DICCIONARIO MÉDICO

Electrólito

Un electrólito es una sustancia que, al disolverse en agua o en los líquidos del organismo, se disocia en partículas con carga eléctrica llamadas iones. Los principales electrólitos del cuerpo humano son el sodio, el potasio, el calcio, el magnesio, el cloruro, el fosfato y el bicarbonato.

Qué es un electrólito

En sentido estricto, un electrólito es cualquier compuesto que, al entrar en solución acuosa, se separa en iones capaces de conducir una corriente eléctrica. Esa separación recibe el nombre de disociación iónica. El término procede del inglés electrolyte, acuñado a mediados del siglo XIX a partir de los elementos griegos ἤλεκτρον (ēlektron, "ámbar", por su asociación con la electricidad estática) y λυτός (lytós, "soluble", del verbo λύω, "disolver"). La Real Academia Española registra la doble acentuación: electrolito (llana) y electrólito (esdrújula), ambas correctas.

Fue Michael Faraday quien, en 1834, introdujo la mayor parte del vocabulario electroquímico que sigue vigente: electrodo, ánodo, cátodo, anión, catión y el propio concepto de electrólito. Lo hizo con la ayuda del filólogo William Whewell, de Cambridge, que le proporcionó las raíces griegas. El dato tiene un interés particular: Faraday carecía de formación universitaria formal y buscó activamente a un lingüista para que la nomenclatura fuese precisa.

Función de los electrólitos en el organismo

En el cuerpo humano, los electrólitos se encuentran disueltos en la sangre, la orina, el líquido intersticial y el interior de las células. No se distribuyen de manera uniforme: el sodio y el cloruro predominan en el medio extracelular, mientras que el potasio y el fosfato se concentran dentro de las células. Esa distribución asimétrica no es accidental, sino que la mantiene activamente una bomba enzimática de membrana (la Na⁺/K⁺-ATPasa) que consume energía con cada ciclo.

Sus funciones son variadas. Regulan el volumen de los compartimentos hídricos: donde se acumula sodio, el agua le sigue por ósmosis. Intervienen en la transmisión de impulsos nerviosos y en la contracción muscular, incluido el miocardio. También participan en el mantenimiento del pH sanguíneo, que el organismo necesita conservar dentro de un margen muy estrecho (entre 7,35 y 7,45 en sangre arterial).

Los electrólitos llegan al cuerpo a través de los alimentos y las bebidas. El riñón se encarga de ajustar su excreción para que las concentraciones plasmáticas se mantengan estables. Cuando ese equilibrio se rompe (por deshidratación, vómitos prolongados, insuficiencia renal u otras causas), aparecen los llamados trastornos electrolíticos, cuyas manifestaciones van desde calambres musculares leves hasta arritmias cardíacas potencialmente graves.

Electrólitos fuertes y débiles

No todos los electrólitos se disocian con la misma facilidad. Los electrólitos fuertes se separan por completo en iones cuando entran en solución: el cloruro de sodio, por ejemplo, libera la totalidad de sus iones Na⁺ y Cl⁻. Los electrólitos débiles solo se disocian parcialmente, de modo que en la solución coexisten moléculas intactas con iones libres; el ácido carbónico es un caso habitual en fisiología.

Esa distinción tiene consecuencias clínicas. La conductividad de una solución y su capacidad para generar corrientes iónicas dependen del grado de disociación. Una solución de electrólitos fuertes conduce mejor que otra de electrólitos débiles a igual concentración. El concepto se utiliza también fuera del organismo: en la electrólisis industrial o médica, el electrólito es la sustancia que se descompone al paso de la corriente, y su grado de disociación condiciona la eficiencia del proceso.

Medición clínica de los electrólitos

La determinación de electrólitos en sangre se realiza habitualmente mediante el llamado ionograma o panel de electrólitos, que mide las concentraciones de sodio, potasio, cloruro y bicarbonato en suero. Los equipos de laboratorio utilizan electrodos selectivos de iones, una tecnología que, por cierto, desciende directamente de los principios que Faraday formuló en la década de 1830.

