DICCIONARIO MÉDICO
Fluidoterapia
La fluidoterapia es la administración controlada de líquidos —agua, electrólitos y, en algunos casos, sustancias de mayor peso molecular— para reponer o mantener el volumen y la composición de los líquidos del organismo. Se aplica casi siempre por vía intravenosa y figura entre las actuaciones más frecuentes del hospital. Las soluciones que se emplean se agrupan en dos grandes familias: los cristaloides y los coloides. La fluidoterapia es la técnica terapéutica que consiste en introducir en el organismo soluciones de agua y electrólitos —y a veces otras sustancias— con el fin de corregir o prevenir alteraciones del equilibrio de los líquidos corporales. No es un fármaco ni una enfermedad: es un procedimiento de soporte, una medida que acompaña al manejo de cuadros muy distintos, desde una deshidratación leve hasta el shock. La mayoría de las veces se administra por vena, gota a gota, aunque no es la única manera. El nombre une dos elementos de origen distinto. «Fluido» procede del latín fluidus, 'que fluye', adjetivo formado sobre el verbo fluere, 'manar, correr'; designa aquello que carece de forma propia y se adapta al recipiente. «Terapia» viene del griego θεραπεία (therapeía), 'cuidado, atención, tratamiento', de θεραπεύω (therapeúō), 'cuidar, servir'. Es un híbrido grecolatino, una de esas palabras que la medicina moderna formó uniendo una raíz latina a una terminación griega muy fértil —la misma de hidroterapia, quimioterapia o fisioterapia—. No es voz clásica: nació con la práctica de administrar líquidos por vena, ya en época contemporánea. Literalmente, tratar con líquidos. Entender la fluidoterapia obliga a una idea previa: dónde está el agua del cuerpo. Algo más de la mitad del peso de un adulto es agua, repartida en dos grandes compartimentos. El líquido intracelular ocupa el interior de las células y representa la mayor parte. El resto constituye el líquido extracelular, que a su vez se reparte entre el plasma, dentro de los vasos, y el líquido que baña los tejidos. Cuando se infunde una solución por vena, esta no se queda quieta: se distribuye entre esos compartimentos según su composición. Una solución salina isotónica y una solución glucosada, infundidas por la misma vía, acaban en sitios distintos. En la práctica, la fluidoterapia persigue tres objetivos que conviene no mezclar. El primero es la reposición: devolver al organismo un volumen perdido de forma aguda, como sucede en una hemorragia, en vómitos intensos o en una deshidratación grave. Distinto es el mantenimiento, que cubre las necesidades diarias de agua y electrólitos del paciente que, por el motivo que sea, no puede beber. Y queda un tercer uso, la corrección de trastornos concretos del equilibrio hidroelectrolítico o del pH. Hay algo que a veces se olvida: administrar líquidos no es inocuo, y pautarlos de más tiene consecuencias tan reales como quedarse corto. La vía intravenosa es, con diferencia, la más habitual: lleva la solución de inmediato al torrente sanguíneo y permite controlar el ritmo de infusión con precisión. Por eso, cuando se habla de fluidoterapia sin más matices, suele sobreentenderse que es intravenosa, una forma de administración parenteral, es decir, ajena al tubo digestivo. No es la única. En algunos pacientes, sobre todo personas mayores con accesos venosos difíciles, los líquidos pueden infundirse bajo la piel, por vía subcutánea. Y la reposición por boca, cuando el enfermo tolera y la situación lo permite, pertenece más al terreno de la rehidratación oral que al de la fluidoterapia en sentido estricto. Las soluciones de fluidoterapia se clasifican de dos maneras complementarias. La primera atiende a su naturaleza física. Los cristaloides son disoluciones de agua con sales y, a veces, azúcares; sus partículas atraviesan con facilidad la pared de los capilares y se reparten por el espacio extracelular. Los coloides, en cambio, contienen moléculas grandes que tienden a quedarse dentro del vaso y elevan la presión oncótica, motivo por el que se han empleado como expansores del plasma. Dentro del diccionario, las dos categorías de uso clínico tienen entrada propia: solución cristaloide y solución coloide. La segunda clasificación se fija en la concentración de partículas respecto al plasma, lo que se llama tonicidad. Una solución isotónica tiene una concentración semejante a la de la sangre; una hipertónica, mayor, y una hipotónica, menor. Esa diferencia decide hacia dónde se desplaza el agua una vez infundida, y por eso la tonicidad pesa tanto a la hora de elegir una u otra. Entre los cristaloides, el más conocido es el suero fisiológico, la solución de cloruro de sodio al 0,9 %; muy cerca queda la solución salina, denominación que abarca toda la familia de concentraciones de sal. La solución de Ringer y su variante con lactato, la solución de Hartmann, añaden otros electrólitos al cloruro de sodio. Cuando lo que se busca es aportar agua y glucosa, se recurre al suero glucosado; y si se combinan sal y glucosa, al suero glucosalino. En el grupo de los coloides están los expansores del plasma. Cada una de estas soluciones tiene entrada propia en el diccionario, con su composición y sus usos. Conviene separar la fluidoterapia de varios términos con los que se confunde. No es lo mismo que la rehidratación oral, que repone líquidos por boca con soluciones preparadas y se reserva para pérdidas leves o moderadas; la fluidoterapia, en sentido estricto, va por vena. Tampoco coincide con la nutrición parenteral, cuyo objetivo no es solo el agua y la sal, sino aportar calorías, aminoácidos y otros nutrientes a quien no puede alimentarse por el aparato digestivo. Y nada tiene que ver con la llamada «sueroterapia» estética o vitaminada que algunos centros ofrecen como práctica de bienestar: comparten el goteo y poco más. La transfusión de sangre y de hemoderivados es otro capítulo, porque la sangre transporta oxígeno y los sueros no. De la suma de dos raíces de procedencia distinta. «Fluido» es latín —fluidus, 'que fluye'— y «terapia» es griego —θεραπεία, 'cuidado, tratamiento'—, de modo que la palabra significa literalmente tratar con líquidos. Es un término moderno: no lo usaban ni griegos ni romanos, sino que se acuñó cuando la medicina empezó a administrar soluciones por vena de manera reglada. Depende de a qué sueroterapia se refiera. En el lenguaje clínico, ambos términos se usan casi como sinónimos para la administración de sueros por vena. El matiz es que «sueroterapia» se ha popularizado también para los goteos de vitaminas con fines estéticos o de supuesto bienestar, que son otra cosa. La fluidoterapia, tal como se entiende en el hospital, es una medida de soporte con una razón médica detrás. No siempre, aunque es lo más frecuente. También puede darse por vía subcutánea y, en situaciones leves, reponerse por boca. Está en el tamaño de las partículas. Los cristaloides llevan sales y azúcares disueltos, de molécula pequeña, que salen pronto del vaso sanguíneo hacia los tejidos; los coloides incorporan moléculas grandes —como la albúmina o ciertos almidones— que permanecen más tiempo en la circulación. De ahí que a los coloides se les llame expansores del plasma. En el día a día, los cristaloides son la base de casi toda la fluidoterapia. Si desea profundizar en conceptos asociados a la fluidoterapia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la fluidoterapia
Los líquidos del organismo y el fundamento de la fluidoterapia
Para qué se utiliza
Vías de administración
Tipos de soluciones: cristaloides y coloides
Diferenciación con conceptos próximos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra fluidoterapia?
¿Es lo mismo fluidoterapia que sueroterapia?
¿Se administra siempre por vena?
¿Qué diferencia hay entre un cristaloide y un coloide?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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