los aneurismas de aorta abdominal se detectan en un 4-8 % de los varones mayores de 65 años sometidos a cribado ecográfico. Los intracraneales son todavía más prevalentes desde el punto de vista epidemiológico: se estima que aproximadamente un 2-3 % de la población general alberga uno, la inmensa mayoría sin saberlo y sin que llegue a romperse nunca. Ambas formas son válidas. La Real Academia Española recoge «aneurisma» como sustantivo de género ambiguo, aunque el masculino es más frecuente en el uso actual, tanto en España como en Hispanoamérica. Si desea profundizar en los distintos tipos de aneurisma y en los procedimientos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un aneurisma
Mecanismo del debilitamiento parietal
Clasificación morfológica y etiológica
Aneurisma verdadero y pseudoaneurisma
Diferenciación con la ectasia vascular
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «aneurisma»?
¿Es lo mismo un aneurisma que una disección?
¿Qué diferencia hay entre un aneurisma y un pseudoaneurisma?
¿Son frecuentes los aneurismas?
¿Se dice «el aneurisma» o «la aneurisma»?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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