DICCIONARIO MÉDICO
Conducto
Un conducto es una estructura anatómica tubular, de luz relativamente estrecha, destinada a transportar secreciones glandulares, excreciones orgánicas o a servir de pasaje para vasos sanguíneos y nervios. El término abarca desde los diminutos canalículos que recorren la matriz ósea hasta grandes vías como el conducto torácico del sistema linfático. En el vocabulario médico, la palabra conducto designa cualquier estructura con forma de tubo o canal cuya pared está revestida por células epiteliales y encierra una luz por la que circula un contenido. La Real Academia Nacional de Medicina lo define con el equivalente latino ductus y acepta canal como sinónimo parcial. No todas las estructuras tubulares del cuerpo reciben indistintamente ambos nombres: la tradición anatómica española reserva "conducto" para las vías de trayecto cerrado, mientras que "canal" suele aplicarse a surcos óseos o a formaciones cuyas paredes no envuelven completamente la luz (el canal inguinal, por ejemplo, es un intersticio entre planos musculoaponeuróticos más que un tubo propiamente dicho). La voz procede del latín medieval conductus, derivado de con- (unión, contacto) y ducere (conducir, llevar), con el sufijo -tus propio de los nombres de acción. En latín clásico, conductum no tenía significado anatómico; fue el francés conduit el primero en aplicarlo a estructuras del cuerpo, ya en el siglo XIII. Al español llegó en su acepción anatómica a mediados del siglo XVI. Las glándulas exocrinas presentan la arquitectura ductal más elaborada del organismo. El producto de secreción se forma en unidades secretoras (acinos o alvéolos) y sale a la superficie epitelial a través de un sistema ramificado de conductos cuyo calibre y complejidad histológica aumentan de manera progresiva. La secuencia habitual comprende conductos intercalares, conductos estriados (cuyas células poseen pliegues basales cargados de mitocondrias, especializados en el transporte iónico), conductos intralobulillares, interlobulillares y, finalmente, un conducto excretor principal que desemboca en la cavidad diana. Este diseño no se limita a transportar: cada tramo modifica activamente la composición del fluido. En las glándulas salivales, los conductos estriados reabsorben sodio y cloro mientras secretan potasio y bicarbonato, de modo que la saliva que alcanza la boca resulta hipotónica en comparación con el plasma. El conducto pancreático, en cambio, aporta un volumen considerable de bicarbonato que neutraliza la acidez gástrica del quimo antes de que las enzimas digestivas entren en acción. La vía biliar ilustra bien la complejidad que puede alcanzar un sistema ductal. Dentro del parénquima hepático, los canalículos biliares recogen la bilis producida por los hepatocitos y la vierten en los conductos de Hering, estructuras de transición revestidas en parte por hepatocitos y en parte por colangiocitos. A partir de ahí, la bilis fluye por conductos de calibre creciente hasta los conductos hepáticos derecho e izquierdo, que confluyen en el conducto hepático común. La unión de este con el conducto cístico forma el colédoco, que desemboca en el duodeno junto al conducto pancreático a nivel de la ampolla de Vater. Fuera del aparato glandular, el término conducto se aplica a estructuras muy diversas. El conducto arterioso es un vaso fetal que conecta la arteria pulmonar con la aorta y debe obliterarse tras el nacimiento. El conducto vertebral (o raquídeo) aloja la médula espinal. En la embriología del aparato urogenital, el conducto mesonéfrico y el conducto paramesonéfrico originan estructuras reproductoras distintas en cada sexo. A escala microscópica, los conductos calcóforos son canalículos finísimos que atraviesan la matriz mineralizada del hueso y conectan los osteocitos entre sí, mientras que los conductos de Havers alojan los vasos que nutren cada osteona. El vocabulario anatómico español no siempre coincide con el inglés: lo que en español se llama conducto auditivo externo, en la nomenclatura anatómica internacional figura como meatus acusticus externus. Del latín medieval conductus, formado por con- (unión) y ducere (llevar). El latín clásico no usaba el término en sentido anatómico. Fue el francés conduit el que introdujo la acepción corporal en el siglo XIII, y el español la adoptó hacia mediados del XVI. No exactamente. En la anatomía española, conducto suele referirse a una estructura tubular con paredes que cierran por completo la luz. Canal, en cambio, se usa con frecuencia para surcos óseos o formaciones abiertas parcialmente (como el canal inguinal). Hay excepciones: el canal de Havers y el conducto de Havers se emplean como sinónimos en muchos textos de histología. No. Por los conductos pueden circular secreciones (saliva, bilis, jugo pancreático), aire (conductos alveolares del pulmón), linfa (conducto torácico), células germinales (conducto deferente) o incluso vasos y nervios, como ocurre en el conducto de Havers del tejido óseo y en el conducto auditivo interno, por el que discurren los nervios facial y vestibulococlear. No existe una cifra cerrada. Solo el sistema ductal de las glándulas exocrinas incluye conductos intercalares, estriados, interlobulillares y excretores principales. A ellos se suman conductos óseos, conductos vasculares fetales, conductos del aparato reproductor, conductos auditivos y muchos otros. El diccionario recoge más de veinticinco acepciones anatómicas específicas del término. Si desea profundizar en los distintos tipos de conductos del organismo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un conducto en anatomía
Organización del sistema ductal en las glándulas exocrinas
Conductos biliares y la vía hepatopancreática
Conductos en otros sistemas del organismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra conducto?
¿Es lo mismo un conducto que un canal?
¿Los conductos solo transportan líquidos?
¿Cuántos tipos de conductos hay en el cuerpo humano?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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