DICCIONARIO MÉDICO
Latido
El latido es cada una de las contracciones rítmicas del corazón que impulsan la sangre hacia el sistema circulatorio. En condiciones normales, el corazón de un adulto en reposo genera entre 60 y 100 latidos por minuto, gobernados por el sistema de conducción eléctrica intrínseco del músculo cardíaco. Cuando la frecuencia, el origen o la secuencia de los latidos se altera, se habla de arritmia. Desde el punto de vista médico, un latido —también llamado latido cardíaco— es la secuencia completa de contracción y relajación del miocardio que expulsa sangre desde los ventrículos hacia la arteria aorta y la arteria pulmonar. Cada latido constituye un ciclo cardíaco compuesto por dos fases mecánicas: la sístole, en la que el músculo se contrae y eyecta la sangre, y la diástole, en la que se relaja y permite el llenado de las cavidades. El verbo «latir» procede del latín glattīre, que significaba «dar ladridos agudos» —en alusión al gañido breve y entrecortado del perro—. La RAE conserva esa primera acepción cinegética: el latido del perro que sigue la caza. La transferencia al campo médico es tardía, documentada en el español del siglo XVI y XVII, cuando los anatomistas empezaron a describir los golpes perceptibles del corazón contra la pared torácica con ese mismo término. La analogía auditiva resulta bastante intuitiva: al auscultar el tórax con un estetoscopio, lo que se escucha es una percusión rítmica, un golpeteo repetitivo que recuerda al ladrido seco y breve. El corazón no necesita recibir órdenes del cerebro para latir. Posee un sistema eléctrico propio —el sistema de conducción cardíaca— capaz de generar y propagar impulsos rítmicos de forma autónoma. El proceso arranca en el nodo sinusal, un pequeño grupo de células situado en la parte alta de la aurícula derecha que actúa como marcapasos natural del corazón. Estas células se despolarizan de forma espontánea y generan el estímulo eléctrico que desencadena cada latido. Desde el nodo sinusal, la señal se propaga por las aurículas y provoca su contracción, empujando la sangre hacia los ventrículos a través de las válvulas auriculoventriculares. A continuación el impulso alcanza el nodo auriculoventricular, que introduce una pausa fisiológica de unas décimas de segundo —tiempo suficiente para que los ventrículos terminen de llenarse—. Después, la señal desciende por el haz de His y se ramifica en las fibras de Purkinje, que distribuyen el estímulo por toda la masa ventricular y desencadenan la contracción potente que eyecta la sangre fuera del corazón. Todo ese recorrido dura menos de un segundo en condiciones normales. Cuando se ausculta un latido con el fonendoscopio se perciben dos sonidos característicos. El primero, más grave y prolongado, corresponde al cierre de las válvulas auriculoventriculares (mitral y tricúspide) al inicio de la sístole ventricular. El segundo, más breve y agudo, lo producen las válvulas semilunares (aórtica y pulmonar) al cerrarse cuando empieza la diástole. Cualquier ruido adicional o soplo suele indicar que alguna válvula no cierra o no abre con normalidad. Latido sinusal. Es el latido normal, originado en el nodo sinusal y conducido por la vía habitual. Cuando un electrocardiograma muestra ritmo sinusal, cada latido va precedido de una onda P (contracción auricular) seguida de un complejo QRS (contracción ventricular), con intervalos regulares entre sí. Latido ectópico. Es el que se origina fuera del nodo sinusal, en un foco de despolarización autónoma situado en las aurículas, en el nodo auriculoventricular o en los ventrículos. Estos focos, que los cardiólogos llaman marcapasos ectópicos, pueden activarse de forma aislada y ocasional —lo que suele ser benigno— o de forma sostenida, y entonces producen una arritmia que puede requerir valoración. Latido prematuro. También denominado extrasístole, es un latido que aparece antes de lo esperado en la cadencia rítmica normal. Puede originarse en las aurículas (contracción auricular prematura) o en los ventrículos (contracción ventricular prematura). El paciente lo percibe con frecuencia como un «vuelco» o una sensación de que el corazón «se salta un latido», porque tras la contracción prematura se produce una pausa compensadora más larga de lo habitual. Latido de escape. Es, en cierto modo, lo contrario del prematuro: aparece cuando el nodo sinusal falla o se retrasa. Las células marcapaso latentes de niveles inferiores del sistema de conducción —nodo auriculoventricular, haz de His, fibras de Purkinje—, que normalmente están inhibidas por el automatismo más rápido del nodo sinusal, «escapan» y