DICCIONARIO MÉDICO
Arritmia
Una arritmia es cualquier alteración del ritmo cardíaco normal, ya sea en su frecuencia, en su regularidad o en ambas. El corazón puede latir demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular cuando los impulsos eléctricos que coordinan la contracción cardíaca se generan o se propagan de manera anómala. El término procede del griego ἀρρυθμία (arrhythmía), formado por el prefijo privativo ἀ- (a-, sin) y ῥυθμός (rhythmós, cadencia, flujo regulado). En su acepción literal, designa la ausencia de ritmo. La raíz ῥυθμός se vincula con el indoeuropeo *sreu- (fluir), de donde derivan también las palabras ritmo y rima en castellano. La Real Academia Nacional de Medicina distingue, en rigor, entre arritmia (ausencia de ritmo) y disritmia (ritmo alterado), si bien la práctica clínica consolidó el primer término como genérico para todo trastorno del ritmo del corazón. En un corazón sano, cada latido se origina en el nodo sinusal, un grupo de células especializadas situado en la parte alta de la aurícula derecha. Desde allí, el impulso eléctrico recorre las aurículas, alcanza el nodo auriculoventricular (que introduce un breve retardo para permitir el llenado ventricular) y desciende por el haz de His y las fibras de Purkinje hasta activar ambos ventrículos. Esta secuencia genera una frecuencia cardíaca en reposo de entre 60 y 100 latidos por minuto, lo que los clínicos denominan ritmo sinusal normal. Cualquier alteración en algún punto de esa cadena eléctrica constituye, en sentido amplio, una arritmia. Puede fallar la célula que genera el impulso, puede bloquearse la vía de conducción, o puede aparecer un foco eléctrico anómalo que compite con el marcapasos natural. El resultado clínico es variable: desde una irregularidad benigna que pasa inadvertida hasta un trastorno capaz de comprometer la circulación. Para entender por qué el corazón puede perder su cadencia, conviene recordar que cada célula del miocardio posee propiedades eléctricas propias. Las células del nodo sinusal se despolarizan de forma espontánea, es decir, generan su propio estímulo sin necesidad de recibir orden del sistema nervioso (lo que recibe el nombre de automatismo). Esa capacidad no es exclusiva del nodo sinusal: otras regiones del sistema de conducción la comparten, aunque a frecuencias más bajas. Si el nodo sinusal falla o enlentece, un foco subsidiario puede asumir el mando; cuando un foco subsidiario se activa sin que haya fallo previo, el resultado es una activación prematura o fuera de secuencia. Junto al automatismo anómalo, la reentrada constituye el mecanismo más frecuente de las taquiarritmias. Se produce cuando un impulso eléctrico encuentra una vía en la que la conducción es lenta y la recuperación desigual, lo que le permite circular en bucle y reexcitar el tejido ya recuperado. El fenómeno requiere un circuito anatómico o funcional con propiedades de conducción y de refractariedad distintas en sus dos brazos. La fibrilación auricular, por ejemplo, se sostiene en buena parte gracias a múltiples circuitos de reentrada simultáneos dentro de las aurículas. Existe un tercer mecanismo, la actividad desencadenada, menos intuitivo que los anteriores. Consiste en oscilaciones del potencial de membrana que surgen tras una despolarización normal (o incluso antes de que esta concluya) y que pueden alcanzar el umbral necesario para disparar un latido extra. Fármacos que prolongan el intervalo QT del electrocardiograma son capaces de facilitar estas oscilaciones, razón por la que ciertos medicamentos obligan a vigilar el trazado eléctrico del paciente. Las arritmias admiten varias clasificaciones superpuestas. La más inmediata atiende a la frecuencia cardíaca resultante. Las bradiarritmias cursan con una frecuencia inferior a 60 latidos por minuto; las taquiarritmias, con una frecuencia superior a 100. Según el lugar de origen, se distingue entre supraventriculares (nacen por encima del haz de His, es decir, en las aurículas o en el nodo auriculoventricular) y ventriculares (se originan en los ventrículos). Las ventriculares tienden a revestir mayor gravedad porque pueden comprometer el bombeo de sangre de forma abrupta. No siempre es así, sin embargo: una extrasístole ventricular aislada en un corazón sano carece de relevancia clínica, mientras que una fibrilación auricular mantenida puede provocar un ictus. También resulta útil clasificarlas por su duración. Las arritmias paroxísticas aparecen y desaparecen de forma espontánea; las persistentes se mantienen hasta que una intervención las revierte; las permanentes se aceptan como crónicas cuando los intentos de restaurar el ritmo sinusal han fracasado o se han descartado. Del griego ἀρρυθμία, compuesto por el prefijo privativo ἀ- (sin) y ῥυθμός (cadencia, flujo regulado). Su significado literal es "ausencia de ritmo". El término pasó al latín tardío como arrythmĭa y de ahí al castellano. La RANM señala que, con propiedad, habría que llamar disritmia al ritmo alterado y reservar arritmia para la ausencia total, pero el uso clínico generalizó arritmia para ambas situaciones. No. Muchas arritmias son benignas y no requieren más que observación. Las extrasístoles aisladas, tanto auriculares como ventriculares, aparecen en personas sanas con frecuencia y rara vez precisan más actuación que tranquilizar al paciente. La arritmia sinusal respiratoria, habitual en niños y jóvenes, se considera una variante fisiológica del ritmo normal. Lo que determina la gravedad es la combinación del tipo de arritmia, la frecuencia a la que somete al corazón y la existencia o no de una enfermedad cardíaca subyacente. Estrictamente, no. La taquicardia es un tipo concreto de arritmia en el que la frecuencia cardíaca supera los 100 latidos por minuto en reposo. Pero el término arritmia abarca también las bradicardias (frecuencia inferior a 60 latidos por minuto) y los ritmos irregulares sin aceleración ni enlentecimiento claros. Toda taquicardia patológica es una arritmia, pero no toda arritmia es una taquicardia. Sí, ocurre con frecuencia. En España se estima que más de un millón de personas mayores de 40 años padecen fibrilación auricular, la arritmia sostenida más prevalente, y que al menos un 10 % de ellas lo desconoce. Muchas arritmias cursan sin que el paciente perciba nada anómalo y se descubren de forma casual durante un electrocardiograma de rutina o un reconocimiento deportivo. Consulte también la información clínica completa sobre las arritmias cardíacas Si busca información detallada sobre tipos, diagnóstico o abordaje de las arritmias, puede consultar la ficha completa de arritmias cardíacas elaborada por la Unidad de Arritmias de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la arritmia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una arritmia
El impulso eléctrico y sus posibles fallos
Clasificación general
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra arritmia?
¿Una arritmia es siempre peligrosa?
¿Es lo mismo arritmia que taquicardia?
¿Puede una persona tener una arritmia y no saberlo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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