DICCIONARIO MÉDICO
Bradicardia
Bradicardia significa, literalmente, "corazón lento". En medicina se aplica cuando la frecuencia cardíaca en reposo se sitúa por debajo de 60 latidos por minuto. Esa cifra, sin embargo, no es por sí sola sinónimo de enfermedad: un corazón que late despacio puede estar perfectamente sano o estar reflejando un problema eléctrico que conviene estudiar. El término procede de dos raíces griegas: βραδύς (bradýs, "lento") y καρδία (kardía, "corazón"). Aparece en los textos médicos desde finales del siglo XIX, cuando los clínicos empezaron a contar las pulsaciones con precisión gracias al esfigmógrafo, un instrumento que registraba gráficamente la onda del pulso arterial. Antes de esa tecnología, la frontera entre "pulso lento" y "pulso normal" era cuestión de impresión clínica más que de medida objetiva. Hoy se acepta convencionalmente el umbral de 60 latidos por minuto en adultos en reposo, aunque el número tiene algo de arbitrario. Estudios epidemiológicos amplios han mostrado que una proporción no despreciable de personas sanas, sin cardiopatía conocida, mantiene frecuencias de 50 a 59 pulsaciones sin que eso repercuta en su salud. El umbral sirve como referencia, no como frontera rígida. En personas que practican ejercicio aeróbico de forma sostenida durante años (ciclismo de fondo, natación de larga distancia, carreras de resistencia), el corazón sufre un remodelado adaptativo. Las cavidades cardíacas se dilatan, las paredes ganan grosor y cada contracción expulsa un volumen de sangre mayor. El organismo, en consecuencia, puede mantener un gasto cardíaco adecuado con menos latidos por minuto. Frecuencias de 40 a 50 pulsaciones en reposo son habituales en ciclistas profesionales. Se han documentado valores aún más bajos durante el sueño profundo. Esa bradicardia no requiere estudio alguno mientras el deportista esté asintomático, y desaparece gradualmente si abandona el entrenamiento. El nervio vago, la principal rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, ejerce un freno constante sobre el nodo sinusal. Cuando el tono vagal aumenta (algo que ocurre, por ejemplo, al realizar una maniobra de Valsalva o durante un episodio vasovagal), la frecuencia cardíaca puede descender de forma brusca. Hay personas jóvenes con un tono vagal constitutivamente alto que mantienen frecuencias basales de 50 o menos sin ninguna patología de base. La bradicardia de origen vagal tiende a corregirse con el ejercicio: basta con que el paciente suba un tramo de escaleras para que la frecuencia aumente de forma apropiada, lo que la distingue de las bradicardias en las que el nodo sinusal está intrínsecamente dañado y no responde al esfuerzo. Esa respuesta cronotrópica al ejercicio es uno de los datos que el cardiólogo valora para separar lo benigno de lo patológico. Cuando una bradicardia es consecuencia de un trastorno eléctrico del corazón, deja de ser un simple dato numérico y pasa a formar parte del concepto más amplio de bradiarritmia, que engloba las alteraciones del ritmo con frecuencia lenta. La disfunción del nodo sinusal, los bloqueos auriculoventriculares y ciertas formas de bloqueo de rama son escenarios en los que una bradicardia refleja un problema real en el sistema de conducción. También puede aparecer como efecto secundario de sustancias que actúan sobre el nodo sinusal o el nodo auriculoventricular. Algunas de ellas ralentizan la frecuencia de forma intencionada; otras lo hacen como consecuencia no deseada. En ambos casos, el dato de interés no es tanto la cifra aislada sino si el paciente tolera esa frecuencia o si muestra signos de bajo gasto. No. Bradicardia es una observación: el corazón late por debajo de 60 veces por minuto. Bradiarritmia es una categoría diagnóstica que implica un trastorno eléctrico concreto responsable de esa lentitud. La primera puede ser completamente normal; la segunda nunca lo es, aunque su gravedad varía mucho de un caso a otro. No existe un número mágico. Un deportista con 42 pulsaciones en reposo puede estar en perfecto estado de salud. Lo que preocupa al cardiólogo no es la cifra por sí sola, sino el contexto: si la persona refiere mareos, si ha sufrido algún desvanecimiento, si la frecuencia no sube al caminar o si existe una enfermedad cardíaca de base. Una bradicardia de 55 con alguno de esos datos merece más atención que una de 38 en un corredor de ultramaratones. Del griego βραδύς, "lento", y καρδία, "corazón". Empezó a usarse a finales del siglo XIX, cuando los instrumentos de registro del pulso permitieron medir la frecuencia con precisión suficiente como para establecer rangos numéricos de normalidad. En general, no. Mientras la frecuencia suba de forma apropiada con el ejercicio y la persona no tenga molestias, se trata de una adaptación beneficiosa. Casos infrecuentes en los que el remodelado cardíaco del atleta coexiste con una arritmia hereditaria sí pueden requerir estudio, pero representan una minoría que los cardiólogos deportivos conocen bien. Consulte también la información clínica completa sobre las arritmias cardíacas Si busca información sobre síntomas, tipos y opciones terapéuticas de las arritmias, puede consultar la ficha completa de arritmias cardíacas elaborada por el Departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la bradicardia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué quiere decir bradicardia
Bradicardia fisiológica: el corazón del deportista
El tono vagal y su influencia sobre la frecuencia
Cuándo la cifra importa
Preguntas frecuentes
¿Bradicardia y bradiarritmia significan lo mismo?
¿A partir de qué cifra debería preocuparme?
¿De dónde viene la palabra?
¿La bradicardia del deportista puede ser peligrosa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026