generan un latido de rescate. Se trata de un mecanismo de seguridad del corazón para evitar pausas excesivamente largas. Latido de fusión. Un caso particular que los cardiólogos identifican en el electrocardiograma: el ventrículo recibe simultáneamente dos estímulos, uno procedente de la vía de conducción normal y otro de un foco ectópico. La morfología del complejo QRS resultante es un híbrido entre la de un latido sinusal y la de un latido ectópico puro. El latido de la punta —o choque de la punta, o impulso apical— es la vibración que el ápex del ventrículo izquierdo produce contra la pared torácica durante la sístole. En un adulto con constitución normal, se palpa en el quinto espacio intercostal izquierdo, a unos siete u ocho centímetros del borde del esternón, en la línea medioclavicular. Su localización y sus características (amplitud, duración, si se desplaza lateralmente) aportan al médico información directa sobre el tamaño y la función del ventrículo izquierdo sin necesidad de ningún instrumento. Un latido apical desplazado hacia la axila, por ejemplo, sugiere dilatación ventricular. En el lenguaje corriente «latido» y «pulsación» se usan como sinónimos, y en la mayor parte de las situaciones clínicas la equivalencia es aceptable. Pero, estrictamente, no son lo mismo. El latido es el evento mecánico cardíaco: la contracción del miocardio. La pulsación es la onda de presión que esa contracción genera al propagarse por las arterias y que el clínico palpa en el pulso radial, carotídeo o de cualquier otra arteria accesible. En la inmensa mayoría de las personas ambas cifras coinciden. Pero existen excepciones: ciertas arritmias producen latidos cardíacos que no generan una eyección suficiente como para transmitir una onda de pulso palpable, de modo que la frecuencia de latidos (auscultada con el fonendoscopio) es mayor que la de pulsaciones (palpada en la muñeca). Esa discrepancia se conoce como déficit de pulso. Conviene también no confundir latido con palpitación. La palpitación no es un tipo de latido, sino la percepción subjetiva del propio latido: el paciente nota que el corazón late con fuerza excesiva, con rapidez anormal o de forma irregular. En muchos casos las palpitaciones se producen con un ritmo cardíaco perfectamente normal; en otros, reflejan una arritmia real. De «latir», que a su vez procede del latín glattīre, «dar ladridos agudos». El término se usaba originalmente para el gañido del perro de caza. La aplicación al corazón es posterior: se documenta en español a partir de los siglos XVI-XVII, cuando los anatomistas trasladaron la imagen del golpe rítmico y repetitivo al movimiento del corazón contra el tórax. Si consideramos una frecuencia media de 70 latidos por minuto, el cálculo arroja unos 100.800 latidos diarios. A lo largo de una vida de 80 años, eso supone más de 2.900 millones de contracciones, cada una de las cuales eyecta aproximadamente 70 mililitros de sangre. En la práctica clínica habitual, sí. Pero desde el punto de vista técnico, no: el latido es la contracción del corazón y la pulsación es la onda de presión que esa contracción transmite a las arterias. En determinadas arritmias, no todos los latidos generan una pulsación palpable, y entonces se produce un déficit de pulso. No necesariamente. Notar los latidos del corazón —sobre todo al acostarse de lado izquierdo, después de un esfuerzo o en momentos de ansiedad— es algo habitual y, en la mayoría de los casos, benigno. Solo cuando las palpitaciones son muy frecuentes, se acompañan de mareo o dificultad respiratoria, o el pulso resulta claramente irregular, conviene consultar. Es un latido cuyo impulso eléctrico no nace en el nodo sinusal, sino en otro punto del corazón (aurículas, nodo auriculoventricular o ventrículos). Los latidos ectópicos aislados son muy comunes en personas sanas y rara vez revisten importancia clínica. Cuando son frecuentes o aparecen en rachas, el médico puede solicitar un registro Holter para valorarlos. Si desea profundizar en conceptos asociados al latido cardíaco, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el latido
Cómo se genera el latido: el sistema de conducción
Tipos de latido según su origen y momento
El latido de la punta: la exploración clínica
Diferenciación entre latido y pulsación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «latido»?
¿Cuántos latidos da el corazón al día?
¿Es lo mismo latido que pulsación?
¿Sentir los propios latidos es señal de enfermedad?
¿Qué es un latido ectópico?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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