Los valores de referencia varían ligeramente según el laboratorio, pero las cifras orientativas para un adulto sano son: sodio, 135-145 mEq/L; potasio, 3,5-5,0 mEq/L; cloruro, 98-106 mEq/L; bicarbonato, 22-30 mEq/L. Cuando se detecta una alteración, el médico puede solicitar pruebas complementarias (gasometría arterial, función renal, determinación urinaria de electrólitos) para identificar el origen del desequilibrio.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra electrólito?

Del inglés electrolyte, formado con las raíces griegas ἤλεκτρον ("ámbar", asociado a la electricidad) y λυτός ("soluble"). Faraday y el filólogo Whewell lo acuñaron en 1834 para nombrar a la sustancia que se descompone al paso de la corriente eléctrica. En español conviven las formas electrolito (llana) y electrólito (esdrújula).

¿Es lo mismo un electrólito que un ion?

No. Un electrólito es la sustancia completa (por ejemplo, el cloruro de sodio); los iones son las partículas con carga que resultan de su disociación (Na⁺ y Cl⁻ en este caso). Un electrólito genera iones, pero no es un ion en sí mismo. En la práctica clínica, sin embargo, es frecuente que ambos términos se usen de forma intercambiable, sobre todo cuando se habla de "reponer electrólitos" (en rigor se reponen los iones que estos liberan).

¿Cuáles son los principales electrólitos del cuerpo humano?

Sodio, potasio, calcio, magnesio, cloruro, fosfato y bicarbonato. Cada uno desempeña funciones distintas: el sodio regula el volumen extracelular, el potasio es clave para la excitabilidad muscular y cardíaca, el calcio participa en la contracción muscular y la coagulación, y el bicarbonato actúa como tampón del pH sanguíneo.

¿Por qué es importante medir los electrólitos en sangre?

Porque un desequilibrio puede producir consecuencias graves. Una hipopotasemia (potasio bajo) favorece arritmias; una hiponatremia (sodio bajo) puede causar edema cerebral. El ionograma permite detectar estos trastornos antes de que se manifiesten con toda su gravedad, y orienta al médico sobre la causa (renal, digestiva, hormonal) para ajustar la reposición.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Electrólitos. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Equilibrio hidroelectrolítico. MedlinePlus en español.
  3. Real Academia Española. Electrolito. Diccionario de la lengua española.
  4. Instituto Nacional del Cáncer. Definición de electrólito. Diccionario de cáncer del NCI.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a los electrólitos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Ion: partícula con carga eléctrica resultante de la ganancia o pérdida de electrones por un átomo o molécula.
  • Anión: ion con carga negativa que migra hacia el ánodo durante la electrólisis.
  • Catión: ion con carga positiva que se desplaza hacia el cátodo.
  • Electrólisis: descomposición de un electrólito por el paso de corriente eléctrica continua.
  • Electroforesis: técnica de separación de moléculas en un campo eléctrico basada en su carga y tamaño.
  • Sodio: catión extracelular predominante, regulador del volumen hídrico del organismo.
  • Potasio: catión intracelular principal, con papel destacado en la excitabilidad neuromuscular.

La información proporcionada en este Diccionario Médico de la Clínica Universidad de Navarra tiene como objetivo principal ofrecer un contexto y entendimiento general sobre términos médicos y no debe ser utilizada como fuente única para tomar decisiones relacionadas con la salud. Esta información es meramente informativa y no sustituye en ningún caso el consejo, diagnóstico, tratamiento o recomendaciones de profesionales de la salud. Siempre es esencial consultar a un médico o especialista para tratar cualquier condición o síntoma médico. La Clínica Universidad de Navarra no se responsabiliza por el uso inapropiado o la interpretación de la información contenida en este diccionario.
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